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Tenis

Düsseldorf 1970: Alemania y Cabanes echan a Santana

Derrota inesperada, rival anónimo, pista desconocida, la Davis… El Diario Pueblo, Soraya y José María García, otras piezas del affaire.

Manolo Santana, estrella rutilante del tenis mundial de la época.

Düsseldorf 1970: Alemania y Cabanes echan a Santana

Los acontecimientos que liquidaron casi para los restos —de 1970 a 73— la presencia mágica de Manuel Santana en la selección española de Copa Davis se desencadenaron en una secuencia espacio-tiempo de apenas un mes: justo entre una insólita pista de asfalto acharolado, en un fondo del Rheinstadion de Düsseldorf (en el mismo solar al que hoy salta la selección española de fútbol)… y una reunión social en la residencia de Julia Jiménez, en la urbanización El Tosalet, de Jávea/Xábia. Todo ocurrió entre mediados de agosto de 1970, con la final interzonas de la Davis, Alemania Federal-España (14-16 agosto, 4-1 para Alemania Federal)… y el 24 de septiembre de ese mismo 1970: aquí fue cuando Santana anunció a José María García en Pueblo su retirada oficial de la Davis «y de los torneos de alta competición». En la España de 1970 aquello fue igual de explosivo que si un tal Rafael Nadal Parera dijera eso mismo… en la España de 2018.

La retirada de Santana acarreó la dimisión inmediata de José Garriga-Nogués y Garriga-Nogués, segundo Marqués de Cabanes y presidente de la Real Federación Española de Tenis (RFET), quien había precipitado la decisión de Supermanuel con ciertas imprudentes palabras pronunciadas ante periodistas en El Tosalet… y publicadas también en el ya desaparecido Pueblo, diario madrileño vespertino de los Sindicatos de Franco, donde coincidieron, entre otros, José María García, Manolo Molés, Raúl del Pozo, Gonzalo Carvajal…

Garriga-Nogués presidía la RFET desde 1939, justo después de concluida la Guerra Civil. En el fiasco de Düsseldorf, Santana perdió el dobles y el único single que disputó: este, ante el abogado zurdo y berlinés Christian Kiki Kuhnke, formado en Hamburgo. Manolo, el mito campeón de Wimbledon en 1966, abandonó la ciudad renana el mismo domingo 16 antes de concluir la eliminatoria, justo cuando la derrota de Orantes ante el propio Kuhnke selló para los alemanes el ya irreparable 3-1. Esa fue toda una trampa o ratonera que puso a Alemania Federal en la finalísima de Cleveland: ante un potentísimo equipo de EE UU que, con Arthur Ashe y Cliff Richey a los mandos, arrolló por 5-0 a los teutones que lideraban Kuhnke y Wilhelm Bungert. Eso pasó también sobre asfalto, en las hoy abandonadas pistas de cemento rojo del Harold T. Clark Tennis Courts, en Ambler Park, Cleveland Heights.

«Se nos fue la Ensaladera de 1970 por una encerrona de los alemanes. Dijeron que iban a ponernos hierba, la hierba de un estadio de fútbol en Düsseldorf (el Rheinstadion)… y nos pusieron cemento sin dejarnos entrenar. No debimos presentarnos. Tuvimos que haber recurrido porque aquello no era reglamentario. Aquello costó, además, la retirada de Santana del equipo porque luego se peleó con el Marqués de Cabanes», recordaba en su día Juan Gisbert al aquí firmante. Gisbert hizo pareja con Santana en el punto de dobles del sábado 15-8-1970, que los españoles cedieron a Bungert-Kuhnke (finalistas de 1962 en Roland Garros ante Emerson-Fraser); 6-4, 12-10 y 6-3 para el dúo alemán. El primer día, el viernes 14 de agosto, se había cerrado con 1-1 tras victoria de Manolo Orantes sobre el atlético Wilhem Paul Bungert (6-4, 10-8, 11-9)… y el no tan inopinado éxito del buen jugador que era Kuhnke ante Santana: 6-4, 6-8, 12-10, 6-2. No era tan inopinado… porque Kuhnke ya había apeado a Santana de Wimbledon-1964, en cuartos de final.

Santana con Arilla.

Ese fatídico duelo Kuhnke-Santana se aproximó a las cuatro horas de duración, sobre el bruñido asfalto sintético del fondo del Rheinstadion, en Düsseldorf. Semejante combate de atrición y su fatal desenlace provocarían los exabruptos posteriores de Garriga-Nogués… y un epílogo aún peor: ese de Kuhnke sería el último partido individual de Davis que Santana (ya con 32 años, 10-5-1938, Madrid) iba a disputar hasta julio de 1973, cuando fue reclamado para la semifinal europea ante Italia: «Vuelvo a la Copa Davis porque dicen oficialmente que mi presencia es necesaria», sentenció ahí Manolo Santana, que en Turín perdió con Corrado Barazzutti (más tarde, semifinalista en US Open y Roland Garros)… y venció a Tonino Zugarelli. Este de Zugarelli fue día en el que la mismísima Oriana Fallaci escribió: «El tenis de Santana es más bello que el pecado». Pero ahí sí que Santana, con 35 años cumplidos, ya no volvió a jugar la Copa Davis… ni prácticamente más tenis de alta competición. Santana dejó la Davis, que pisaba desde 1958, con un total de 92 victorias y 28 derrotas: 69-17 sólo en individuales. Por comparar, Rafa Nadal (32 años en junio) firma hoy una tarjeta en la Davis de 27-5 en total, 22-1 en individuales .

A la vuelta de Turín, Supermanuel, ganador en dos veces en Roland Garros (1961, 64) antes de ser campeón en Forest Hills —Campeonatos de EE UU, sobre hierba, el US Open de hoy— y Wimbledon, en 1965 y 66, ya iba dedicarse a otras tareas: como ser director general para España de la empresa tabaquera Marlboro-Philip Morris (donde dio empleo a Pedro Carrasco), consolidarse como brand con su propia marca de ropa deportiva (MS, Manolo Santana)… y en fin, cimentar su Manolo Santana Racquet Club, en Marbella. Después, desde 2004 y hasta este mismo 2018, el campeón de Wimbledon-66 ha ejercido como director del Madrid Open, cargo del que se despedirá en 2019, tras conceder la alternativa a Feliciano López.

Pero, ¿qué pasó en 1970, antes, durante y tras la encerrona de Düsseldorf entre un Santana ya veterano y el no menos veterano José Garriga-Nogués, de ilustre prosapia y cuyo padre, el primer marqués de Cabanes, había presidido el Lawn-Tennis Club Turó…?

Una firma del mayor prestigio en el tenis español de la época, Josep María Ducamp, presente en Düsseldorf (así como en los viajes del gran Barça de Helenio Herrera o en las dos primeras finales de Davis Australia-España, en Australia)… lo explicaba así en 2008, en El Periódico: «Un día, en una reunión social en Valencia, el marqués tenía una conversación informal con un grupo en el que figuraba una periodista muy cercana a un famoso director de diario de la época. Garriga-Nogués dijo, sin darle mayor importancia, algo que estaba en boca de mucha gente: que Santana se había alimentado deficientemente a causa de la posguerra y que ello podía llegar a repercutir en su condición física. La periodista, que no se había identificado como tal, publicó al día siguiente las palabras del presidente absolutamente tergiversadas. Santana, aguijoneado por algunos amigos más o menos cercanos —se trataba de avivar esa eterna rivalidad Madrid-Barcelona— entendió que le acusaba de la reciente derrota contra Alemania en la Davis, en una pista que yo califiqué de charol, construida en día y medio sobre la esquina de un campo de fútbol, el Rheinstadion de Düsseldorf.

Manolo se enfadó mucho, hubo un cruce posterior de declaraciones (…)… y lo que empezó mal acabó peor. El Marqués de Cabanes hubo de dejar la presidencia, que ostentaba desde que acabó la Guerra Civil. Y Santana anunció que no jugaría más la Copa Davis ni los grandes torneos de ese año, 1970, en el que había ganado al mismísimo Rod Laver en la final del Godó. Santana no tuvo la culpa de la derrota de Alemania, aunque dejó al equipo por su cuenta y riesgo el tercer día —luego aseguró que con el permiso del capitán Bartrolí—, antes de que acabara la eliminatoria y que ni el presidente ni el jefe de la expedición, el general Agulla, estaban enterados.

Mientras yo, que lo sabía, les decía que Manolo había regresado a España, ellos respondían que estaba en el hotel y que llegaría a tiempo para disputar el último punto contra Bungert. Un partido intrascendente —España ya perdía por 3-1— y que jugó Juan Gisbert en lugar de Santana. Manolo no fue el culpable de aquella derrota. El primer día perdió ante un tenista muy inferior, Kuhnke, porque nadie conocía la pista. Los alemanes la ocultaron hasta el miércoles. Apenas un día de entrenamiento sobre un piso no homologado, desconocido y que, según parece, Bungert tenía en su residencia, donde se entrenaban los germanos. La culpa fue de la maldita superficie (…) Viendo lo que nos estaban haciendo, le dije a Agulla: «Mi general, vámonos… Nos están tomando el pelo».

En principio, (Agulla) me dio la razón: «Sí, sí, hemos de irnos. Pero llamemos antes a Juan Antonio Samaranch, que está en Nueva York, para que nos dé su parecer«. Samaranch, siempre diplomático, dijo que ‘no’, desde la distancia. La eliminatoria se jugó y la emboscada dio resultado a quienes la habían tramado: ganaron los alemanes, 4-1. Insisto: la culpa no fue de Santana sino de la estratagema urdida por los germanos. La derrota, por inesperada, dolió mucho. Y, por ello, habiendo pasado todo lo que pasó en Düsseldorf, los acontecimientos posteriores determinaron el enfrentamiento entre el presidente y nuestro número uno.

‘Bocadillos a Manolín’

Más de uno y de dos avivaron aquel fuego, pero allá cada cual con su conciencia. Los nombres de todos los socios del Club Velázquez de Madrid —donde Santana empezó recogiendo pelotas— que en su día me aseguraron haber dado bocadillos a Manolín, «porque el pobre, muy simpático y trabajador, lo pasaba mal», habrían dado para una columna. Alguna vez nos hemos reído comentándolo: «Si te hubieras comido todo lo que me han dicho que te daban, habrías ganado el premio a la obesidad», concluía Ducamp.

Efectivamente, Santana había nacido en el Madrid republicano cercado y acosado por la Guerra Civil; su madre sufrió la onda expansiva de una bomba aérea del bando nacional, mientras llevaba en brazos al bebé casi recién nacido: que se salvó por milagro. Después de la Guerra, el padre de Manuel Santana pasó tiempo en cárcel por sus actividades sindicales durante la II República…

Y el miércoles 23-9-1970, en la página 20 de Pueblo, en su suplemento deportivo y de variedades, Pueblo Extra, salían las declaraciones del Marqués de Cabanes, recogidas en el acto social de El Tosalet por Rosana Ferrero González, que firmaba habitualmente con el alias de Soraya… y, en efecto, era persona de absoluta confianza para Emilio Romero, el célebre director del vespertino de Sindicatos.

La entrevista con el Marqués de Cabanes —que Soraya firmaba sólo con su inicial, S— vio la luz con este titular, negro sobre blanco: «Santana no es un ortodoxo del tenis». Y estos sumarios: «Su anarquía en el juego le exige esfuerzos titánicos». «Están perjudicándole las raquetas metálicas». Pero la metralla viajaba en un par de respuestas que no iban a titulares: «… Él (Santana) ya lleva varios años despidiéndose y lo que consiguió con este anuncio, en un principio, fue subir su cotización en 500 dólares más por competición, algo que por cierto entonces no estaba permitido por la Real Federación… no podemos olvidar que Santana empezó a fortalecer sus músculos y su organismo como son necesarios, a partir de los 16 años. Esto por sí solo ya es un hándicap para su resistencia del futuro… pero además hay otro factor muy importante, Santana no juega al tenis ortodoxamente… su anarquía en las pistas de juego le exige a veces esfuerzos titánicos». El texto de Soraya hacía navegar después al Marqués de Cabanes con el proceloso término metalizado, entre las nuevas raquetas Wilson metálicas, que ya Santana había empezado a usar… y las antiguas raquetas de madera, de las que Garriga-Nogués era acérrimo partidario.

La entrevista (¿off the record, sí o no…?) estalló como una descarga de trinitrotolueno en la santabárbara del tenis español. Al día siguiente, 24-9-70, José María García Pérez entrevistaba a Santana desde la portada de Pueblo Extra (páginas 19 y 20), bajo este titular de la portada del periódico: «Me retiro de la Copa Davis… y del Campeonato de España». Más: «Puedo admitir que me llamen viejo, pero nunca que me critique mi propio presidente». ‘¿Triste, Manolo?’, empezaba preguntando García a un Santana que respondía así: «Tristísimo». «Mantengo lo dicho», sostenía inicialmente Garriga-Nogués, en la página 20 del mismo número de Pueblo. El escándalo entró en ignición, como el humo de los gases de un portaaviones atacado por kamikazes y, al día siguiente, 25-9-70, Pueblo entrevistaba, juntos y en el Concurso Internacional del Real Madrid (con cuyo escudo jugaba Santana)… a Gisbert, Lis Arilla y Orantes, bajo estos titulares: «El deporte español con Supermanuel… coinciden Gisbert, Arilla y Orantes… es el máximo exponente de nuestro tenis; con él como número uno hemos conocido la edad de oro».

Junto a esas declaraciones de los daviscupmen españoles, y en recuadro firmado por el propio José María García, se titulaba: ‘Probable cese del Marqués de Cabanes’, que a esas alturas ya contragolpeaba en El Mundo Deportivo, bajo el enunciado en comillas de Una tempestad en un vaso de agua: «… Se centra la acción en una entrevista deportiva para la que nadie me requirió, me limité a responder escuetamente a unas preguntas que se me formularon en una reunión social celebrada en la residencia de Doña Julia Jiménez». Allí era donde había estado Rosana Ferrero, en compañía de Llorente, uno de los fotógrafos de Pueblo. «Estoy orgulloso de haber sido un muerto de hambre, como viene a decir él (Cabanes) porque me he labrado una posición… dejo la Copa Davis, es definitivo, pero no dejaré mi colaboración al tenis y al deporte español, como he ofrecido al señor Gich», manifestaba el propio Santana, en ABC, el mismo 25-9-1970, entrevista de Alfil.

31 años después de 1939 y el final de la Guerra Civil, la cabeza del Marqués de Cabanes cayó de inmediato en la cesta: cese firmado por Juan Gich Bech de Careda, que el 11 de septiembre había relevado a Samaranch en la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes. Gich pasaba a la Delegación Nacional (D. N. E. F. y D.)… desde la gerencia del F. C. Barcelona. Nada menos. Sin una sola duda, Samaranch tuvo mucho que decir en la destitución final de Cabanes. Por no hablar del propio Francisco Franco, que había llegado a pasar bolas con el propio Santana: quien a menudo era recibido por el Caudillo: «No me gustaba ese papel, pero comprendía que, en esos momentos, este país estaba necesitado de héroes…», diría años después el propio Santana. En 1965, el senador Robert F. Kennedy soltó a Santana, tras su triunfo de ese año sobre la hierba mojada de Forest Hills, que «no entendía cómo los españoles podían aceptar la dictadura de Franco».

En entrevista en AS, en 2007, Santana explicó: «Le hablé a Kennedy (entonces, senador por el Estado de Nueva York) del tiempo de mi padre en la cárcel. Insistió en que no visitaría España mientras Franco gobernase. Pensé mucho en él cuando fue asesinado, en 1968». Santana siempre trató muy colateralmente el viejo affaire de su combate con Cabanes, fallecido en 1985. Manolo suele contar: «Aún guardo en un marco el cheque del Banco Garriga Nogués que me firmó el Marqués de Cabanes por las dos medallas olímpicas que gané en México, en 1968: nada menos que 882 pesetas. Qué hombre era ése…»

Un periodista enciclopédico que conoce el deporte de alta competición como pocos. Sus crónicas de tenis, NBA, boxeo e incluso fútbol, en su versión más sevillana, han glosado páginas históricas en El Mundo y el diario AS durante las últimas décadas. Un yankee nacido en Coria del Río que igual entrevista a Kobe Bryant que visita a Joe Frazier o conversa con Rafael Nadal. Un periodista 24 horas al día.

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