Echavarri: "Yo ya no podría volver. No sé ni buscar Pokemons" - Ciclismo - A la Contra
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José Miguel Echavarri, en Pamplona.
José Miguel Echavarri, por las calles de Pamplona. Imagen Movistar Perico, 30 años de amarillo.

Ciclismo

Echavarri: “Yo ya no podría volver. No sé ni buscar Pokemons”

Fue el padre del ciclismo español en los ochenta. El hombre que se adelantó a una época. El resultado: seis victorias en el Tour de Francia.

Tiene 70 años, una edad en la que ya no lleva dorsal ni le cierran el control. Ayer hizo 50 kilómetros en bicicleta por esas carreteras de Estella que no sólo le invitan a acelerar las pulsaciones del corazón. También a recordar a solas y, aunque él ahora no acepte que fue un hombre importante, sí lo fue. Un maestro de la palabra que en 1979, junto a su mujer y su hija, la mayor que entonces tenía dos años, hizo una peregrinación por todas las fábricas de bicicletas italianas para crear el Reynolds. Llegó hasta Campagnolo que, según él, “entonces era como el Vaticano del ciclismo”. Luego, avanzó muy lejos. Ganó el Tour de Francia con Delgado e Indurain. Pero, incluso, en la derrota daba gusto escuchar a José Miguel Echavarri, el mismo hombre que nunca escribirá un libro de su vida. “Hay que ser serios. Los libros tienen que servir para dar lecciones o para explicar milagros y yo nunca hice ningún milagro”, argumenta hoy, a los 70 años, él, sabio retrato de una época que no volverá. Quizá por eso merecemos recordarla en días como el de hoy. “El plan es la supervivencia”, añade.

—No podíamos vivir sin Echavarri.
—No, por Dios. En todo caso, no podíamos vivir sin ese virus que nos trajeron los castellanos: el amigo Pedro Delgado, el abulense Ángel Arroyo que, junto a otra gente joven como Laguía, Gorospe…, y otros menos jóvenes como Suárez Cueva, nos metieron en una aventura que no imaginaba nadie. Es más, uno entonces no tenía ni siquiera la experiencia del que sabe…

—¿No sabía usted tanto?
—No sabía nada. Era el último mono. Un hombre lleno de ilusiones, que no desconfiaba de las utopías y que, a lo sumo, ponía de ejemplo a la prudencia. Iba por todas partes diciendo que los desconocidos también merecen ser conocidos y que no hay enemigo pequeño. Tampoco me preocupé por destruir los sueños de nadie. Al que me decía que había soñado con ganar el Tour yo nunca le decía que no. No sentía que tuviera ese derecho a decírselo, porque por una noche todos merecemos creer en los Reyes Magos.

—Es verdad.
—Porque es así. Luego, ya será la vida o el ciclismo, en este caso, el que te colocará en el sitio que te corresponde y aprenderás a admitirlo. Tendrás que admitirlo, porque en el primer kilómetro te caerás, en el segundo te quedarás cortado por el viento y en el tercero te tendrás que parar para ayudar a tu líder… Pero si admites el sitio que te corresponde, puedes ser feliz. Yo he tenido amigos trabajadores del ciclismo, volcados en cuerpo y alma en sus líderes, que han sido muy felices, y mire que no quiero ir ahora de predicador… Es más, le diría que soy perezoso para hablar porque la historia ya pasó, mi época ya pasó…, pero usted me está incendiando (risas).

—¿No podemos volver al pasado entonces?
—Sí, y es bueno revisarlo, porque entonces descubrirás gente que no conocías que merecía la pena que hubieses conocido. Al final, todos nos daremos cuenta, hasta yo mismo, que sólo soy un pobre diablo, de que la historia se repite y de que la frase que hoy te parece prodigiosa ya la había dicho Aristoteles hace miles de años…. En el fondo está todo hecho, amigo.

—¿Hasta en el ciclismo?
—No, ahí es donde hay una evolución porque es un reflejo de la tecnología. Y si algún día se va a poder volar en dos horas de Londres a Nueva York…, ¿cómo no van a evolucionar las bicicletas? Pero, afortunadamente, siempre dependerá de los pedales, de la fuerza humana, de las posibilidades de la cabeza de cada uno, de cosas que no se podrán programar.

—¿No programaba usted nada?
—Se programaba todo o, como mínimo, se intentaba. Pero es que ahora es igual, porque tiene que ser así, Siempre se ha de tener todo estudiado. Pero no yo, sino todos. ¿Quién no se ha recorrido las etapas claves del Tour? Pero lo que no se programa es un dolor o un desfallecimiento y eso es lo que te obliga a improvisar. El mero hecho de escuchar al médico o de que te venga un corredor que se queja de un dolor… Entonces te das cuenta que de lo que se trata es de que ese dolor no te desnude por completo. El plan es la supervivencia.

—¿Fue usted un superviviente?
—No diría eso. O, si acaso, tendría que recordar que supervivientes somos todos. En cada equipo siempre hay un ciclista que está tocado. La supervivencia entonces es la de superarlo cada día y la de entender que, aunque hablamos de hombres que se levantan todos los días a la misma hora y que comen y desayunan lo mismo, no pueden estar todos perfectos; unos sí y otros no, como en la vida.

—¿Vivió el Tour perfecto?
—No, no conocí ningún Tour en el que no hubiese que solucionar algún problema…

—¿Fue mala suerte?
—Fue la lógica.. porque tiene que ser así y porque debe ser así. No hay alegría importante si no pagas un tributo. El Tour perfecto no existe para nadie. Si logras el objetivo de llegar a París de amarillo es porque has pagado un precio. Máxime si partes de favorito como nos pasaba a nosotros, lo que te obliga a aportar más. De ahí entendí que un triunfo, sea el que sea, puede ser bonito, pero nunca puede ser fácil o sencillo….

—¿No fue fácil para Indurain?
—No lo creo. Es más, tuvo momentos en los que sólo él sabe lo que pasó. Su cabeza, su organismo, su vida. Pero nosotros claro que lo vimos sufrir, porque lo veíamos en su cara nada más llegar a la meta e íbamos a por él para que empezase a recuperar lo antes posible porque igual al día siguiente tocaba Luz Ardiden, Alpe d’huez…, lo que fuese. Y recuerdo que la gente, los periodistas, se enfadaban, porque te lo llevabas, pero tú habías visto su cara y lo veías claro: ‘Hay que ponerse manos a la obra para recuperar lo antes posible’.

—Hay que conocer las historias por dentro.
—Pero también hay que entender que no es posible ganar con facilidad. Al menos, yo no vi a nadie que lo hiciese en mi época. No sé antes, porque a Anquetil lo llamaban el Mozart del ciclismo, el Mozart, ¿se da cuenta de lo que es eso?… Pero después le puedo asegurar que hasta esos a los que llamaban los caníbales (Merckx, Hinault….) tenían que sufrir.

—¿Tuvo usted buena relación con Pedro Delgado?
—Siempre entendí que el director no tiene por qué ser amigo del ciclista. Hay que ser correcto, que es distinto. Pero, al final, hay momentos que unen tanto… Mire, yo siempre recordaré el prólogo de Luxemburgo, en el Tour del 89, en el que arrancamos con 2:40 de retraso… ¿Qué hacías en este momento? A la tarde, él estaba hundido. Fui a su habitación y me encontré un hombre al que se le caían las lágrimas y que me preguntaba: ‘¿Qué cosas dirán?’. Al día siguiente, perdimos otros cinco minutos en la contrarreloj por equipos con lo que empezamos con menos siete, literalmente últimos en la clasificación, y, sin embargo, acabó el Tour tercero… Para mí, fue uno de los grandes triunfos de Perico y el que menos se valoró…

—Era un genio, Perico.
—¿Qué es ser un genio?

—No lo sé, la verdad.
—Hay que tener mucho respeto a esa palabra, no se puede utilizar en cualquier momento, pero si me dice que, desde el primer momento, desde el Tour del 83, Perico fue listo para averiguar dónde estaba su sitio entonces le digo sí. Abiertamente, sí. Supo que era un hombre Tour destinado a optar al podio y no hubo que convencerle de nada y entonces yo empecé a decir: ‘¿Qué cosa tendrán los castellanos éstos?’, porque primero fue Bahamontes, luego Ocaña, luego Arroyo y el remate fue Perico…

—¿No volverá usted entonces?
—No puedo volver. Cada uno tiene su tiempo. En este ciclismo, con tantas máquinas, yo no me enteraría. No me entero cuando salgo a dar una vuelta con mis nietos y se ponen a buscar Pokemons, les pregunto ¿qué es eso y me dicen, ‘ya te explicaré, abuelo’… No, hay que ser realista. Yo tuve mi época en la que no sé si merecí tanto, porque todavía hay gente que viene y me dice: ‘Qué buenos ratos pasamos’. Y basta así, ya no hace falta más.

1 Comment

1 Comment

  1. jafet

    11/07/2018 at 09:15

    grande echavarri y mito.

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