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'La fuente', de Marcel Duchamp | @MovidaDeArte

Arte

Duchamp: primero, lo odiamos y después, lo idolatramos

Hace más de un siglo, Duchamp representó más que ningún otro artista el espíritu de vivir a la contra. Se cumplen 101 años de la presentación de ‘La fuente’, que sigue dando que hablar.

El arte no es singular. No se halla una única forma de expresión artística, todo lo contrario. Tampoco una sola interpretación. Por eso, arte, a pesar de ser morfológicamente una palabra singular, tiene un significado plural. Existen tantas versiones como autores y espectadores. Todo el que quiera hablar de la realidad a través del lenguaje universal del arte puede hacerlo.

Un siglo y un año después de su creación, ya que la obra de Marcel Duchamp fue expuesta por primera vez el 9 de abril de 1917, La fuente sigue dando que hablar. Solo por este motivo, está justificado que el conocido urinario ocupe un lugar importante en la historia del arte. Supuso un escándalo en su presentación en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes de Estados Unidos y pronto fue censurada por el jurado al ser considerada inmoral y un plagio. Por cierto, Duchamp formaba parte de dicho comité.

Más de una vez hemos reproducido o escuchado frases del palo de “eso también puedo hacerlo yo”. En la época, visto por primera vez, cualquiera podría pensar que era una pieza humorística, pero la obra de este artista francés ha marcado un antes y un después en la historia del arte. El urinario es una mercancía, un producto industrial, hay muchos, millones, de hecho, hay más de una representación de La fuente, pero fue Duchamp quien tuvo la idea y el atrevimiento de darle ese significado provocador y de trasladarle una crítica al sistema: ¿qué es el arte?

A partir de La fuente de Duchamp, la forma, o el objeto, pierde importancia y la finalidad del arte ya no es estética. También carece de interés quién lo haya hecho. Lo verdaderamente valioso es el concepto, la propuesta. Hasta entonces, el espectador tenía que gozar del trazado de una pincelada o del tallado en piedra de mármol. El arte solo podía ser único y bello.

Pero Duchamp advirtió que no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros, estaba interesado en las ideas, no en los productos visuales. R. Mutt, nombre con el que firmó el trabajo, no existió, se lo inventó, pero no supone nada. Rompió con todas las reglas. Mientras hombres y mujeres hacemos cola para ir al baño, Duchamp nos arroja un meadero dado la vuelta para que, en vez de orinar sobre él, pensemos. Pero, querido Duchamp: lamentándolo mucho, la sociedad de entonces no estaba dispuesta a los cambios (ahora, tampoco demasiado, aunque algo hemos mejorado).

Lo que hizo Duchamp supuso el inicio de una nueva tendencia que, a día de hoy, evoluciona y ocupa las salas de los museos más importantes del planeta Tierra. Duchamp representa más que ninguno en el mundo del arte el espíritu de vivir a la contra. Primero, lo apestamos, y años más tarde, lo idolatramos.

 

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.

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