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Pedro León hizo el gol de la victoria para el Eibar. CORDON PRESS

Rayo

Mal de muchos, consuelo del Rayo

Los empates de Villarreal y Celta hacen que la salvación no se le aleje mucho más a los de Jémez, que cayeron en Ipurúa (2-1). Pozo adelantó a los madrileños, pero el Eibar le dio la vuelta en la segunda mitad

No es buena señal que lo mejor que te suceda no te tenga como protagonista. Y eso es lo que le ha pasado al Rayo en esta jornada intersemanal, en la que la combinación de su resultado y el de los demás continúa situando la permanencia a dos partidos. Pero son dos encuentros que hay que ganar, claro, y solo quedan ocho jornadas. Y se viene de no sumar los tres puntos en ninguna de las nueve últimas…y desde luego el camino de Eibar no es el adecuado para cambiar la tendencia.

Saltaron los armeros al campo de la manera más habitual cada vez que son ellos los locales: mordiendo y jugando. Los rincones de Ipurúa no tienen secretos para los de Mendilibar, que en diez minutos ya se habían aproximado tres veces con peligro. Se repetiría un patrón que en el segundo tiempo fue mortal: jugada que arranca por la izquierda y se finaliza en el otro costado. En este inicio los ejecutores fueron Carmona y Rubén Peña dos veces, ese lateral obrero y anti-moderno que ocupa cuando quiere todo el carril. Su compañero de banda, el ardiente Orellana, esta vez estaría más apagado para fortuna rayista, que veía sufrir a sus laterales, en especial a Álex Moreno, quien por otro lado sí pinchaba como una aguja arriba y creaba angustia en los vascos.

Los mismos once jugadores que pasaron por encima del Betis se fueron sacudiendo el agobio hacia la mitad del primer tiempo, con Bebé entrando en juego y con RDT finalizando. Tuvo una clarísima el 9 del Rayo en el 27’, tras jugada del portugués. Empezaron a acudir los fantasmas del susurro “Si perdonas, lo pagas”. Los espíritus agoreros de las ocasiones erradas se juntaron con los que animan a los defensas a cometer errores incomprensibles. Una cesión de Ba, no quedó muy claro a quién, se convirtió en una asistencia a Kike, que milagrosamente despejó Dimitrievski. Aún con el desfibrilador en la boca, el fútbol continuó con sus giros de guion, macabros o maravillosos según la camiseta. El contragolpe de los visitantes acabó con una gran triangulación entre Álvaro García, RDT y Pozo, definida por el centrocampista malagueño con sutileza. Del 1-0 al 0-1 y de ahí al descanso. A asimilar lo sucedido.

 


Dos cambios, dos goles


Mendilibar, listo como pocos y que había rotado, metió en el campo tras el asueto a Jordán y Pedro León. Pero eso no hizo que el partido cambiase en exceso: se jugaba en pocos metros, con defensas relativamente adelantadas y, a causa de las imprecisiones, la pelota duraba poco en cualquiera de las 44 botas que había sobre el césped. Y en ese relativo no pasar nada, con menor presencia en las áreas que en el primer tiempo, se produjeron los dos zarpazos aislados del Eibar. El empate fue obra de Charles en el 64’, después de asistirle Cardona con la cabeza y meterla él en las redes de la misma manera. El 2-1 lo anotó Pedro León, un Cazorla más antipático, que rompió a llorar al marcar después de estar nueve meses en el dique seco. Cote, desde el lateral izquierdo, cruzó un balón que debía haber cortado su homólogo rayista. Lo que pasa es que Álex Moreno andaba arriba y era Bebé el que, tarde, cerró sin contundencia. El ímpetu de búfalo que demuestra atacando se convirtió en un maullido defendiendo: su intento de carga casi dejó al murciano del Eibar en mejor posición. Su toque sutil pasó entre las piernas de Dimitrievski.

Fue triste, pero el Rayo no sacó el orgullo del renacido ni las ganas del hambriento. Los minutos pasaban, los refrescos se producían –Javi Guerra, Kakuta y Embarba por Tito, Álvaro García y Medrán– mas la sensación era de que el empate no andaba ni cerca. Solo en el descuento cambió eso, con un tiro arriba de Mario Suárez –a pase de Ba, fíjense la incidencia de los hombres ofensivos- y otro aún más a las nubes de Kakuta, que remató una jugada de varios despropósitos: Bebé centró fortísimo primero cuando debía haber acompañado la pelota y después el extremo franco-congoleño no la dio atrás cuando debía, para disparar a continuación sin peligro alguno.

Y ahí murió el Rayo, que el sábado vuelve a tener otra ocasión de engancharse. Quedan 24 puntos, ocho vagones y varios equipos que ya han comprado su billete en primera clase. Los asientos se agotan. Y podía haber sido peor.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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