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Fútbol

El “Get Back” de Klopp

Cincuenta años después del mítico concierto de Los Beatles, el Liverpool entona su particular Get Back. El tema estrella de aquella actuación es el leit motiv de un equipo en busca del título que se le resiste desde hace tres décadas.

Cuando los cuatro tipos más famosos de Liverpool daban su último concierto, Klopp era apenas un renacuajo de año y medio. A Jürgen todavía no le apasionaba el rock & roll, ni siquiera el fútbol había llegado a su vida, pero a buen seguro que se hubiera removido en su cuna al escuchar a los Beatles. Aquel año de 1969, en el que la separación de la banda parecía ya inevitable, fue también el del mítico concierto en el tejado del Apple Corps. Como si de un partido abortado en el entretiempo se tratara aquella actuación rondó los 45 minutos y jamás tuvo segunda parte. El show empezó y terminó con las notas de Get Back, una canción que cincuenta años después los aficionados del Liverpool entonan con la esperanza de hacer realidad el estribillo de la misma. “Regresa, regresa a donde una vez perteneciste”. Por lo pronto, su Liverpool está encaramado a la azotea de la Premier. Si los reds ganan hoy al Leicester se pondrán con siete puntos de ventaja sobre el City de Guardiola.

En 1969, el campeón tampoco fue red. El Leeds se impuso en la entonces denominada First Division con seis puntos de ventaja sobre el Liverpool. Al menos al equipo dirigido por Bill Shankly, una de las mayores leyendas del banquillo de Anfield, le quedó la satisfacción de haber superado al rival conciudadano, el Everton, que fue tercero. Los pupilos de Shankly habían empezado la década de los sesenta en Segunda División, mientras que los cuatro melenudos que cambiarían la historia de la música luchaban también entonces por abrirse paso en pequeños pubs y antros de todo tipo. En 1962 el Liverpool consiguió el ansiado ascenso a la Primera División inglesa. Apenas un año después los Beatles alcanzaron su primer número uno en la lista de ventas británicas (Please, Please me). Pese a los dos alirones cantados por los pupilos de Shankly (1964 y 1966), el referente cultural y social de la ciudad durante esa década será el cuarteto dirigido por Brian Epstein, manager del grupo. Acababa de nacer la Beatlemanía.

El relevo a aquella popularidad desenfrenada lo tomaría el Liverpool en la siguiente década, con los Beatles ya separados. El equipo entrenado ya por Bob Paisley (el entrenador que más trofeos conquistó para los reds) se convirtió en el referente futbolístico en Reino Unido (cinco Ligas), además de conquistar dos Copas de Europa consecutivas (1977 y 1978) y dos Copas de la UEFA (1973 y 1976). El dominio se extendería también a la siguiente década con dos nuevos entorchados europeos (1981 y 1984) y hasta seis títulos ligueros. El contador se detuvo entonces, aquel 28 de abril de 1990, con otra de las leyendas del club sentada en el banquillo: Kenny Dalglish. Han pasado 29 años de aquello, la First Division se ha transformado en la universal Premier League y el Liverpool sigue anclado en la liga número 18. Es cierto que ha rozado el campeonato en alguna ocasión, pero nunca ha vuelto al número uno en la lista de equipos de Inglaterra.

 


Klopp, el quinto beatle


Jurgen Klopp llegó a la ciudad bañada por el río Mersey persiguiendo lo que durante tanto tiempo pareció una quimera. Fue en octubre de 2015 cuando su personalidad arrebatadora y su optimismo contagioso empezaron a conquistar fieles nada más pisar Anfield: “Dejen de pensar en el dinero. Solo fútbol. Si los fans quieren ayudar al Liverpool deben cambiar, deben dejar de ser dubitativos y pasar a ser creyentes”, dijo en la rueda de prensa de su presentación. Klopp había logrado en apenas una mañana una conexión con el club, con los aficionados y con los simpatizantes del Liverpool de carácter casi religioso. Aquel día en otro regate de genialidad, Jurgen se autodenominó como The Normal One. La portada de su primer disco ya tenía título.

Aquella conexión con la grada se extendió al vestuario. A un agitador emocional como es Jurgen no le costó mucho llegar con sus mensajes a los jugadores. Los resultados se vieron de inmediato en un torneo de eliminatorias como es la Europa League. Con el amparo de Anfield se plantaron en la final, tras dejar por el camino a Manchester United, Borussia Dortmund y Villarreal. Pese a ello en mayo de 2016, el siguiente escollo fue insalvable. Apenas seis meses después de que Klopp tomara las riendas del banquillo red, el Sevilla pasó por encima del Liverpool (1-3). Su equipo no era todavía puro rock & roll, mucho menos heavy metal, tal y como ha definido su fútbol el propio técnico alemán. Pero la imprescindible sacudida que había dado al club inglés tanto en lo deportivo como en lo emocional, auguraba buenos presagios para una entidad que llevaba demasiados años anclada en el pesimismo.

El origen alemán de Klopp vuelve a conectar al entrenador, a la ciudad y al club de Anfield con los Beatles. Porque fue en Hamburgo donde la banda de Liverpool hizo su particular Erasmus, a principios de la década de los sesenta (1960-62), siendo reconocidos antes en pubs y clubs de striptease como el Indra Club, el Kaiserkeller o el Top Ten, que en su propio país. Así lo resumía el propio John Lennon: “Yo nací en Liverpool, pero crecí en Hamburgo”. Antes de tocar sus mejores hits en Dortmund, Klopp había tenido su propio desencuentro con Hamburgo, al que su aspecto desaliñado había descartado para ser el inquilino de su banquillo. Si buscan fotos de aquellos años, observarán un look muy beatlemaniaco en Klopp.

Quizá por ello desde el mismo día que se anunció su contratación con el Liverpool el matrimonio sonaba perfecto: “El Liverpool es un club especial, no es un club corriente. Era el lugar perfecto para mi siguiente paso. Me atrae cómo la gente vive el fútbol aquí”. En este tiempo Jurgen se ha convertido en una especie de Brian Epstein, el verdadero artífice del éxito de los Beatles. Al igual que este, Klopp es el manager del club, mucho más que un entrenador que ha ido tocando teclas, moldeando el juego de su equipo, decidiendo los fichajes que apuntalaban sus debilidades y aumentando las ansias de victoria en unos jugadores que ya atacan y defienden al más puro estilo Klopp, “a todo gas”. Es cierto, que con todo eso no le dio para imponerse al Real Madrid en la pasada final de la Champions, pero la sola presencia del Liverpool allí ya era todo un éxito, uno más camino de la cima.

Esa tarde en Kiev bajo palos no estaba Allison, el último fichaje para apuntalar la columna vertebral de los reds y que se extiende desde el portero brasileño hasta Mohamed Salah, pasando por el mejor central del mundo esta temporada, Virgil Van Dijk, y por el infatigable Henderson en el centro del campo. El cancerbero ha echado el cerrojo a la portería de Anfield y ha resultado clave, junto a un sistema defensivo cada vez más engrasado, para que el Liverpool se haya mantenido invicto hasta enero en la Premier League. Más dificultades ha mostrado en Champions, donde ha perdido todos los partidos disputados lejos de Anfield (París, Nápoles y Belgrado), clasificándose como segundo de grupo por los pelos. Lo que refuerza la idea de que el torneo doméstico es el objetivo principal de la temporada.

Todo resultará más fácil si los solistas siguen brillando como hasta ahora. Después de un inicio de temporada dubitativo, Mohamed Salah ha vuelto a ver puerta con facilidad y ya ha cantado más goles que nadie en la Premier (17). El egipcio está bien escoltado por Sané y Firmino (ambos con 9 goles) y para la gira de esta temporada han sumado una nueva pieza, Xherdan Shaquiri (6 goles), que ya ha aportado actuaciones decisivas. Klopp también ha estimulado y promocionado a la clase trabajadora, tan representativa de la ciudad, ejemplificada en el equipo por hombres como Milner, Robertson, Alexander Arnold o Wijnaldum. El resultado es un equipo rocoso, que ha hecho de la presión y la velocidad sus señas de identidad, pero que ha aprendido también a abrir defensas cerradas y a encontrar unos espacios cada vez más reducidos. Entre medias, y gracias en gran medida al rendimiento de Van Dijk, ha mejorado su sistema defensivo para reducir las opciones del rival (13 goles en contra en 23 partidos, el equipo menos goleado).

A 15 jornadas para el final y con cuatro puntos de ventaja sobre el City de Guardiola que podrían ser siete esta noche, los reds otean el horizonte desde la azotea de la Premier League. Mientras tanto, el rumor de ver campeones a los suyos, crece a orillas del Mersey. Son sueños con sordina, en cualquier caso, porque está muy reciente la decepción de 2014, cuando el título se les escapó de los pies, en aquel fatídico resbalón de Gerrard. Pero entonces no estaba Klopp, catalizador de emociones colectivas que ha transformado al club en apenas tres años. Para el Liverpool resultará fundamental burlar la presión después de pisar los grandes escenarios europeos. Ahora vuelve a sonar con fuerza en Inglaterra, donde los resultados le han colocado en el número uno de la Premier. Permanecer allí hasta el final de temporada es el reto mayúsculo que tienen Klopp y los suyos, asaltar el último piso del éxito y disfrutar de un trofeo que se le niega a los reds durante los últimos 29 años bajo los acordes de Get Back. “Regresa, regresa, regresa al lugar al que un día perteneciste”. No habrá bobbys suficientes en Liverpool para abortar esa fiesta.

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