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Carvajal y Koke, instantes después de consolidarse la eliminación de España I CORDON PRESS

Crónicas Matrioskas

El entierro de la sardina

El partido frente a Rusia ha sido un homenaje a esa fiesta que anuncia el fin del carnaval. Por si no aprendimos nada en Brasil, España ha vuelto a ser una parodia.

Españoles, el pase horizontal ha muerto. Por mucho que hayamos querido hacerle la respiración boca a boca a base de quedarnos nosotros sin oxígeno. A ese juego soporífero que tanto nos ha dado (o eso nos creíamos) y cuya muerte se había anunciado hace tiempo, debemos encerrarlo en una caja de acero, ponerle más peso si cabe y tirarlo al océano más cercano. No seré tan violenta con algunos jugadores caducos, pero ya se hacen una idea de lo que pienso acerca de varios peregrinos que apenas han podido seguir el ritmo de los entrenamientos. Empezando por el propio Hierro, un holograma puesto en el banquillo como consecuencia de una decisión bochornosa. Un parche de usar y tirar. Y lo peor es que lo llevaba escrito en la frente.

El partido ante Rusia ha sido un homenaje a esa fiesta que anuncia el fin del carnaval. Por si no aprendimos nada en Brasil, España ha vuelto a ser una parodia. Se dice también que dicho desfile culmina con la quema de alguna figura simbólica, generalmente una sardina, claro. Casi que no nos hace falta acudir a la metáfora. España tiene la manía de quemarse a lo bonzo, de ir de mal en peor, de no saber cortar las hemorragias a base de sacrificios que cambien el rumbo. Somos España, no atendemos a razones. Hasta le permitimos a un jugador del Atleti tirar un penalti decisivo, porque nos creemos con el derecho a poder cambiar destinos. 

La línea que hay entre la fidelidad y el ridículo es muy fina. España la sobrepasó hace días (contra Marruecos) y le dio una vuelta de tuerca pidiéndole arrumacos a la prensa. En ese momento es cuando uno se da cuenta de que han perdido el norte. El esperpento ha culminado esta tarde, negando a los niños que lloraban delante de la televisión una autocrítica a la altura de los nombres que llevan en la espalda y de los que esperamos algo más que un mar de lágrimas. Pierdan la esperanza, ya no se puede esperar nada de nadie.

No nos han dado el derecho siquiera de poder especular. El partido lo habíamos visto cien veces (repasen los que ha jugado España desde hace cuatro años), nos jugaron así en la fase de grupos, nos iba a jugar así Rusia y nos iba a jugar así hasta el equipo de monjes de clausura de Santa María del Parral. Porque piedad, lo que se dice piedad, ya no nos la regala nadie. Sabíamos que las intenciones de Rusia eran las que eran, y aún con la certeza en las manos, fuimos incapaces de actuar en consecuencia. Nos vale con entrar en los libros de historia por dar mil pases en un partido. Hemos pasado de ser temidos a ser el país del casi. Casi perfectos, casi favoritos, casi ganadores, casi vivos.

En el entierro de la sardina se entierra simbólicamente el pasado. Se desafía a lo socialmente establecido, para que uno se limpie y se permita renacer. Se busca la transformación. No, tampoco somos los mejores del mundo. Somos un país cabezota, pero confío en que en algún momento dejemos de gritar y seamos capaces de purificarnos. Este equipo necesita pasar por la hoguera, si puede ser, antes de la Eurocopa. Yo pongo el fuego, España pone las sardinas. 

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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