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El subidón del Betis parte al Rayo

Los de Míchel no fueron peor que los verdiblancos, pero ante el primer derechazo los vallecanos no fueron capaces de levantarse de la lona. Tanto que Sidnei emuló a Beckenbauer.

El alto voltaje en el Villamarín va más allá de la salida de los equipos al terreno de juego. Cuando el juego de luces anuncia una subida de tensión que por momentos parece terminar en apagón colectivo. Cuando el equipo de Quique Setién parece fundir sus propios plomos ante una posesión inoperante. Cuando Pau López se convierte en el más inspirado de los verdiblancos. Cuando todo eso ocurre, justo entonces, llega el fogonazo. La luz ilumina Heliopolis. Ya sea en un golpeo de Lo Celso o en un Sidnei imbuido a la vez por el espíritu de Curro Romero y de Beckenbaur. Suficiente para ganar el partido. El reverso de ese haz de luz es el Rayo, donde la oscuridad de la clasificación opaca todo lo bueno que los de Míchel dejan sobre el campo. No fueron peor que los verdiblancos pero perdieron 2-0.

Cuestión de dinámicas, por más que los de Vallecas vinieran de reencontrarse con la victoria el pasado fin de semana. Con la confianza de los tres puntos cosechados ante el Eibar se presentaron los de Míchel en el Benito Villamarín. Y así, pese al control del balón de los de Quique Setién, asentado en ese 3-5-2 que hoy se perfiló más como 4-4-2 sobre todo en fase defensiva, los primeros avisos fueron vallecanos. Tuvo que dar lo mejor de sí Pau López para evitar que se adelantara el Rayo. Le ganó la partida a Álvaro García, un dolor de muelas para la defensa verdiblanca cada vez que podía correr. Esa mano salvadora del portero internacional a los 23 minutos fue de las que dan puntos.

Intentaba el Rayo robar el valor más preciado que tiene este Betis, el balón. No lo consiguió del todo pero logró, al menos, dificultar la salida de los de Setién, que no se sintieran cómodos en ningún momento. Lo Celso, Javi García y Canales terminaron de adueñarse del esférico a la media hora y sobre todo minimizar las pérdidas, que eran bombonas de oxígenos para los vallecanos. Sin embargo, en una jugada que se demasiado en Vallecas, el Rayo estuvo a punto de pegarse un tiro en el pie. Fue en un error en el pase de Comesaña que entregó directamente a Loren, aunque el delantero sevillano no atinó de cara a portería.

La siguiente jugada decisiva necesitó ayuda tecnológica. Porque el contacto entre Amat y Loren pasó desapercibida para el colegiado Martínez Munuera. El aviso llegó desde la sala del VAR, en la que aprecieron una infracción que no dejaba lugar a dudas tras un par de repeticiones. Ante la algarabía del Villamarín tomó la pelota Lo Celso para adelantar a los verdiblancos de penalti. El mediocentro argentino se está erigiendo en el jugador diferencial para los de Setién esta temporada. Y además de con su visión de juego está añadiendo goles a su tarea, siete para ser exactos en lo que va de campeonato. El Betis allanaba así un partido pedregoso y arrebataba con suspense tecnológico la débil confianza de los de Míchel.

La puntilla para los de la franja llegó a quince minutos para el final. El balón parecía manso en la divisoria del terreno de juego, en los pies de Sidnei, a quien nadie creyó capaz de la hazaña. Una cosa es que el central haya mejorado su salida de balón y su lectura de partidos con Setién y otra que marque goles que firmaría el propio Franz Beckenbauer.  A medida que avanzaba en campo contrario, mientras los rivales rayistas le flotaban, el central descubría nuevos paisajes, lugares desconocidos, espacios extraños. Al aterrizar en el área, pensó en Curro Romero y en Joaquín, en el pase de pecho y en la finta y el esprint. Le salió un gol de puerta grande, con regate incluido y estocada rasa pero certera. Suficiente para cortar las dos orejas y el rabo al Rayo. Como si fuera La Maestranza, en el coliseo verdiblanco también sacaba pañuelos blancos.

Con el póker de triunfos conseguidos por los de Quique Setién en las últimas fechas el Betis ya mira a Europa. Es séptimo, empatado a puntos con el sexto. Ya tiene más puntos (cuatro más) que a estas alturas del año pasado y el equipo compagina con destreza la competición europea, sin olvidar los deberes domésticos. Todo lo contrario que el Rayo, que tendrá que seguir acudiendo a clases de refuerzo para sacar ventaja de las lecciones aprendidas. A los de Míchel les falta colmillo en el área propia y en la ajena. Parece por tanto, una quimera poderse mantener así en Primera, aunque bien es cierto que todos los días no tendrán que vérselas con actuaciones estelares como las de Pau López y el Kaiser Sidnei. Ese juego de luces, ciega a cualquiera.

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