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Ciclismo

Cómo reaccionar cuando un compañero se dopa

Dumoulin señala en una nota pública a su excompañero Georg Preidler, acusado de dopaje: «Tomó una decisión terrible en la vida, que afecta a mucha gente a su alrededor y no puede dar marcha atrás. Cometió un error por el que pagará».

El asunto ha pasado extrañamente inadvertido a pesar de cumplir con el primer axioma del periodismo: la noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda un perro. Así de extraño e infrecuente es que un ciclista en activo (o retirado) haga un reproche público a un compañero que se ha dopado. Lo habitual es echar balones fuera, remitir a la presunción de inocencia o poner en duda la lentitud de los procesos. Incluso los corredores que se ven beneficiados deportivamente por la exclusión de otro ciclista no elevan la voz para quejarse o para felicitarse por la victoria inesperada. Casi todos disimulan y dedican a los dopados la misma condescendencia que aplicamos a los que son multados por sobrepasar el límite de velocidad. En gran medida, el dopaje sigue siendo un tema tabú entre los profesionales y su entorno (incluyo a los periodistas más cercanos), prueba inequívoca de que no se ha superado. No es tan extraño si pensamos que muchos de los ciclistas de los 80 y 90 son ahora directores deportivos o mecánicos.

Por eso resultó tan gratificante que, al hilo de un nuevo caso de dopaje, el del austriaco Georg Preidler, el holandés Tom Dumoulin hiciera pública una reflexión sobre un suceso que le afecta deportiva y emocionalmente. Su testimonio tiene doble valor al tratarse de uno de los mejores ciclistas del mundo, ganador del Giro 2017 y segundo en el Tour 2018. Si Dumoulin hubiera sido un discreto corredor del pelotón se le habría desacreditado fácilmente: el resentimiento, ya se sabe, la frustración por no haber llegado a ser figura. Pero es un campeón el que habla. “A principios de este año, Georg Preidler, mi compañero entre 2013 y 2017, confesó que se había dopado desde 2018. Me sentí triste y enfadado. Especialmente porque en nuestros primeros años en el equipo lo consideré uno de mis compañeros más cercanos. Llegamos a conectar en un nivel personal. Somos de la misma edad y teníamos los mismos objetivos y forma de pensar. Queríamos trabajar duro y competir al más alto nivel del ciclismo profesional. Se ha demostrado que él tenía una forma de pensar diferente y que interpretaba de una manera distinta lo que es trabajar duro y competir más alto nivel”.

Continúa Dumoulin: “Supe entonces que comenzó a doparse cuando dejó el equipo Sunweb. Desafortunadamente, hoy he leído que Georg Preidler ha sido acusado de dopaje también en 2017, incluso durante el Giro que yo gané. Estoy conmocionado. Me siento más que orgulloso de aquella victoria y siempre lo estaré. Pero ahora sé que es posible que uno de mis compañeros no corriera limpio. Y eso es un trago difícil para mí”.

“No sé si es verdad y espero que no lo sea, por supuesto. Pero para ser honesto, no me sorprendería. En los últimos tiempos que coincidimos él ya no era el Georg alegre que yo conocí antes. Se fue haciendo más amargo, inseguro y reservado. Creo que le era difícil asumir que, aunque trabajaba todo lo duro que podía, no era el ciclista que hubiera querido ser. Supongo que todos los atletas tenemos esas mismas dudas, yo también, y nos asaltan durante nuestras carreras. Pero recurrir al dopaje mientras otros no lo hicieron y no lo hacen… ¡Claro que estoy enfadado!”.

Dumoulin finaliza con una moralina discutible, más cándida que severa. “Él tomó una decisión terrible en la vida, que afecta a mucha gente a su alrededor y no puede dar marcha atrás. Cometió un error por el que pagará. Pero no quiero ser demasiado amargo con alguien a quien consideré muy cercano en el pasado. Espero que su vida regrese al camino correcto y que recupere a la persona alegre y buena que había dentro de él. Sé que está allí donde la encontré aquellos primeros años en que fuimos compañeros y espero que él también lo sepa”.

Asumo que el ejército de escépticos no habrá dado un paso atrás. Me dirán que Froome también se declaraba puro y virginal hasta que un buen día dobló la tasa de salbutamol permitida. Ese caso desacreditó por contagio al equipo Sky, que había nacido como reacción espiritual y tecnológica a los años de plomo: otro ciclismo era posible.

Pero lo de Dumoulin es diferente. Él se abre la camisa y se sitúa en mitad del campo de batalla. Si mintiera, el primer disparo le llegaría de los que defienden la omertá con un peculiar argumento: el dopaje no destruye el ciclismo, lo que destruye al ciclismo es hablar de dopaje.

Al señalar a un compañero, Dumoulin descubre que los métodos de control de los equipos (caso de existir) no funcionan. Más naif resulta que asocie el dopaje con el mal carácter repentino de Preidler. Esa reducción es casi infantil, como si a todos los malos les saliera una verruga en la punta de la nariz. No ocurre tal cosa, querido Tom, aunque es adorable encontrar almas inocentes como la tuya. Tampoco hay que esperar que el reo se arrepienta porque muy pocos lo hacen. Volvemos a los conductores que sobrepasan el límite de velocidad. ¿Se sienten culpables, están (estamos) dispuestos a pedir perdón? Si acaso nos reprochamos no haber detectado el radar.

Siempre he creído que la regeneración del ciclismo tenía que venir desde arriba. Deben ser las figuras las que alcen la voz por responsabilidad hacia su deporte y porque ellos (sus éxitos) son la aspiración de los ciclistas, muchos o pocos, que se siguen dopando.

Porque el problema continúa. Preidler, de 29 años, es uno de los acusados en la Operación Aderlass, dada a conocer en febrero de 2019 y que dinamitó el esquí nórdico austriaco. Cinco esquiadores fueron arrestados; uno de ellos fue cazado mientras se hacía una autotransfusión en su habitación del hotel. La investigación descubrió cuarenta bolsas de sangre en un garaje de Ekfurt, Alemania, relacionadas con el doctor Mark Schmidt, médico de los equipos Gerolsteiner y Milram en años turbios para el ciclismo; uno de sus corredores, el austriaco Bernard Kohl dio positivo por EPO en 2008…

Todo esto ocurre trece años después de la Operación Puerto, cuya evocación es inmediata. Nada ha cambiado en exceso. Las bolsas de sangre se siguen apilando en cualquier sitio y los médicos mantienen su consulta. Lo increíble es que los ciclistas sigan acudiendo a ellos. Por cierto, Stefan Denifl (32), el otro ciclista afectado por la Operación Aderlass, ha aceptado su culpa y ha sido sancionado cuatro años. También ha sido desposeído, entre otras victorias, de su triunfo en Los Machucos en la Vuelta de 2017, que ahora pasa a Alberto Contador. Preguntado este último por esa victoria con la que no contaba, Contador se limitó a lamentar la lentitud de los procesos.

A diferencia de Denifl, Preidler no ha reconocido las autotransfusiones. Sólo admite que el doctor Schmidt le sacaba sangre. La Oficina Fiscal de Innsbruck le acusa de “fraude deportivo” por haber corrido en el Mundial de Innsbruck del pasado año violando las reglas antidopaje de la UCI y de los organizadores”. Si es declarado culpable afrontará una condena de entre seis meses y cinco años de cárcel. Su fraude se estima en 250.000 euros.

A quien me diga que Tom Dumoulin es un ingenuo yo le replicaré que es un héroe en sentido estricto y primera acepción: persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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