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Sergio Ramos Supercopa
Sergio Ramos durante un entrenamiento con el Real Madrid I @SergioRamos

Real Madrid

La Supercopa del viejo Tomás

A los atléticos, la presencia de Sergio Ramos les provoca una sensación parecida a que les despierten de un tortazo en medio de una pesadilla.

Una de las historias que más me llamaron la atención cuando estuve en Tallin (y que me gustaría recuperar de cara a la disputa de la Supercopa) fue la que me contaron acerca del hombre que encabeza este escrito. Dicen que cada primavera se celebraba en la ciudad un concurso de tiro con arco, para ver quién era capaz de derribar un papagayo de madera (los estonios son así de exóticos) colocado en lo alto de un poste. Era una tradición anual reservada para hombres procedentes de familias nobles, pero un año, después de que ninguno de los apuestos mancebos consiguiese el objetivo, un muchacho del pueblo llano llamado Tomás salió de entre la multitud, lanzó una flecha y derribó el papagayo. Un flechazo en toda regla. Lejos de ser reprendido por su descaro, Tomás fue nombrado guardia aprendiz, se convirtió en soldado y fue todo un héroe durante la Guerra Livona (1558-1583), un conflicto militar entre Dinamarca, Polonia, Rusia y Suecia para controlar la región histórica de Livonia, actuales Estonia y Letonia. Años más tarde, los habitantes de la ciudad reconocieron la figura de Tomás en la veleta que coronaba el Ayuntamiento. Hoy en día, el viejo Tomás es un símbolo muy querido de la ciudad de Tallin y una leyenda recurrente para los guías turísticos. El que me viene a la mente inmediatamente sufrió un poco más. A Sergio Ramos le costó mucho ganarse el cariño de los madridistas, pero, al final, derribó al papagayo con la mismísima testa.

Aunque haya visto a Modric austero en gestos alegres estos últimos días, confío en que la disputa del primer título del año (una apetecible Supercopa de Europa) le devuelva las ganas de vivir. No aguanto verle triste, aunque podría haber sido peor, podríamos haberle visto feliz en los brazos de otra. Los cuatro encuentros de pretemporada le han servido a Julen para hacerse a la idea de la plantilla con la que cuenta, pero también para perfilar un once que no variará mucho del que vimos hace unos días durante el partido ante el Milán. La titularidad de Keylor es indiscutible a estas horas, y no responde a ningún otro motivo que no sea el poco tiempo de aclimatación que ha tenido Courtois. Yo, que soy muy descarada, habría probado el peso psicológico que habría tenido poner al belga de titular ante el Atleti. Lo mismo a los colchoneros les temblarían algo más las piernas una vez que pisasen el área, y es que no es lo mismo enfrentarse a un nuevo enemigo, que a un viejo amigo.

El viejo Tomás ya ha elegido bando para la Supercopa, es decir, Sergio Ramos sigue siendo el capitán y la voz más potente dentro del campo. Este factor, que a muchos horroriza, me parece elemental para explicar la consecución de cuatro Copas de Europa. Aunque la vida siguió su curso y aquellas imágenes ya solo representan otra parte más de nuestra historia, a los atléticos, la presencia de Sergio Ramos les provoca una sensación similar a que les despierten de un tortazo en medio de una pesadilla. Patalean, blasfeman y tiran de un repertorio muy parecido al que lleva usando Klopp todo el verano. Me sorprende la facilidad con la que los rojiblancos pierden el tiempo en abrazar discursos tan absurdos a estas alturas, ya sean los de Klopp en contra de Sergio Ramos o los de Simeone en cuanto a presupuestos y objetivos.

Disputar una final contra el Atleti es lo más parecido que vivimos los madridistas a meternos en un charco de barro para jugarnos la vida. Bajo mi punto de vista, el equipo vecino es el rival más incómodo al que puede enfrentarse el Madrid, con bastante diferencia, por cierto, respecto al Barcelona. Los rojiblancos nos dan dolor de cabeza, de muelas, no nos permiten ni una tregua durante los 90 minutos y eso, para un equipo tan burgués como el Madrid, es una tortura china. Acostumbrados al relajo y a ganar porque nos obliga la ley, mentiría si no dijese que a veces echo en falta celebrar los títulos de una manera más visceral y no tan programada. En eso sí me dan envidia los colchoneros, aunque entiendo que cuando comes caviar de vez en cuando y no a diario, el paladar lo agradece de otra manera. Cuestión de costumbres.

Me encomiendo, pues, al viejo Tomás para encabezar la toma de Tallín y la conquista de la Supercopa. Sergio Ramos es el hombre elegido para tumbar aspiraciones y para susurrarle al oído a Bale, a Benzema, a Asensio o a Vinicius, que en el Madrid no existen tiempos muertos. Eso sí, no me gustaría que llevase a cabo la tarea con un arco y una flecha, porque los atléticos tienen la piel muy fina y pueden acusarnos de apropiación cultural. Prefiero que use la cabeza, aunque muchos la subestimen. Bendito sea un buen cabezazo a tiempo.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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