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Pickford desvía el lanzamiento de Carlos Bacca en el quinto penalti colombiano. CORDON PRESS

Mundial Rusia 2018

Don’t take me home

Eso cantaban los aficionados ingleses en las gradas de la lejana Rusia. «Don’t take me home».

La sensación en la Inglaterra futbolera es que esta ocasión es la buena. Lo siguen pensando después de sufrir. Razones internas y externas invitan a hacerlo. De puertas a dentro la institución aparece consolidada. Todo es calma y tranquilidad. Dicen haber aprendido de los errores del pasado. Harry Kane dice haber dejado de leer prensa deportiva porque eso le provocó muchos problemas en la pasada Eurocopa. Los jugadores tienen ahora la consigna de abrazarse durante la interpretación del himno nacional y lo hacen. Eliminan así las suspicacias de otros años y muestran sensación de unidad. Nada de corrillos entre jugadores del mismo equipo. Hay que ser optimistas, dicen desde dentro. Sin deslumbrar a nadie, la realidad parece darle la razón. Inglaterra está en el lado «sencillo» del cuadro, justo en el momento en que el Mundial se ha abierto a selecciones que a priori no estaban invitadas a conseguirlo. La oportunidad está ahí, desde luego, y es lícita. Hay que ir a por ella en lugar de esperar a que ella venga, dicen. Que no termine el «carnaval», dicen. Veremos.

Southgate decidió sacar al equipo de gala. Ese que a estas alturas de Mundial se sabe ya de memoria cualquier aficionado inglés. Recuperado Dele Alli para la causa, no había razones para no confiar en que los Three Lions no pudieran desplegar su juego. El problema es que enfrente tenían un equipo más serio que los últimos con los que habían jugado (si exceptuamos ese simulacro que los reservas disputaron contra Bélgica). Se encontraron con una Colombia mermada de forma significativa por la ausencia de James Rodríguez, pero suficientemente compacta.

Se resentía la capacidad creativa del equipo cafetero con la ausencia del mediapunta pero, quizá por eso, los americanos decidieron encarar el partido con algo más de prudencia. Con un medio campo que a priori parecía más cargado de contención que de creatividad. Algo que sin duda ayudó a contener a los británicos, pero que afectó a ese último pase que hace que el fútbol sea otra cosa.

El partido comenzó a una velocidad preciosa para el espectador pero desesperante para los entrenadores. Inglaterra intentaba presionar arriba y jugar rápido. Colombia buscaba más el contrataque. Ninguno conseguía nada. Pasados los primeros minutos el partido se asentó en cuanto se acabaron los errores que habían agitado el juego. Los colombianos cerraron líneas y los ingleses se vieron incapaces de activar esos jugadores de enganche, que son los que dan la personalidad a su fútbol. El ritmo seguía siendo alto pero no había ocasiones. Quitando el juego a balón parado, siempre peligroso si hablamos de Inglaterra, la mejor ocasión vino al cuarto de hora, cuando Trippier, de los mejores, rompió por la banda derecha sorprendiendo y colgando un buen balón al segundo palo que remató Kane por encima del larguero. Poco más.

Colombia consiguió soltarse algo más con el balón acabando el primer tiempo. Nada espectacular, pero pudo al menos enlazar varias fases de juego de toque. La sensación al descanso era de un partido igualado, muy cerrado y con pocas ocasiones.

La segunda parte comenzó aparentemente igual. Quizá con algo más de problemas en Inglaterra a la hora de sacar el balón. Incapaces de construir juego, los de Southgate decidieron apostar por el balón parado y les funcionó. Tras un par de faltas colgadas, un forcejeo en el área acabó en penalti. Para mí es muy dudoso. Si vamos a un mundo en el que eso es penalti me temo que los saques de esquina tendrán que evolucionar a otra cosa. Kane anotó la pena máxima con la misma solvencia de siempre y eso activó el modo más especulativo del conjunto británico.

El gol enfadó mucho a los colombianos que por momentos se fueron del partido, más preocupados por protestar que por otra cosa. Esa macedonia de faltas, faltitas, tarjetas y poco juego, favorecía claramente a una Inglaterra que jugaba a favor de obra.

Pekerman puso a Bacca en el campo para estirar el equipo pero no tuvo efecto inmediato. Había mucha precipitación y poca precisión arriba. Se echaba de menos a James. Más que nunca. A falta de un cuarto de hora, Colombia se fue definitivamente arriba y el partido se rompió. Ahí vino la mejor ocasión de los cafeteros cuando Walker falló sacando el balón, se lo robó Bacca y Cuadrado lo lanzó a las nubes cuando encaraba al portero.

El partido seguía siendo inglés, pero sólo porque el marcador así lo decía. Kane, el más listo de los suyos, salía de zona, tapaba el balón y normalmente sacaba una falta. Eso rompía el ritmo y les daba oxígeno. Colombia tiraba balones a Falcao pero no conseguían una ocasión clara.

Servidor abría ya el ordenador para escribir la crónica cuando vi a Pickford volando con el tiempo ya cumplido. Córner. Era el primero de Colombia. Pasaban tres minutos del tiempo reglamentario. Sí, ocurrió lo que están pensando. Entró Yerri Mina con toda la fuerza que le quedaba y metió el balón en la portería para cambiar mi crónica y el partido. Prórroga.

Mientras los colombianos se crecían sacando fuerzas de algún sitio desconocido, los ingleses parecían tocados en el tiempo suplementario. Suele ocurrirle al equipo que ya se ve ganador. La primera parte de la prolongación fue claramente colombiana pero los ingleses tiraron de orgullo al inicio de la segunda. El cansancio igualó las sensaciones de unos y de otros. Rose, que había salido de refresco, tuvo el gol en sus botas entrando por la izquierda. Confirmaba así que los británicos habían dado la vuelta e ese premio inútil que gana el que mejor está sobre el campo. No fue suficiente.

Los fantasmas de las navidades pasadas existen y aparecen cuando menos te lo esperas. Inglaterra no ganaba una eliminatoria desde 2006 y ese es un legado con el que psicológicamente no es fácil lidiar. De eso, de cargas psicológicas, sabe mucho un Southgate que en 1996 falló el penalti que eliminaba a su selección en semifinales contra nada menos que Alemania. Con ese panorama en la cabeza, Inglaterra y Colombia se jugaban el pase a los penaltis.

Siempre hay un día para romper los maleficios y hoy era el día de Inglaterra. Metió más penaltis y eso les lleva a cuartos de final. Allí espera Suecia.

«Don’t take me home» siguen cantando desde la grada. «Don’t take me home».

Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.

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