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Nadal celebra un punto ante Basilashvili I @usopen

US Open

El hombre tranquilo

Rafa Nadal supera a Basilashvili en cuatro mangas (6-3, 6-3, 6-7 y 6-4) y se las verá ahora con Thiem en cuartos de final.

Nueva York nos regalaba una tarde donde el calor daba un respiro y la humedad no iba a sentirse con tanta intensidad en las venas. Un momento para poner a prueba las piernas después de una batalla que Rafa superó con su ambición habitual, pero también con algunos temblores en su rodilla derecha. El duelo contra Khachanov revivió varios fantasmas de los que Nadal no quería ni oír hablar en la rueda de prensa posterior a su victoria ante el ruso. Ante Basilashvili, un invitado inesperado en los octavos de final del US Open, Rafa tenía que probarse como había hecho tantas otras veces, pero con mucha más experiencia a sus espaldas y, a estas alturas, con el deber más que cumplido.

A priori, el estilo de juego del georgiano iba resultarle más cómodo a Nadal, para empezar, porque no tendría que alejarse tanto de la línea de fondo como sí tuvo que hacer frente a Khachanov para quitarse los misiles del ruso de encima. Rival nuevo, vida nueva. Más metido en pista, Rafa disfruta y puede dibujar un semicírculo con su derecha por encima de su cabeza (como si de un halo se tratase) con mucha más soltura y eficacia. Rafa quería sacarle más partido a su drive y cuando lo hizo, Basilashvili perdió la paciencia (6-3).

 

Con un set en contra, Rafa se engrandece. Los partidos no terminan hasta que él mismo lo decide. Pero con un set a favor, el balear crece varias tallas, mientras sus rivales se encogen. Quizá esa sea la principal diferencia entre Nadal y el resto, la confianza en uno mismo. La agresividad de Basilashvili se quedó en las calaveras que llevaba bordadas en la camiseta, en la cinta y en las muñequeras, pero el georgiano no demostró poder ser un obstáculo en ningún momento del segundo set, y era ahí o nunca. Sin desgaste y nadando con la corriente a favor, el español se apuntaba la segunda manga casi como si nada. Después de la tormenta ante Khachanov, las aguas volvían a estar en calma (6-3)

 

El tercer set fue un oasis en el desierto para Basilashvili. El georgiano encadenó unos cuantos reveses cruzados a media pista que petrificaron a Nadal. Sin hacer un gran despliegue, le robaba el tercer set en el tie break (7-6) y alargaba un partido que en principio parecía que podría resolverse por la vía rápida para el español. En el tenis no debe darse nada por hecho, por cierto.  En esta edición, Rafa ya tiene sobre sus hombros partidos de diferentes registros, cosa que le viene muy bien de cara a un recta final donde habrá que afilar la empuñadura.

Mientras Basilashvili despertaba demasiado tarde como para echarle el aliento en la nuca a Rafa o meterle el miedo en el cuerpo en el cuarto set, el balear, muy sereno durante las tres horas y media, ya fijaba su mirada en el horizonte (6-4), en la disputa de los cuartos de final. Lo hará contra Thiem, un enemigo íntimo y un jugador llamado a encabezar la transición dulce. Una transición que esperemos que Rafa Nadal vuelva a retrasar, por lo menos, durante otro Grand Slam.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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