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Wimbledon

El día que Colombia ganó Wimbledon

Cabal y Farah ganaron el doble masculino y un país entero cayó a la hierba con ellos para levantarse luego con la misma felicidad.

Al terminar la octava etapa del Tour de Francia 2019, en la que Francia resucitó a Flaubert y Nairo enterró a Lucho Herrera, en Colombia sabíamos que el sábado 13 de julio nos quedaba aún una cita con la historia. Cuando pensábamos que Alaphilippe y Pinot eran los men’s doubles, en Wimbledon, Juan Sebastián Cabal y Robert Farah parecieron Nadal y Federer en un solo cuerpo, razón por la cual, aquello no sólo fue cambiar de canal.

En las finales más disputadas del mundo se suele dimensionar la victoria describiendo al rival vencido o al vencedor, en el caso de la definición de dobles masculinos del Grand Slam Británico 2019, lo justo es descifrar el trámite. Si Stephen Hawking temía por el surgimiento de una raza de superhumanos, ha de ser porque sabía lo que editaría antes del 2020. Lo que ayer se vivió en la Cancha Central de Wimbledon fue un duelo a muerte, a sol y sombra, que se extendió tanto que la localía pudo estrenar su techo a la hora de las definiciones. Cada smash fue una bala y los tie-break se surfeaban con las mismas ganas con las que se atrapa una ola de Nazaré. Saques endiablados, devoluciones envenenadas. Nadie se quedó con nada, ni el sol en su pelea con el césped, ni el árbitro, que recordó con vehemencia y a cada quién cuántos hawk-eye le quedaban.

Cuando el primer set quedó en manos de la pareja francesa, los que en Colombia no apagaron se fueron a afeitar y las mamás a mercar, hasta que la seguidilla de aplausos que se sumaron hizo que se atornillara todo el mundo una silla. Farah y Cabal encadenaron dos sets tan largos como seguidos, a punta de tie-break y cuando se pensaba que al tercero nos uniríamos en un solo grito, Mahut y Roger-Vasselin les arañaron el cuarto para quedárselo. Y fue así como el quinto set fue más cuestión de carácter que de instinto.

En dramática y última bola, no vamos a mentir si decimos que vinieron a nuestra mente tantas eliminatorias por fallos en semifinales de fútbol desde el punto penal, que nos olvidamos por un fatídico instante que estábamos viendo un partido de tenis y dos colombianos habían sido aplaudidos por propios y extraños durante 4 horas y 57 minutos en una catedral que guarda más de 142 años de hazañas. Pues bien, como quien saca a pasear el perro, así sacó Cabal y, de paso, le recordó a Farah que a fuerza de jugar juntos entendieron la esencia del doble: aquella sentencia que condena al que no sabe cómo va a reaccionar el otro.

Y todos al suelo con ellos. «Cuando nos levantamos y nos abrazamos al final del partido, como que no entendíamos lo que habíamos logrado; le dije a Sebas (Cabal): ¡Acabamos de ganar Wimbledon! ¡Hicimos historia! Él se reía, estaba sin palabras, como en una nube, en el cielo…”, reconoció Farah.

La pareja hizo historia, su primer gran título de Grand Slam, nada menos que en Wimbledon, el primero en Colombia y todos celebramos aquel día que comenzaron juntos, cuando la malla de la cancha era más alta que ellos (Farah de 6 y Cabal de 5 años).

Si lees esta ecuación numérica (6-7 [5], 7-6 [5], 7-6 [6], 6-7 [5], 6-3) sabrás que es el resumen del partido. Supera el desconcierto, olvida la rabia que te producen los tuit de políticos populistas que felicitan a los ganadores como si se hubieran sumido en su sudor; sólo necesitarás fijarte en los corchetes para concluir que, es tan cierta como real, aquella frase que dice que “si no es bregando, no te haces colombiano”.

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