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Encerrados en La Martona

Hace 40 años, España jugó el Mundial de Argentina, un torneo marcado por la decepción de la eliminación y por una penosa concentración en La Martona.

Hoy se cumplen 40 años de la despedida de la Selección española del Mundial de 1978 en Argentina. Un Mundial que en España se recordará siempre por dos motivos: por el fallo de Cardeñosa y por La Martona. El primero, porque su estrepitoso fallo contra Brasil marcará injustamente su carrera. Y el segundo porque con el tiempo se convertirá en el símbolo de lo que no debe ser una concentración, tras las penurias que los jugadores de la Selección padecieron durante su estancia en este lugar.

Situémonos en el tiempo: corre el final del año 1977 y tras el sorteo de grupos para el Mundial 78 y la Federación Española busca un lugar donde realizar la concentración mundialista. Visitan algunos establecimientos cercanos a Buenos Aires pero ninguno les termina de convencer. Finalmente el representante de la Federación, Juan Borrajero, y el segundo de Kubala, Gustavo Biosca, optan por una finca cercana a la localidad de Cañuelas, a unos 50 km al suroeste de Buenos Aires, llamada La Martona. La razón principal, el bajo coste: “Si fuimos allí es porque era mucho más barato el alojamiento. Cincuenta dólares diarios por manutención y dormir mientras que otras selecciones pagaron de 115 dólares diarios para arriba”, declaraba el entonces presidente de la Federación, Pablo Porta. Evidentemente el refrán de “lo barato sale caro”, no resuena en sus oídos.

El Club de Campo La Martona se acaba de inaugurar como lugar recreativo y es, en esos momentos, el más grande de toda América Latina, tal y como recuerda Germán Hergenrether en infocanuelas.com en un reportaje sobre la experiencia de España en el Mundial 78. El lugar está aún en pañales en lo que a los alojamientos se refiere pero en apenas unos meses, los responsables (descendientes de españoles, probablemente) aceleran la finalización de los apartamentos para alojar a España. El comedor tiene incluso un novedoso sistema con pantalla de proyección, que se termina de instalar apenas seis días antes de la llegada de “los gallegos”.

“Las habitaciones o Dormis-House son realmente confortables y totalmente amuebladas. Tienen una ventana mirando al este, por donde se puede ver la salida del sol… En la planta baja están los accesorios de cocina, un hermoso baño, una sala, y en la planta superior se encuentra el dormitorio”. Así lo describe la publicidad de la época y el propio gerente comercial, Julio Candra: “Se hará todo lo posible para garantizar la tranquilidad de la delegación. Los socios no concurrirán al club durante todo el mes de junio para evitar la presencia de curiosos“. La Federación, seducida ante los cantos de sirena, reserva 10 habitaciones dobles y 11 simples.

Por su parte, el Ente Autárquico Mundial, organismo creado por la Junta Militar que somete a Argentina en ese momento, dispone cerca de 200 militares y agentes especiales camuflados como campesinos o albañiles para vigilar los alrededores. En la cocina, además del propio personal, hay dos policías disfrazados de cocineros que se ocupan de probar cada bocado. Vivir rodeado de un ejército no parece el entorno más idílico pero, al menos, el resto de comodidades parecen garantizadas.

Recortes de prensa sobre La Martona.

Recortes de prensa sobre La Martona.

Sin embargo, pronto empiezan los problemas: el Mundial se juega en el hemisferio Sur y nadie parece haber caído en la cuenta de que, en el otro hemisferio, las estaciones están invertidas y en el alojamiento no hay calefacción instalada. El Diario de Burgos en su edición del 2 de junio, da el parte de guerra: “En la estancia La Martona el frío era hoy de apenas un grado sobre cero y los jugadores se lamentan del escaso calor de que disponen con las estufas eléctricas y una chimenea de leña. Y al calorcillo de los leños se pegan los hombres de Kubala en las largas tardes de la campiña que rodea a La Martona después de haber sudado la camiseta por las mañanas”. Ese mismo día, el diario Mediterráneo apunta en la misma dirección: “Los jugadores se quejan del frío ya que por las rendijas de las ventanas metálicas entra un viento frío que los tiene moqueando todo el día. San José mejora demasiado lento de su afección gripal y los demás andan tiritando, encogidos y algo encabronadillos contra el jefe, que dice que ese aire y ese frío les curte”.

Más problemas: el campo de fútbol del club no tiene las medidas reglamentarias, así que el equipo debe trasladarse para los entrenamientos. Por suerte, en Argentina es bastante habitual que los distintos gremios y sindicatos de los diferentes trabajadores tengan una especie de centro social donde juntarse en familia los fines de semana: el Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor cede su campo de fútbol para los entrenamientos de la Selección. Un problema que se convierte, repentinamente, en virtud: los viajes hasta el campo de entrenamiento son el único momento en el que los jugadores pueden salir del lúgubre cobijo. Los Rexach, Migueli, Santillana, Miguel Angel o Marañón ven por la televisión como otras selecciones pasean por la lujosa calle peatonal de la capital argentina mientras ellos permanecen en galeras. Kubala, inflexible, mantiene el encierro monacal.

Miguel Ángel, Leal, Marcelino, Biosca, San José, Olmo; Cardeñosa, Juanito, Asensi, Santillana y Uría

Equipo contra Suecia: Miguel Ángel, Leal, Marcelino, Biosca, San José, Olmo; Cardeñosa, Juanito, Asensi, Santillana y Uría.

La derrota ante Austria en el debut termina de tensar los ánimos: “Hacinados, aburridos, hastiados de la concentración, no hacen sino preguntar a los auxiliares —a Kubala no se atreven— si está prevista alguna visita a Buenos Aires. La Martona es una urbanización en proyecto. Solamente está edificada la estancia, de una sola planta, donde se alojan los jugadores en una especie de bungalows colindantes. El frío y el viento les impide pasear con comodidad, su tiempo transcurre lentamente en el restaurante donde, cuando no ingieren alimentos juegan a cartas o ven la televisión. La Martona es una especie de cárcel absurda. Los jugadores precisan un urgente relax, un día en Buenos Aires para hacer compras, por ejemplo, porque sus nervios han agotado la capacidad de resistencia”, describe La Vanguardia.

Tras el empate sin goles ante Brasil (con el fallo de Cardeñosa) y la prematura eliminación a pesar de la victoria 1-0 sobre Suecia la Selección emprende un triste regreso a Madrid. Los jugadores, recibidos con indiferencia, denuncian en cada entrevista a La Martona como el factor determinante: “La organización ha sido desastrosa y el que diga lo contrario se miente a sí mismo. Se nos dijo que La Martona era una maravilla, que la concentración iba a ser estupenda y luego resultó que era de pena. Por eso nos queríamos marchar. Todo al revés de cuanto nos habían dicho. En La Martona todo lo que digamos del sufrimiento que pasamos es poco. Frío, comida desastrosa, una carne imposible de comer o unos spaghettis cuando lo que te ponían eran fideos y malos. Los errores organizativos eran tantos que no se produjo un plantón de los jugadores de verdadero milagro”. Quien así habla, como tantas veces sin pelos en la lengua, no puede ser otro que Juanito.

Otras voces dicen que La Martona se convierte en el mejor pretexto para tapar la penosa actuación de la Selección, ya que el “lugar maldito” consume más tinta que la propia actuación deportiva. Y quien aquí firma, se pregunta si tal vez no fueron los propios jugadores quienes se autoeliminaron para poder escapar de aquella fría “cárcel”…

Una vida de extremo a extremo: de los secarrales de Castilla a la húmeda yunga tucumana. De Perico Alonso a Messi. De la ingeniería al cine. De la A de Argentina a la Z de Zambia.

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