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Boda Harry Megan
El Príncipe Harry y Meghan Markle en el Sunken Garden de Kensington Palace I CORDON PRESS

Sociedad

Enrique y Meghan, una boda de cuento

Hoy se celebra un enlace de cuento. Como si hubiese sido imaginada por el mismísimo Walt Disney, a esta boda no le falta de nada: príncipe rebelde, actriz convertida en princesa, madrastras (bueno, en este caso hermanastros) y todo un reino (y parte de otros) pendientes de la que ya ha sido denominada como la boda del año.

Enrique Carlos Alberto David, 33 años, ocupa el sexto puesto en la línea de sucesión al trono de una de las familias reales con más abolengo de Europa, la británica. Parecía que el joven nunca asentaría la cabeza pero, casualidades de la vida, hace un tiempo se cruzó en su vida Rachel Meghan Markle, 36 años, oriunda de Los Ángeles. Una joven actriz feminista que se ganaba la vida con pequeños papeles en series como CSI. Quien conoce a los novios dice que fue un amor a primera vista.

Se casan en la tierra de él (claro), más concretamente en el pueblo de Windsor, donde la Familia Real británica dispone de un ‘sencillo’ castillo, con capilla, la de San Jorge, incluida. En las calles algunos ya han cogido sitio, a otros (los sin hogar) los han quitado para no enturbiar un día en el que todo tiene que ser prefecto (al menos parecerlo).

Para conocer algunos de los detalles a tener en cuenta en un enlace de estas características, hemos hablado con Pilar Muiños, directora de desarrollo online de la Escuela Internacional de Protocolo de Galicia, para que nos ilustre.

Según destaca Pilar, el enclave elegido para la boda “no es casual”. A la familia del novio les une una especial relación con Windsor (más allá del apellido). Es un sitio en donde a la reina Isabel II —abuela del novio— le gusta “pasar grandes temporadas”. “No es una boda de un heredero directo a la Corona, esto ya marca una diferencia en la ubicación de este enlace con la boda de su hermano Guillermo”, nos informa Muiños.

También vamos a encontrar diferencias en los invitados. A la boda de Guillermo —duque de Cambridge— con Kate Middleton (ahora Catalina, duquesa de Cambridge) asistieron los jefes de las casas reales de todo el mundo. Para el enlace de este sábado se espera más presencia de celebrities del mundo del cine y la televisión que testas coronadas. “La representación de casas reales será más reducida, aunque es cierto que, como casi todos son familiares, no dudo que se enviará a gente en representación”, asegura nuestra experta en protocolo.

Si alguna vez nos invitan a una boda de estas características, y no queremos desentonar con el atuendo, debemos de estar atentos al código que se marque para los hombres. “Es una boda de mañana, por lo tanto los hombres deben vestir de chaqué o traje oscuro y eso hace que las mujeres tengan que ir de traje corto”, nos aclara Pilar.

Como en todos los enlaces, se guarda un estricto secreto sobre el traje de la novia (en este caso también sobre el del novio). Todo apunta que, aunque es su segunda boda –se casó en 2011 con un productor de televisión- , Meghan seguramente optará por un vestido de novia blanco pero “no excesivamente sexy o provocativo”, como marca el protocolo.

¿Y el novio? Parece que puede apostar por darse el ‘sí, quiero’ con uniforme militar. Así lo hicieron su abuelo, padre y hermano en sus respectivas boda, toda una tradición en la familia.

Será cuando los novios lleguen a la capilla, el momento en el que salgamos de dudas. En San Jorge sellarán su amor ante Dios y ante unos 600 invitados. Posteriormente, los novios se darán un paseo en carruaje por las calles de Windsor para que el pueblo observe y se sienta un poco partícipe de todo esto.

Finalmente, todos —novios y parte de los invitados— llegarán al castillo donde degustarán un menú especialmente confeccionado para la ocasión por el jefe de cocina de la Monarca. Los invitados más populares —los ciudadanos— tendrán que llevarse su propio picnic para el césped.

Si todo esto parecía un cuento de hadas es porque no hemos tocado a la familia de la novia. Ella (Meghan) solo invitó a su enlace a sus padres —Samantha y Thomas— y no a sus hermanastros (hijos de un primer matrimonio de Thomas). Y no es extraño, por que éstos se han empeñado en amargarle la boda a base de negociar entrevistas en televisión y escribir a los periódicos amarillistas contando los chismes familiares y no dejando muy bien a Meghan.

Tan complicado ha sido gestionar el tema de la familia de la novia, que su padre finalmente no podrá llevar a su hija hasta el altar. Primero, por haber (presuntamente) negociado un reportaje fotográfico para sacarse un dinero gracias a la boda real; finalmente, por tener que someterse a una operación de corazón. Superado el mal trago del ‘no padrino’ parece que la madre de la novia será la encargada de llevarla hasta el altar. Nos gustaría saber qué opina la reina Isabel II de todo esto.

Salvando el pequeño contratiempo de la familia política, parece que la Monarquía inglesa lo tiene todo controlado. Ya ha comenzado el show.

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