¡Síguenos!

Opinión

Ensañamiento

Un equipo goleado, sin posibilidad de remontar el resultado, tiene ya suficiente castigo como para añadirle uno más: la compasión del adversario.

Este sábado lluvioso se jugaba la final del Campeonato del Distrito de Hortaleza en la categoría de benjamines. En ciudades grandes como Madrid, los torneos de fútbol se agrupan por distritos municipales, siendo la mayoría de participantes los colegios de la zona.

El equipo de mi hijo ganaba 7-1 y todavía quedaban minutos para ampliar el resultado. En ese momento nuestro equipo falló un gol y los chavales se lamentaron por haber perdido una ocasión tan clara. A uno de los padres del equipo contrario le oí decir: “Eso es ensañamiento”. Nadie respondió, la mayoría estábamos más preocupados por cubrirnos bajo el paraguas que por seguir contando goles. ¿Nadie? En realidad eso ocurría en la grada, los niños seguían atacando como si no hubiera un mañana. “Vamos 0-0”, gritaba el portero, repitiendo la frase que su entrenador subrayaba los días previos a la gran final: “Aunque llevemos diferencia en el marcador siempre iremos 0-0, no os confiéis”.

Recuerdo la clase de Derecho Penal, Universidad Complutense de Madrid, año 1991. El ejemplo que nos puso el profesor para entender el concepto “ensañamiento” era el de “seguir acuchillando a la víctima a pesar de que ya estuviera muerta”.

Tomando unas cervezas con los padres, al final del partido, uno de ellos comentaba que aunque el marcador señalara un 7-1, la obligación de un equipo siempre era la de marcar el mayor número de goles posibles. “Es una señal de respeto”, decía. Es cierto, no hay nada peor que mostrarte condescendiente con el contrario, eso sí es ensañamiento. Un equipo goleado, sin posibilidad de remontar el resultado, tiene ya suficiente castigo como para añadirle uno más: la compasión del adversario. En un terreno de juego las reglas son sagradas, si tienes oportunidad de rematar a puerta debes hacerlo, lo contrario sería tanto como pedirle a un fiscal que no utilice más argumentos jurídicos contra un yihadista que lleva a sus espaldas 2.500 años de condena por sus atentados. La cosa no funciona así, el fiscal está para acusar, del mismo modo que el futbolista está para meter goles. El resto es cosa del destino o de Dios, según desde la grada desde la que se mire.

Todos hablan del ensañamiento con los goles, pero nadie habla del ensañamiento con las paradas. Oblak, probablemente el mejor portero del mundo, seguro que sabe a lo que me refiero. Es como la historia esa del hijo pródigo, casi nadie se fija en la prodigalidad del padre. Unos malgastan dinero, pero otros derrochan amor. Hay porteros que derrochan amor verdadero por sus equipos, ese que no espera nada a cambio. Y en el caso particular de este domingo, Jan Oblak apuñaló al Madrid sabiendo que llevaba mucho tiempo muerto en el Campeonato Nacional de Liga.

A diferencia de la parábola del hijo pródigo, atribuida a un Lucas que no se apellidaba Vázquez, aquí no hay un padre esperándote para hacer una fiesta cuando regreses con la cabeza gacha. Si este año no hay Champions, el sacrificado no será un ternero cebado.

Y ese también será un caso de ensañamiento.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más en Opinión

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies