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Champions

Dos espadachines toman el Teatro de los Sueños

El PSG de Tuchel asesta un golpe casi definitivo a la eliminatoria. Su victoria por 0-2 en Old Trafford deja encarrilado el pase a cuartos de los parisinos. Los diablos fueron Di María y Mbappé

No se presentó D’Artagnan en Manchester hoy. Tampoco su apuesto compañero Aramis. Estaban demasiado dañados de los últimos duelos como para presentar batalla en la exigente campiña británica. Hace tiempo que allí ya no pelean con florete y las armas son de fuego, sobre todo desde la llegada de Solskjaer, ese asesino con cara de niño que ha retorcido los colmillos a todos sus hombres. Así que fueron Athos y Porthos los encargados de hacer hoy el trabajo sucio, de salir a escena en el Teatro de los Sueños, cuando todos les daban ya camino del Cadalso, quemados ante el infierno que les esperaba en Old Trafford. No contaban con su astucia y con su calidad. Di María fue siempre ángel y aprendió antes allí todo lo que debe saber un demonio. Mbappé parece conocer ya con 20 años el lado oscuro de la luna y dio muestras de ello en el Teatro de los Sueños. El suyo es conquistar a Milady y el objetivo está hoy un poquito más cerca.

Para quien tuviera dudas de la liturgia única que acompaña a la Champions League, las despejaría en el primer minuto. No hizo falta ni siquiera que echara a rodar la pelota para estar rendido a Old Trafford y su minuto de silencio (y ovación) en honor de Emiliano Sala y Gordon Banks. Hay plateas donde los aplausos resuenan de otra manera. La emoción no cesó con el pitido inicial y como si de galgos se tratara los jugadores del United se lanzaron a la presión desmedida. Fueron dos minutos que resumen lo que es un partido de eliminatorias en el fútbol inglés. La intimidación cuenta tanto como la calidad en este tipo de partidos.

En ese ritmo alocado intentó sorprender el United con esas tres gacelas que tiene por atacantes. No obstante el primer disparo exigente fue un conejo que Rashford se sacó de la chistera. Sin apenas ángulo se inventó un trallazo que Buffon envió a córner. Luego fue Pogba el que exhibió zancada y calidad, también su imponente físico para caer a banda y desbaratar a la defensa parisina. Su disparo tampoco sorprendió a Buffon. Las leyendas lo son también por venir de vuelta en esto de la vida.

Tuchel, mientras tanto, se desgañitaba en la banda para que sus hombres tocaran y tocaran el balón, para que superaran una presión que cada vez era menos asfixiante y que se olvidaran ya de los pelotazos. Sus pupilos empezaron a hacerle caso al cuarto de hora cuando de la mano de Verrati el PSG empezaba a asentarse en campo británico.

Las posesiones parisinas empezaban a ser más largas y entre pase y pase, el PSG aplicaba cloroformo al United, embelesado tras la pelota. El ritmo pese a todo seguía siendo elevado, propio de estas alturas de la competición y las imprecisiones propiciaban los contragolpes. Y ahí ni United ni PSG se sienten extraños. Las arrancadas de Rashford y Lingaard eran contestadas por Mbappé y por momentos aquello parecía una reedición del Grand National con Old Trafford como testigo. Verrati y Marquinhos empezaban a encontrar a Draxler que era el escalón previo al edén. El edén se apellida Mbappé y a la media hora provocó el silencio del Teatro de los Sueños con un remate que a esta hora sigue pareciendo incomprensible que se le marchara desviado. Pensaremos que De Gea le aguantó bien el duelo y le obligó a ajustar demasiado.

Después de aquello el partido se ofuscó. Se enredó entre contras a ninguna partes, tirones e isquiotibiales que pedían un respiro. El primero en quejarse de esto fue Martial, aunque el que finalmente terminó lesionado y pidiendo el cambio fue Lingaard. Esas arrancadas se cobraban la primera víctima. Aunque desde el banquillo de los red devil gritaron ¡Más madera!, Alexis era el recambio. Cerca de marcharse a los vestuarios antes de tiempo estuvo también Di María después de que un exceso de celo en una carga de Young, mandara al argentino contra las vallas de protección. Y hay que recordar que entre la línea lateral y las gradas hay cerca de 8 metros. El lateral además se jugó la segunda amarilla, antes Mbappé ya le había sacado una.

Los daños colaterales, sin embargo, serían devastadores para el United tras el paso por los vestuarios. Y eso que nada hacía presumía la hecatombe cuando vimos salir no solo a Alexis, sino también a Mata en la segunda mitad. Lingaard y Martial no podían más y ahí perdió las alas el United y el vuelo raso con el que había amenazado en los primeros cuarenta y cinco minutos. El United cambiaba el plan y pretendía acaparar más pelota con el mediocentro español, aunque sin vértigo los diablos rojos perdieron su chispa más característica. Pronto el PSG se dio cuenta y más pronto aún lo reflejó en el marcador.

Fue cuando la venganza de los ex hizo aparición en Old Trafford. Es de imaginar que los insultos recibidos desde el córner estimularan a Di María. El argentino puso un centro al corazón del área al que acudió solícito Kimpembe. El portentoso central francés no necesitó saltar para enviar el balón a la red. El primer derechazo al mentón lo pegaban los galos con la misma elegancia con la que se suelen pasearse por los Campos Elíseos, sin apenas despeinarse. Lo que vino a continuación fue el show Di María-Mbappe, expertos en demoliciones podría ser su eslogan. Ya había avisado Kylian con un cabezazo que envió a córner De Gea, uno de los mejores en los red devils esta noche, en lo que fue el preámbulo del 0-1. El 0-2 llevó su firma, la primera pica de un niño de 20 años en un escenario universal, una más sobre las espaldas de un mosquetero sobre el que ahora mismo pende el proyecto más multimillonario del fútbol mundial.

Al centro medido de Ángel Di María llegó puntual Mbappé, exhibiendo potencia y temple, carrera y suavidad para mandar lejos del alcance del portero español el remate definitivo, el zarpazo con el que la eliminatoria viajará a París prácticamente sentenciada. Se coronaban así los mejores minutos de los parisinos que podían haber decantado el duelo incluso antes, en un rechazo de Alves que no encontró portería. El álbum de fotos de Kylian todavía pudo tener alguna postal más si esa vaselina hubiera terminado dentro de la portería, pero ese duelo se lo llevó De Gea. Prefirió el galo entretenerse con taconazos y paredes con Di María, mientras el ex-red devil se relamía ante su venganza.

La única mala noticia para los parisinos fue que Verrati se marchara lesionado, aunque Pogba intentó equilibrar las cosas expulsándose. No estará en la definitiva batalla de París, el que había sido hasta ahora el jugador más destacado desde la llegada de Solskjaer al banquillo mancuniano. El resurgir de los red devils se ha topado de golpe con la realidad de la Champions, esa que penaliza el más mínimo error y solo es apta para adultos. Hoy el PSG pegó el estirón con dos espadachines que escaparon con su habilidad de cuantas trampas les habían colocado en el Teatro de los Sueños. Actuaciones así de rotundas bien merecen aparecer en algún libro de Dumas. O al menos ser tenidas en cuenta como aspirante al cetro europeo, sobre todo si la constelación de estrellas parisinas entiende aquello de uno para todos y todos para uno.

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