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Los Wildcats celebran el titulo. / Cordón Press

Baloncesto

Divincenzo lanza a Villanova hacia su 2ª título en tres años

En el mejor partido en la vida del blanquito ‘sophomore’ pelirrojo de Delaware los Wildcats desbordaron por 62-79 a los Wolverines de Michigan.

El cuarto Championship Game de la NCAA que vivía la caverna del Alamodome, en San Antonio (con un total cercano a las 70.000 personas agrupadas en la masa de su caldero), concluyó con el segundo título de los Wildcats de Villanova desde 2016 y tercero en la historia del college de Radnor Township (primero, en 1985, ante Georgetown y Patrick Ewing). En el mejor partido en la vida de Donte DiVincenzo, The Big Ragú, el blanquito sophomore pelirrojo de Delaware (Blake Griffin tuiteó… «DiVincenzo nos aguanta el terreno a los pelirrojos»), Villanova desbordó por 62-79 a los Wolverines de Michigan, que firmaban acta como «equipo local» en esta nueva finalísima del Alamodome. Con su nueva plusmarca de 31 puntos, DiVincenzo fue nombrado Jugador Más Valioso, aquí, «Jugador Más Sobresaliente». En NCAA no hay MVP, se trata del MOP, Most Outstanding Player. Tras esta explosión, sólo el propio DiVincenzo puede saber ahora si replanteará su entrada en el Draft NBA. Así va la vida, así es la NCAA.

Jay Wright, entrenador de Villanova, sólo es el número 24 en la lista de sueldos de técnicos de la NCAA (John Beilein, de Michigan, es noveno, con Krzyzewski, Coach K de líder)… pero el método de Wright ha funcionado para hacer campeones a los Wildcats de Nova… dos veces en tres años: y esto ya empieza a ser mucho. Tras diez minutos de resistencia inicial de la combativa defensa de Michigan, los Wildcats de Wright, números uno del National Ranking devoraron sin contemplaciones a los Wolverines: que llegaban con el Número Tres.

La clave de esta cuarta final en la Cúpula del Trueno que es el Alamodome la dieron, antes del juego, los dos elementos más distinguidos de los Wolverines: su entrenador, John Beilein, y su all around alemán, Moritz Mo Wagner, berlinés, de Pankow. «Todos en Villanova pueden tirar de larga distancia y eso llena de estrés a una defensa», analizó Wagner. «Con Villanova tenemos aquí como a unos Golden State Warriors, con jugadores altos del tipo de Draymond Green (Mikal Bridges, Omari Spellman, Eric Paschall…) que pueden tirar de lejos, pasar… hacer cualquier cosa». «Los cinco titulares de Villanova pueden anotar tiros de tres puntos», observó también Luke Yaklich, Coach Yak, el técnico gurú que organiza la defensa de Michigan…

Como se ve, todo ese análisis se refería… a los titulares de Radnor Township. Lo que le faltaba a los wolverines era que Nova les desencadenara y enviara a DiVincenzo: 1,96 de altura, Mejor Sexto Hombre 17-18 en la Conferencia Big East. Con 18 de los últimos 24 puntos de Villanova antes del descanso (28-37 para los Wildcats), DiVincenzo acabó firmando la plusmarca de su carrera, career high: 31 puntos, 10/15 en tiros de campo, 5/7 en triples; antes venía con 30 tantos. Así voló como una roja mariposa de fuego y desató el Infierno de Donte sobre los cuidados resortes defensivos de Beilein y Yaklich: cuyo plan era sofocar en el exterior la mecha de los tiros de tres de Villanova. Todos esos tiros se contestaban a muerte, con factura de un terrible esfuerzo en la rotación defensiva de Michigan.

Al consumirse la decena de minutos, los Wolverines mandaban por 21-14, llevados de la mano por Wagner (16 puntos, siete rebotes)… y por el base-escolta Muhammad-Ali Abdur-Rahkman (10 puntos en el primer tiempo, 23 al final). Ahí irrumpió el lanzallamas de DiVincenzo, The Big Ragú (y también, apodo más discutible, El Michael Jordan de Delaware)… para conectar un 0-9 como una bujía de ignición que transportó a Villanova hasta el 28-37 del descanso. Fue con tres triples casi en sucesión y con un descomunal tapón —más bien un doble zarpazo— que acabó con el valor de Zavier Simpson, el guard que hace pareja con Abdur-Rahkman en Michigan. Con 26-30, en el minuto 17, el viejo predicador Dick Vitale ya sermoneaba en la ESPN: «Here’s your leader, Mr. Brunson», arenga y prédica dedicadas a Jalen Brunson, el zurdo number one y All America de Villanova, cuyo padre, el exNBA Rick Brunson, se sienta en el banquillo de técnicos de Minnesota Timberwolves junto a Ed Pinckney, la leyenda de los Wildcats de 1985.

El primer y único triple de Brunson (1/5 de tres, 4/15 en total de tiros y nueve puntos) selló materialmente el 28-37 del intermedio. Después, los estragos continuos que DiVincenzo generaba… liberaron la presión wolverine sobre Brunson y abrieron huecos a babor y estribor para Omari Spellman y Eric Paschall, los dos más típicos Draymond Greens de Villanova, a quien su preparador físico —y nutricionista— John Shack Shackleton ha hecho perder unos 50 kilos combinados. Aún así, Spellman ofrece 111 kilogramos oficiales en 208 centímetros de talla… y Paschall, 113 kilos para sus 201 cms.

Jay Wright enseñó un par de zonas presionantes ajustables (2-1-2, 2-3) para «sacar el balón de las manos de Abdur-Rahkman», según sus propias palabras del descanso. Al poste y ante Simpson, reapareció el zurdo Brunson —¿quizá, bajo el ruido de los aullidos guturales de Dick Vitale…?— y cinco puntos seguidos de Paschall (seis tantos, ocho rebotes, 1/3 en triples) llevaron el asunto al 30-44 del minuto 32. Siguieron Spellman (ocho puntos, 11 rebotes) y Mikal Bridges (19 tantos, 3/7 en triples), que hicieron estallar la desesperación en los Blues de Michigan con el 40-56 del minuto 30… antes de que DiVincenzo matase la final con su quinto triple y el 44-62: minuto 33.

A 3:20 del final, un tiro libre de DiVincenzo producía su punto número 31, el 54-76, y el récord del Jordan de Delaware. Pese a todos los ajustes de Michigan, Villanova volvió a plantarse en la decena de triples (10/27, la mitad para DiVincenzo)… y cuando eso había pasado, los cats de Wright habían ganado 23 de 25 partidos en su temporada 2017-18. Por la mañana, en San Antonio, las mujeres de los técnicos de Michigan, lideradas por Kathleen Beilein y Amy Yaklich, habían reservado salón para una cuidadosa sesión de peluquería, algo que les había ido muy bien a las damas wolverines desde que se pusiera en marcha el torneo 17-18 de la Conferencia Big Ten. Pero esta vez, a las mujeres del coaching staff de Michigan se les pasó un detalle: en el Alamodome iba a mandar el color pelirrojo, el color de la cabellera de Donte DiVincenzo. Fue El Infierno de Donte, para qué más.

Un periodista enciclopédico que conoce el deporte de alta competición como pocos. Sus crónicas de tenis, NBA, boxeo e incluso fútbol, en su versión más sevillana, han glosado páginas históricas en El Mundo y el diario AS durante las últimas décadas. Un yankee nacido en Coria del Río que igual entrevista a Kobe Bryant que visita a Joe Frazier o conversa con Rafael Nadal. Un periodista 24 horas al día.

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