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Mundial de Francia

El Dream Team se cita con España en octavos

Reto mayúsculo en un escenario desconocido (primera vez de La Roja en unos octavos de final) y con todo por sorprender.

Las cuentas que se echaron en el sorteo eran éstas y así se han dado. A España solo la superó Alemania en el grupo B y Estados Unidos ha dominado con puño de hierro, como otras tantas cosas, el grupo F. Esto ha provocado que ser segundas en nuestro grupo sea a priori peor que tercera, una baza arriesgada que ha jugado muy bien China, que se cruzará con Italia, en principio la peor de las líderes de grupo. Pero eso será después del fin de semana, tiempo que tendremos para disfrutar del principio del verano y hacer elucubraciones en la piscina. Vamos con la última etapa de las yanquis para llegar aquí.

Les valía un empate a las jugadoras entrenadas por Ellis para ser primeras. Sin embargo, esta selección ha sido forjada en el gen del avance, jamás en el de conformismo o en el de la especulación. Si se tranquilizan es para rotar –lo hicieron ante Chile-, también hacer cambios durante el partido –este jueves le tocó a la gran estrella Morgan- o ejerciendo la técnica del descanso del guerrero. Aquí esto se produjo una vez que marcaron el segundo tanto y le dejaron llevar a Suecia el dominio del choque.

En un tiempo y otro el partido arrancó igual: con gol norteamericano. Con esa táctica de otras épocas o que recuerda a Oliver y Benji, Estados Unidos empieza siempre en modo estampida con el objetivo de acongojar al rival. A Suecia también le metieron el miedo en el cuerpo. Antes del primer minuto ya rondaban su área y en el segundo habían perforado la red. El tanto fue obra de Horan, más lista y hambrienta que nadie, quien se adelantó con ímpetu a remachar un balón cerca de la línea rozado previamente en el primer palo. El gol que necesitaba Suecia eran dos cuando ni siquiera habían empezado a sudar.

El paso de los minutos dibujó un encuentro en el que las campeonas del mundo dominaban y las nórdicas esperaban. De vez en cuando apostaban por una presión alta, que superaban sus rivales con temple y calidad. En especial sobresalió en esta faceta Lavelle, en tres cuartos de campo y encargada de enganchar con las de arriba, sobre todo con una Rapinoe muy incisiva por banda izquierda. Cuando las europeas creaban de verdad peligro era a la contra. Lo consiguió particularmente Jakobsson con un tiro arriba y con un contragolpe conducido con maestría y un pase servido en bandeja de plata, que olía a pan recién horneado, a Asslani. Su tiro le salió excesivamente dulce, cosa que agradeció la guardameta de Connecticut Naeher.

La salida de vestuarios, como ya comentamos, tuvo algo de repetitivo. La diferencia, claro, es que con esto se acabó lo que se daba. Pudo haberle dado algo más de vida al encuentro el VAR, que tardó tres minutos en decidir si el gol de Heath, tras rebote en Andersson, era legal. La duda estribaba en ver si Lloyd, en fuera de juego, había molestado en el despeje anterior. El fallo dictaminó centro del campo y la certificación de que España tenía rival en octavos de final. Gracias al tanto, además, el conjunto de las barras y las estrellas sumaba otro récord más: romper la estadística de goles en primera fase. Suman 18 y, pase lo que pase, eso se quedará para siempre en la historia. Parece difícil de batir, la verdad.

Los cuarenta minutos restantes dieron para ver a la mejor Suecia, sin nada que perder y con la pelota en los pies para dominar el choque. No provocaron que Naeher hiciese ninguna parada de mérito, aunque sí existía la sensación de que el 1-2 podía caer. No fue así y de hecho la más clara en realidad la tuvo Lloyd en el 89’. Su mano a mano se lo sacó Lindahl para dejar las cosas como estaban. Las suecas se las verán con Canadá y Estados Unidos, el Dream Team, sin ningún gol en contra y todos a favor, contra España. Reto mayúsculo en un escenario desconocido (primera vez de La Roja en unos octavos de final) y con todo por sorprender. Si pasa, no será como si en baloncesto hubiésemos ganado alguna de las dos finales olímpicas en Pekín o Londres (o Los Ángeles), pero casi. Ojo, el partido hay que jugarlo. La cita, el lunes. Y en la cancha nos espera el Dream Team.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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