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El dopaje imaginario de los hermanos Yates

Imaginen que Simon y Adam Yates se intercambiaran dorsal durante las carreras. Quién podría darse cuenta. Menos aún con los cascos y las gafas…

Resulta increíble y lo es desde todo punto de vista. Sin embargo, la ficción se convierte en inevitable para las mentes más calenturientas. Los hermanos Yates, gemelos univitelinos, podrían estar incurriendo en un insólito caso de dopaje, si tal palabra procede en esta singular situación. Hasta ahora teníamos noticia de ciclistas que se cambiaban la sangre; de lo que no habíamos oído hablar es de ciclistas que intercambiaran los cuerpos. Podría ser el caso de Simon y Adam, por qué no. Sobre el asunto bromeó el pasado mes de marzo Michael Hutchinson —escritor, periodista y exciclista— en Cyclingnews.com: “En un deporte tan lleno de sombras y desviaciones, debemos celebrar la honestidad donde sea que la encontremos. Así que, respetuosamente, hay que agradecer que los gemelos idénticos Adam y Simon hayan admitido que son dos”.

“Sólo imaginen lo que podrían haber logrado si lo hubieran ocultado. Un cuerpo completo de repuesto es el Santo Grial que hemos estado buscando todos estos años. Esas mañanas de carrera en las que tus piernas lanzan un grito de protesta cuando pones los pies en el suelo. Esos días en los que no te sientas a desayunar porque temes que nunca más puedas levantarte… La solución es fácil: tráeme el repuesto. Si no puedo derrotar a Froome hoy, lo haré mañana”.

Hutchinson no se planteaba una segunda posibilidad. Que Simon y Adam se intercambiaran dorsal durante las carreras. Y también zapatillas (las llevan distintas). Quién podría darse cuenta. Menos aún con los cascos y las gafas. El cambio se haría poco antes de salir de la habitación o del autobús, después de muchas noches para tomarlo en broma y de unas cuantas más para tomárselo en serio. Todo se habría iniciado como un juego, así se piensan los crímenes.

—Qué bien me vendría que mañana salieras tú en mi lugar, estoy rendido…
—No hablarás en serio…

El asunto parece descabellado, pero también lo era la estricnina que engullían los Pelissier; o las anfetaminas de Tom Simpson; o inyectarse hormonas de crecimiento extraídas durante la autopsia de las hipófisis de cerebros humanos; o instalar motores en las bicicletas. El ciclismo está lleno de insensateces porque está plagado de tentaciones. La primera es no sucumbir.

Lo más probable es que los Yates, después de resistir la primera tentación y admitir que ellos son dos y no uno, hayan rechazado otras manzanas venenosas. Además, ambos han demostrado por separado que su talento no necesita de ayudas replicantes. Pero imaginen, supongan, cavilen, jueguen. Observen por el ojo de la cerradura la imagen esos dos muchachos iguales tumbados en sus camas observando el maillot rojo que reposa en una silla. Añadan el cansancio, la complicidad, la ambición. Y ahora respondan: ¿No lo harían por un hermano? 

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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