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La alineación de F91 Dudelange ante el AC Milan en Europa League. CORDON PRESS

Europa League

Dudelange y el país que no ama el fútbol

Dudelange, con 3 millones de presupuesto y un estadio para 4.650 espectadores, es el primer equipo luxemburgués en disputar competición europea. Este jueves visita el Benito Villamarín.

En 1991, el Stade Dudelange, US Dudelange y el Alliance Dudelange decidieron unir sus fuerzas para hacer frente a los problemas económicos que arrastraban y poder solventarlos juntos. De esta fusión surgió el F91 Dudelange, un equipo de la pequeña ciudad de Dudelange, de apenas 20.000 habitantes, que hoy presume de ser el  primer equipo de Luxemburgo en disputar competición europea. La ciudad, sostenida por la industria siderúrgica, se encuentra al sur del país, a escasos kilómetros de la frontera con Francia, y ha visto crecer de forma exponencial al equipo. En su primer año, ocupó la plaza del Alliance, uno de los equipos madre, y tan solo una temporada después de su creación, ya militaba en la máxima categoría, la BGL Ligue. Esta liga, formada por 14 equipos, ha visto el veloz crecimiento del Dudelange, que se ha convertido en el segundo club más laureado de la historia del país en tan solo 27 años de historia. A los nueve, ya había conseguido romper con el monopolio del Jeunesse Esch, que perseguía ser pentacampeón. Desde entonces, de los 18 títulos posibles, el club ha conseguido 13, que se suman a sus 7 Copas de Luxemburgo.

El éxito del Dudelange no es otro que haber sido el primer equipo del país en llegar a una competición europea. Eso significa recuperar y superar el presupuesto anual del club con tan solo haber llegado a la fase de grupos de la Europa League. Con unas cifras que no llegan a los 3 millones, es el equipo con mayor presupuesto de la BGL Ligue y el más bajo en competiciones europeas. Tan solo por alcanzar la fase de grupos se ha asegurado un ingreso de 2’6 millones, que se suman a los ya recibidos 660.000 euros por haber superado las tres fases previas. En total, 3’26 millones que cubren con creces el presupuesto habitual. Con tanta superioridad en el fútbol local, el objetivo de dar el salto a Europa se ha logrado gracias al buen criterio de la secretaría deportiva. Un 75% de la plantilla ha disputado previas en Champions League y Europa League, experiencia que ha permitido superar al Videoton, Drita, Legia y al Cluj en la fase previa.

La mayoría coincide en que la responsabilidad de esta histórica hazaña la tiene Flavio Becca, el inversor del club. Llegó hace 20 años y, simultáneamente, el equipo empezó a levantar copas. Consiguió acabar con el reinado del Jeunesse Esch, que focalizaba todos los éxitos. Pero, además, Becca ha logrado lo que nadie antes en el fútbol: llevar el nombre de Luxemburgo por Europa. Nacido en Italia, es muy conocido por la multitud de empresas que posee, sobre todo en el negocio inmobiliario; es amante del deporte, ha invertido en diferentes clubes. También es propietario del equipo belga Excelsior Virton, tiene un equipo de Moto3 y fue dueño del Leopard Trek de ciclismo hasta 2013. Un hombre con un carácter fuerte que no duda en bajar al vestuario a arengar a sus jugadores, en las buenas o en las malas, y que llega a amenazarles con echarles del equipo en caso de derrota.

El vestuario está liderado por Dino Toppmöller, conocido por ser el hijo de Klaus Toppmöller, que dirigía al Bayer Leverkusen en la final de Champions de la recordada volea de Zidane. Por último, la mano derecha de Becca en el Dudelange es Romain Schumacher, empresario, exfutbolista y presidente del club, que ha reconocido que Luxemburgo debe aprovecharse del éxito del Dudelange para avanzar en el fútbol.

La diferencia frente al resto de sus rivales es abismal. Los partidos de Europa los tiene que jugar en el Josy-Barthel, que es el estadio nacional de Luxemburgo, con una capacidad para algo más de 8.000 personas, ya que el habitual, el Jos Nosbaum, con 4.650 localidades, no cumple los requisitos UEFA. La capacidad de su pequeño recinto contrasta con los estadios de Manchester United, Real Betis y Olympiacos, que poseen campos de 80.000, 59.000 y 33.000 espectadores que multiplican el número de habitantes de la ciudad de Dudelange. Igual de abismal es la diferencia a nivel deportivo; el referente del Dudelange es un jugador con apellido de estrella: Ibrahimovic, pero de nombre Sanel. Lo acompañan Sinani y Turpel, jóvenes que no han jugado fuera de sus fronteras.

No es casualidad que nunca un jugador nacido en Luxemburgo haya jugado en la liga española. Es un país al que no le obsesiona el deporte, ya que prefiere brillar en otros aspectos. Obsesionado por las finanzas y no por el fútbol, es un Estado con una economía muy desarrollada que representa el mayor PIB per cápita, según el Banco Mundial. Entre su medio millón de habitantes no hay un futbolista convertido en ídolo como ocurre en otros países, sus jugadores tampoco son multimillonarios y los destacados Omar Er Rafik, David Turpel o Daniel Sinani, artífice de la clasificación en la previa, podrían pasar desapercibidos por las calles de Luxemburgo.

En Luxemburgo, normalmente, los futbolistas no son profesionales. La estructura del fútbol choca con la realidad del país, una potencia económica mundial. El presupuesto del Dudelange es de tres millones y el del Betis de cien. La BGL Ligue podría compararse con la Segunda división B española, a nivel deportivo y de presupuestos.

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