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El papel de mi vida
Teresa Velayos y Andrés Arconada, con su libro 'El papel de mi vida'.

Cine

“Los actores recuerdan sus papeles en el cine por el momento personal en el que les llegaron”

Andrés Arconada y Teresa Velayos recopilan en su libro El papel de mi vida las películas más representativas de actores españoles.

Andrés Arconada y Teresa Velayos les propusieron para su libro El papel de mi vida elegir entre sus películas más representativas, pero algunos les sorprendieron, como es el caso de Charo López, que se decantó por Ditirambo, que fue “su primera película, la más oscura, la más rara, porque ella no pensaba dedicarse a esto del cine”. María Barranco, por su parte, eligió Las cosas del querer y no Mujeres al borde de un ataque de nervios porque “gracias a Cristina Almeida, que la recomienda a Luis Sanz, hace la película, porque la de Almodóvar aún no se había estrenado y no había alcanzado la trascendencia que luego tuvo”.

Andrés Arconada y Teresa Velayos, los autores, nos cuentan que la parte difícil de crear este libro fue encajar agendas de los actores para poder charlar con ellos. La obra se ha escrito en apenas un año porque “los actores conocen a Andrés, se sinceraron con él, está claro que cada película que han elegido les ha marcado pero había que contarlo y ahí se han vaciado con Andrés y le han contado muchas más cosas de las que contaron en la promoción de esas películas”. Los actores sólo cuentan su experiencia y sus recuerdos, pero hay más trabajo detrás y esa labor ha sido la más trabajosa, la de recordar el momento histórico y la situación propia de la película.

La editorial sólo puso dos condiciones para hacer el libro: que estuviesen representadas todas las generaciones y que los actores estuviesen en activo. Son actores de distintas épocas, que reconocen que esos papeles les cambiaron la vida y que, además, los espectadores les empezaron a mirar de otro modo, como es el caso de Juan Diego y Los Santos Inocentes: desde esa película, siempre es el malo.

No todos eligen la película que les encumbró, como es el caso de Fernando Tejero, que apostó por un cambio de registro: se involucró tanto que incluso buscó financiación aunque después “el resultado no fue el esperado y no estamos hablando de la película ni de la taquilla, sino de lo que pasó alrededor de este trabajo”.

El libro arranca con La casa de la Troya, en 1959, y llega hasta nuestros días: los problemas de los actores eran unos en los 50 y otros ya en el siglo XXI. Belén Rueda recuerda el “susto” que se llevó cuando Alejandro Amenábar la eligió, a ella que venía de la tele, para Mar Adentro.

Si piensas en Verónica Echegui, te llena la memoria aquella Juani que ideó Bigas Luna, pero la actriz recordará siempre el universo único de un director que marcó su carrera y su manera de entender este oficio.

Otros actores recuerdan un momento concreto del rodaje que les marca, como el de Inma Cuesta y el caballo que siente su dolor en una escena de La Novia y que incluso llega a acariciar la cara de la actriz.

Decir Maribel Verdú es hablar de una actriz completa, que supo parar cuando no tenía papeles en el cine y apostar por el teatro: se atrevió a cruzar el charco para trabajar en México y su valentía tuvo su recompensa con El Laberinto del Fauno. Una valentía que no pierde, ni siquiera cuando escribe su carta a los lectores de este libro y reconoce que no se valoraba su trabajo y que se sentía mal: no había premios, no había trabajos que merecieran la pena.

Algunos han vuelto a ver las películas que protagonizaron, aunque “son muy malos espectadores de sí mismos”, si bien Ana Belén vio de nuevo La Corte del Faraón y dice la actriz que “ha envejecido bien”. A Eduardo Noriega, por su parte, le sorprendió ver de nuevo en pantalla grande El espinazo del diablo y disfrutarla tanto.

Para Emma Suárez, la película que le marcó fue El perro del hortelano, por la dificultad del verso, por la financiación, porque se paró el rodaje y se dedicó a otros trabajos actorales y después retomó su personaje y la terminaron de rodar.

Carmelo Gómez, además de enfrentarse a los vaivenes de este oficio, no tenía a su familia muy convencida de que esto de actuar le iba a dar para comer. Y llegó Los días contados y después La Regenta.

El prólogo lo escribe Fernando Méndez Leite, amante de nuestro cine, y el epílogo le corresponde a Álex de la Iglesia, aunque ninguno de los 47 actores haya elegido ninguna de sus películas.

No te preocupes si no has visto alguna de las películas, el libro te lleva de viaje por el metraje, la época, las críticas de la prensa y los recuerdos de los actores. Disfruta de la lectura.

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