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Opinión

Elija su propia aventura

Hay muchas formas de analizar el partido del Atlético contra el Arsenal y aquí las vamos a explorar todas. Como en esos libros de mi adolescencia que se vendían con el reclamo de «elija su propia aventura».

Desde que el fútbol salió del césped para jugarse en la televisión, resulta francamente difícil analizar (o incluso conocer) lo que ha ocurrido en un partido. Las versiones pueden llegar a ser tan antagónicas que es evidente que algo no funciona bien. Ayer jugó el Atlético de Madrid en el Emirates Stadium de Londres y empató a un gol en la ida de las semifinales de la Europa League. Probablemente es en lo único en lo que nos vamos a poner de acuerdo.

Si escribo desde el disfraz de analista deportivo tendré que debatirme entre subir a la turba que defiende la pureza del circo o cometer el suicidio mediático de situarme enfrente, e intentar argumentar mis dudas. Si escribo como aficionado al Atlético de Madrid tendré que debatirme entre apelar a la épica o al cabreo. Al final todo acabará siendo como esos libros de mi adolescencia que se vendían con el reclamo de: elija su propia aventura.

Si fuese un profesional de esos capaces de memorizar jugadores como si no hubiese mañana, me dejaría llevar por la fuerza de la ola para centrarme en los números. En lo “obvio”. En que “técnicamente”, atendiendo al microframe de la enésima imagen congelada del último modelo de cámara súper-hiper-lenta, las dos tarjetas de Vrsaljko lo son. Olvidaría el contexto, claro. Olvidaría también las diferencias de criterio, los registros históricos y la estadística.  Herramientas que, curiosamente, sí me servirán en otras ocasiones. Me centraría en lo bien que hacen paredes los equipos de Wenger y en el baño de juego que dieron a los rojiblancos. Culparía al lateral croata de los males de la humanidad y elogiaría la plasticidad en el salto de ese jugador checheno que nadie conoce. Destacaría los porcentajes de posesión y el gusto por el fútbol que tiene la afición gunner. No como otros. Volvería a decir lo bueno que es Griezmann pero sólo como preámbulo para recordar (otra vez) las mil seiscientas ofertas que tiene para irse a otro equipo, “más acorde” con su estatus. Daría también mi opinión, por supuesto, respecto a la inminente salida de Oblak, el héroe de la noche. Al final, con cara de haberme sentado mal el entrecot, subrayaría el buen resultado que ha sacado el equipo de Simeone.

Si fuese otro tipo de profesional, trataría de encontrar una explicación a lo inexplicable. Buscaría la estadística de partidos de semifinal europea en los que las dos primeras faltas fueron tarjeta amarilla y supusieron la expulsión de un jugador en el minuto 10. Me llevaría una sorpresa. O no. Haciendo un pequeño ejercicio de perspectiva, llegaría a la conclusión de que, en circunstancias normales, Vrsaljko hubiese llegado al minuto 10 con una tarjeta amarilla y sendas regañinas. La del árbitro y la de su entrenador. Sólo después destacaría lo bien que salió el Arsenal al campo y lo mal que lo hizo el Atlético. Lo nervioso que parecieron Giménez o Thomas en ese inicio. Consciente de que todo lo que pasó a partir del minuto 10 estaba condicionado por el celo caprichoso de un colegiado francés que ya tuvo problemas en su país por abrazarse cariñosamente a Lacazette, destacaría lo bien que le vino al equipo tener que tirar de épica. Elogiaría la soberbia actuación de Oblak. Diría igualmente que su renovación debería ser una actividad prioritaria en las oficinas del Atleti. Manifestaría que el error inicial de Griezmann en la jugada del gol viene motivado por el cansancio extenuante que acumulaba en ese momento. Que aun así, es tan buen jugador que fue capaz de transformar talento en energía para llegar a esa última pelota. Me centraría en el gran trabajo táctico de Simeone. En la capacidad de resiliencia de un equipo que se hace más fuerte cuando lo golpean. En lo milagroso de un resultado que colorea de rojiblanco el camino a la final.

Si fuese un aficionado poseído por el rencor mostraría que, atendiendo al microframe de la enésima imagen congelada del último modelo de cámara super-hiper-lenta, se ve que Vrsaljko toca ligeramente el balón en la jugada que supuso su expulsión. Mediante el mismo mecanismo técnico enseñaría la cara de disgusto del colegiado cuando el Atleti empató. Trataría de recolectar el trato que en circunstancias similares sufren los “mejores equipos de Europa”, e intentaría construir un algoritmo que explicase todas esas “anomalías”. Un algoritmo que los que saben de esto calificarían siempre de paranoico. Compararía los distintos análisis que desde los medios de comunicación se hacen de situaciones similares en función de quién protagonice el caso y me cabrearía. Repasaría entonces ese inmenso dossier de Expedientes X que pulula por el imaginario colectivo. Trataría de evitar las aseveraciones ofensivas pero me resultaría muy difícil.

Si fuese un aficionado sensato recordaría las lágrimas que me brotaron con el gol de Griezmann. Lágrimas sinceras, que acumulaban algo más que ochenta minutos de angustia. Sacaría pecho y caminaría orgulloso. Orgulloso de un equipo que compite siempre, a pesar de estar permanentemente cuestionado por el Establishment patrio. A pesar de salir a la jungla completamente desnudo. Así es cómo me sentí ayer. Orgulloso de esa capacidad de sufrir. Orgulloso de unos jugadores que hay que matarlos porque ellos nunca se van a morir. Orgulloso de ser diferente. De que eso que para otros es un problema para nosotros sea una virtud. Orgulloso de poder crecer con los reveses de la vida porque la vida, en la tierra, es así. Con reveses. Orgulloso de ver que en la celebración del gol no había un solo colchonero tirando fotos desde la grada. Orgulloso de querer seguir soñando, a pesar de esos eruditos que tratan de demostrarme que los sueños no existen.

Lo dicho, elija su propia aventura.

Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.

3 Comments

3 Comments

  1. Ramon

    27/04/2018 at 20:24

    Muy buen articulo. Enhorabuena y a partir de hoy tienes otro seguidor más

    • Jesus C C

      28/04/2018 at 13:20

      Mi más sincera enhorabuena por el artículo

  2. Javier

    28/04/2018 at 08:47

    Fantástico artículo. Me quedo con la última aventura.

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