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Diario de la Bastilla

Million Dollar Baby

Endler no puede parar la lluvia, pero sus manos han tenido la culpa de que el huracán que anunciaba el servicio meteorológico estadounidense se quedase en una simple tormenta de verano

En un abrir y cerrar de ojos, Estados Unidos provoca heridas tan profundas y cercanas al hueso que es sumamente complicado parar la hemorragia con un torniquete. Un buen vendaje a tiempo puede salvarte, o como en el caso de Christiane Endler, puede regalarle a Chile siete vidas más en un partido que perdió demasiado pronto porque se olvidó de defenderse bien, como lo hizo ante Suecia, como un gato callejero panza arriba.

Endler no estaba dispuesta a enfrentarse al monstruo de diez cabezas sin pena ni gloria. Sus paradas no fueron un accidente, fueron goles que Estados Unidos no pudo meter, sonrisas torcidas, celebraciones que tendrán que esperar. En un Mundial donde Vanina Correa nos ha demostrado que ser madre de mellizos es solo el principio, la portera chilena tiene que añadir que, a estas alturas, ya debe ser considerado como una de las tres mejores guardametas del planeta por méritos propios y petición popular. Endler no puede parar la lluvia, pero sus manos han tenido la culpa de que el huracán que anunciaba el servicio meteorológico estadounidense se quedase en una simple tormenta de verano.


Quiero contaros que mi madre ha estado viendo el partido conmigo y ha celebrado cada una de las paradas de Endler como si mis abuelos hubiesen nacido en Valparaíso. De hecho, en esta casa, el partido de Estados Unidos ha pasado desapercibido, quizá, porque a pesar de la simpatía que nos genera la competitividad norteamericana, también nos sentimos identificados con los revolucionarios que se levantan contra el poder establecido y pierden. A ellos les quedará recordar lo que han hecho en pro de las maravillosas minorías, esas que no tienen el poder de Estados Unidos, pero sí el honor de Chile. 

Considerar a Endler como la mejor jugadora del encuentro se me queda corto. Y creo que a Hope Solo, a la que debe ser complicado impresionar porque lo ha ganado todo y porque cuando arquea una ceja tiemblan los cimientos de las barras y de las estrellas, también. Yo le habría dado las llaves de la ciudad, una ciudad en la que la portera chilena ha sido homenajeada con un generoso aplauso al terminar el partido. Y es que París es sensible a los revolucionarios y al arte como ninguna.


Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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