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Lucas Vázquez caer en el área , mientras Buffon no pierde de vista el balón I CORDON PRESS

Champions

Ser o no ser

Una pena máxima en el tiempo añadido salva al Real Madrid ante una Juventus que marcó tres goles en el Bernabéu y empató la eliminatoria.

Gritas y luego callas. Y gritas y callas. Primero gritas por el penalti con el tiempo cumplido y porque lo pareció. Hay una impresión del directo, aunque sea vía satélite, que nos resulta inequívoca hasta que vemos la repetición en cámara lenta, ángulo múltiple y toma ampliada. Entonces, yo lo confieso, lo parece menos. No niego que lo sea, pero pudiera no serlo. Y por si lo fuera, grito. Y por si acaso, me callo.

Por más vueltas que le doy, no entiendo que Lucas, la víctima, no atacara antes al balón. Sólo se me ocurre que escuchara por detrás el bufido de Benatia, o que lo intuyera, y tomara la decisión inconsciente de ser víctima antes que héroe. Comprendo el terror que se debe sentir en ese instante, el pavor a fallar, los músculos atenazados; piensen en el miedo que se siente frente a un auditorio que suele ser amigo o que suele ser estar dormido. Imaginen ahora que es el mundo quien mira y quien juzga; supónganse rodeados de gritos, expectativas y ansiedades; de centrales con cuchillo. Entenderán mejor.

La duda es si el contacto fue suficiente, doy por hecho que existió, la incógnita es si Lucas se derrumbó o fue derribado, y para mí es una incertidumbre fundamental para saber cómo debo afrontar la noche, el día de mañana y los que vendrán después. Necesitaría resolver la duda para saber si debo expresar alegría o desinterés, para empatizar o no con Buffon y con la indignación de los italianos, o para censurar su sobreactuación.

El resto sí puedo explicarlo porque tiene nombre. Se llama fuerza histérica. En determinadas situaciones de pánico, o cuando la supervivencia corre peligro, las personas somos capaces de multiplicar nuestra fortaleza hasta límites extraordinarios. Conozco a un tipo, y lo conozco bien, que retorció el volante de su coche como si fuera de barro mojado durante un accidente de tráfico, y no es alguien demasiado vigoroso, insisto en que lo conozco bien. Se cuentan casos en los que se levantaron automóviles para salvar a un herido o para rescatarse a uno mismo, y pudieran ser ciertos porque la Juventus le marcó tres goles al Real Madrid en 60 minutos.

Como tantas cosas, es una cuestión química. La adrenalina se desborda y el cerebro acepta la excepción. Si no lo hace en otras situaciones, digamos deportivas, es para no hacernos daño. La fatiga no es un límite, sino una advertencia.

La Juventus recurrió a la fuerza histérica para avasallar al Real Madrid desde el primer minuto y para inculcarle el miedo, para negarle el control sobre el juego y sobre la noche, para arrebatarle las riendas de su destino.

Fue endiabladamente extraño. En lugar de proteger sus tres goles de ventaja (luego dos, luego uno…), el Madrid se obsesionó con marcar el gol que le salvaría de lo que todavía no había pasado.

Marcaba Mandzukic, pero Douglas Costa lo hacía todo. En la ida celebramos que no tuviera la menor idea de lo bueno que era. Bien, pues alguien se lo ha dicho. Es uno de los futbolistas más desequilibrantes del mundo y debo pensar que también es uno de los más desequilibrados por lo espaciado de sus exhibiciones. Fue él quien desquició al Madrid en compañía lejana de Matuidi y de un equipo de lija. Fue él quien tuvo en su mano (en su zurda) firmar los despidos de Zidane, Keylor, Bale y unos cuantos más.

Es verdad que la Juventus aflojó cuando empató la eliminatoria; a partir de ese momento no se comportó como un suicida, sino como un especulador. Es cierto que el Madrid dominó en ese tramo y registró ocasiones que cuentan por acumulación. Sin embargo, estoy por pensar que los italianos trasladaban el pleito a la prórroga con plena consciencia de que el Madrid terminaría por descubrirse.

Lo del final me siento incapaz de descifrarlo y sé que la duda me condenará de todas las maneras posibles. Lo pareció en directo y no queda claro después. Quién lo sabe, ni niego ni concedo, pero con ciertos pesos cuesta saltar.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

2 Comments

2 Comments

  1. David

    12/04/2018 at 09:59

    ¿Empatizar con Buffon? Ni los suyos lo hacen, Juanma; ni creo que él mismo pasados unos días y habiendo reflexionado sobre el partido, la eliminatoria y las barbaridades que dijo.

    Por cierto, el 0-3 era totalmente inmerecido llegados al minuto 90, tanto para la Juve (dos regalos en defensa y uno del guardameta) como para el Madrid (salvador Buffon y el árbitro anulando el gol legal de Isco).

    No fue para tanto. Lo único fue el momento del partido y de la eliminatoria donde se señaló el penalti, por lo demás: el Madrid es justo vencedor por juego, dominio, ocasiones, ambición, espíritu y espectáculo.

  2. Manitu69

    12/04/2018 at 11:06

    Soy antimadridista confeso, de siempre, mi padre me lo inculco desde bien pequeñito, pero también he jugado al futbol desde antes de tener uso de razón y solo puedo decir que el que diga que no es penalti es que no le ha pegado una patada a un bote en su vida. Por mucha cámara lenta o angulo que o veas, es imposible que el cuerpo de Lucas exagere el empujón de la manera que lo hace sin tener ojos en la nuca. Lo arroya y ademas no hay ni una sola toma donde se vea que toca antes el balón que al jugador. Me da rabia, sobretodo por los jugadores de la Juve, el esfuerzo, tenerlo tan cerca pero, el futbol es ingrato a veces, como la vida misma.

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