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LA M.O.D.A: “Aspiramos a marcar a la gente con los conciertos, que es donde se ve una banda de verdad y donde pasa ese algo mágico”

Más que un grupo, la M.O.D.A (acrónimo de La Maravillosa Orquesta del Alcohol) parecen, por todos los que son, un equipo de fútbol. Siete son los componentes de esta banda difícil de clasificar –ellos odian las etiquetas, además- que beben del folk, country, punk y rock and roll y en cuyas canciones incluyen sonidos de instrumentos tan variados como el saxofón, el acordeón o el banjo

“Pasión, honestidad y carretera” son las tres palabras que usan en su web para describir su ética de trabajo. Es digamos otra forma de decir que se han creado su camino más a base de horas de estudios y kilómetros que haciendo videoclips, por ejemplo. Sin discográfica, es difícil decir si son ya más reconocidos que conocidos. Porque lo son mucho de ambas. Salen al escenario, que les hace sonar con más fuerza, con una camiseta de interior blanca como una declaración de intenciones. “Es una prenda que puede llevar cualquiera: desde nuestros abuelos hasta un currante o mi hermano pequeño”, ha explicado en más de una ocasión David Ruiz, cantante y guitarra, que confirma que se la pondrán el próximo 1 de diciembre en el Wizink Center, en el que se presume el concierto más importante de su carrera.

Pregunta: Están ustedes prácticamente recién aterrizados de México (la entrevista se realizó el pasado día 5). Por lo que les hemos podido leer en redes sociales, la cosa no ha ido nada mal y han venido encantados de allá…
Respuesta: Sí. Era nuestra primera visita de toda la banda al completo y ha sido una experiencia increíble, intensa y dura, porque han sido cuatro conciertos y la distancia entre las ciudades era considerable. Nos ha colmado de felicidad porque es un público muy caluroso y muy cariñoso. El ver que a tantos kilómetros de casa la gente está cantando tus canciones es algo maravilloso. Ya estamos pensando en volver tras habernos sentido tan queridos por el público local.

Han comentado en otras ocasiones que Salvavida de las balas perdidas, publicado el año pasado, era “el punto de partida para algo nuevo”, ¿hacia dónde les está llevando esa corriente?
Nos está llevando a visitar ciudades de prácticamente todo el país; nos ha llevado a los principales festivales del Estado, a tocar por primera vez en Colombia, Estados Unidos, México; a grabar un LP con Steve Albini en Chicago…pero sobre todo a tener la sensación de que lo que hacemos está llegando a la gente y que está significando algo para ellos, que al final es lo más importante.

Ese LP con Albini, llamado 7:47 (Ni un minuto más), ha sido registrado en cinta, no tiene ningún retoque digital y una de sus canciones se llama Altamira. Aparte de ese guiño a los antepasados, ¿es un guiño también a los orígenes del grupo?
Todo tiene que ver con la parte literaria y metafórica de las letras. Es una interpretación que dejamos abierta. Preferimos que cada uno moldee en su cabeza y no dar ninguna dirección. Nosotros tenemos claro por qué escribimos lo que escribimos pero no queremos dictárselo al público ni dárselo masticado. Que cada uno lleve sus fantasías hasta donde quiera.

La fantasía me ha llevado a mí a pensar que, siendo burgaleses, la canción podía haberse llamado Atapuerca.
El título lo que viene a decir es el final de la canción, de la trascendencia que tienen las cosas, de lo que van a durar en el tiempo y si lo que hacemos realmente va a impactar como creemos o simplemente si va a desaparecer o consumirse.

Albini ha trabajado con grupos como Nirvana y los Pixies. ¿Cómo ha sido la grabación con él, teniendo en cuenta los parámetros que decíamos antes y la visión “anti comercial” de este productor?
Imagínate el poder estar allí, en ese sitio que habíamos visto en vídeos y documentales, con alguien que es historia viva de la música alternativa. Ha sido una experiencia muy bonita e inolvidable pero, sobre todo, estamos muy contentos de haber podido estar a la altura de las circunstancias. Una grabación en directo, tocando a la vez, sin retoques digitales, el hecho de que él trabajase a gusto con nosotros, de que haya querido acceder a grabar con la M.O.D.A, porque no lo hace con todo el mundo… Volvemos a casa con tres canciones bajo el brazo que enseñen otra parte del grupo que no queremos olvidar, un poco diferente, sin esos arreglos folkies, de esos instrumentos como el clarinete, el banjo o el acordeón más habituales en los últimos trabajos. Ha sido una forma de reivindicar la diversidad de sonidos e influencias que nos inspiran.

Han tenido un año muy intenso a lo que a conciertos se refiere, con más de 70 fechas. Ahora quizá viene la guinda, después de México y con Dublín, Londres a la vuelta de la esquina (días 23 y 24) y en diciembre en un Wizink Center de Madrid que tiene pinta de que van a llenar. ¿Cómo afrontan esta fecha? ¿Queda lejos o es inevitable pensar en ella?
Tenemos la fecha marcada a fuego, está claro. Es el concierto más multitudinario que vayamos a dar solos, sin contar festivales. Aunque te suene a respuesta de futbolista, para nosotros cada concierto es igual de importante y al fin y al cabo tenemos que darlo todo en Nueva York o en Madrid. Después del Wizink acabaremos el año en Murcia y en A Coruña, así que estamos con muchas ganas y muy expectantes pero todavía no nos ha dado tiempo a ponernos nerviosos porque no hemos parado (entre México y Madrid, la M.O.D.A ha actuado en Pamplona, Santander y Oviedo).

Aunque supongo que no me lo podrá decir, ¿va a haber alguna sorpresa especial para el concierto de Madrid?
La sorpresa es que no va a haber ninguna sorpresa (ríe). No va a haber ningún invitado ni ninguna colaboración. Queremos valernos por nosotros mismos, de lo que somos y de nuestras canciones. No queremos, ni creo que necesitemos, fuegos artificiales o confeti. Presentamos a la banda con toda nuestra humildad y todas nuestras ganas de dejarnos la piel sobre el escenario y confiamos en que, con eso, la gente va a salir llena del concierto.

O sea que lo de cambiar ese día vuestra clásica indumentaria de camiseta interior blanca, tampoco.
No. Para nosotros todos los conciertos se merecen el mismo respeto y los encaramos con las mismas ganas. Por supuesto vamos a gozar como niños pequeños pero es igual de importante tocar en Pamplona que en Madrid.

Vivió una época en la capital de Irlanda, ¿qué aprendió allí David y qué queda del que volvió a España en 2011?
Allí aprendí que sí era posible ganarme el pan tocando la guitarra y ganar la confianza que te da tocar en la calle. Luego lo hemos repetido en México hace un par de años y también en Francia hace algo más, cuando grabamos el videoclip de Nómadas. Es uno de los escenarios más duros y más bonitos a la vez, porque es donde más se aprende al no deberte nadie nada. Ganas confianza en ti mismo y en tirar para adelante, lo que ha sido muy importante para el grupo. Esos primeros años de tocar en bares y garitos pequeños con poco público ha hecho que luego, cuando han ido llegando los premios, los festivales y los escenarios más grandes, supiésemos estar a la altura y no se nos quedase la cosa enorme.

“No te olvides de dónde vienes”, dicen constantemente en Héroes del sábado, una de sus canciones más conocidas, y tiene mucha relación con lo que nos acaba de contar. En esta época de enfrentamientos territoriales, ¿qué es para David Ruiz el sentimiento de identidad?
Nosotros sentimos una conexión muy grande con nuestra tierra y creemos que el lugar de dónde venimos ha marcado para bien y para mal nuestro carácter, identidad y esencia. Personalmente, reivindicamos más las cosas que tenemos en común que las diferencias. El concepto de música popular nos atrae tanto por eso: es algo que une y acerca a las personas. Fíjate que nosotros hemos estado a 9000 kilómetros de casa y la gente cantaba las canciones. Hablando con el público, notábamos que no tiene que haber diferencia por ser de otro país.

Da un poco de miedo la gente que utiliza las banderas y ciertos símbolos para enfrentar a las personas.
Nosotros abogamos más por acercarnos los unos a los otros en un momento en que la sociedad, el sistema y nuestra forma de vida nos hacen cada vez más individualistas y más aislados. Reivindicamos el papel de la música como vehículo de unión entre las personas, aunque los intereses de ciertas élites o ciertos políticos vayan por otro lado, precisamente el contrario.

Folk, country, introducción de instrumentos poco usados en música mainstream… ¿Es la MODA un embajador de la música tradicional o popular para tiempos de milenials? ¿Les podríamos llamar viejovenes –en el buen sentido de la palabra-?
No a todo. No queremos ser embajadores de nada ni de nadie. Nosotros vamos a nuestro ritmo y nos da igual lo que parezca desde fuera, sin pretender enseñar nada a nadie. No somos un ejemplo de música tradicional ni nada de eso. La M.O.D.A intenta expresarse con sinceridad con los instrumentos que hemos aprendido de niños o aprendemos ahora, pero nos da igual eso de las etiquetas. Lo de “embajadores” suena mucho a político y nosotros queremos estar alejados de los políticos y cerca de la música y de la gente.

Cambio la palabra de “embajador” a transmisor.
Tampoco estoy de acuerdo. No nos sentimos separados de los milenials o de un anciano. Creo que no hay que perder tanto tiempo quizá con las edades…A nosotros nos viene a ver gente de todas las condiciones, gustos, edades. El otro día en Girona estaban unos chavales pequeños y a su lado alguien que podía ser su abuelo. Si gracias a nosotros alguien puede descubrir alguna canción o instrumento genial, pero nosotros no nos sentimos desconectados de las nuevas tendencias y de lo que pueda escuchar un chaval de trece años.

Creo que el secreto de su éxito también se debe en parte a unas letras con aires nostálgicos y que muestran dudas existenciales, sobre nosotros mismos y sobre el futuro, tan propias de nuestra época. Y eso es precisamente lo que crea la conexión con el público, que se sientan tan ligados porque le están “lanzando un salvavida”, como el nombre de vuestro anterior trabajo.
Sí, y me gustaría que la gente lo viese así. Intentamos que la música sea una terapia para nosotros mismos y para el que la escucha. La música te ofrece compañía y refugio en los malos momentos y también pone banda sonora a muchos de los mejores. Nos sentimos muy satisfechos cuando la gente nos dice que nuestra música les ha ayudado en rachas oscuras o que han ilustrado ratos alegres de su existencia. Pero lo hacemos sin ninguna pretensión de trascender o llegar a ser muy importantes. Todo parte de una naturalidad y una espontaneidad. Quizás ése es el secreto de todo esto.

Los hábitos de los consumidores, sobre todo los más jóvenes, es no comprar discos ni suelen pagar por consumir música en Internet, pero es muy activa en redes sociales y sí invierte en conciertos y en festivales. Y ahí en directo, gracias a su fuerza, pienso que han marcado la diferencia y hace que muchos de los que van repitan.
Eso es a lo que aspiramos, o deberíamos aspirar todos los grupos: a marcar a la gente con los conciertos, que es donde se ve una banda de verdad y donde pasa ese algo mágico, esa comunión público-grupo. Estamos muy satisfechos con nuestros directos, trabajando duro y ensayando prácticamente a diario para poder ofrecer lo mejor de nosotros, dejándonos la piel en el escenario sea cuál sea. Estamos muy orgullosos de que siempre la gente, al acabar los bolos, nos escribe mensajes realmente bonitos y sinceros. Esperamos que dure mucho tiempo, por supuesto.

Para acabar, en el contexto de A la Contra, queríamos preguntaros de deporte. ¿La M.O.D.A es más de aprovechar los 7 miembros que son para montar un equipo de fútbol 7 o más de ver al San Pablo Burgos de baloncesto?
(ríe) Entre los deportes importantes que hay ahora en la ciudad, fútbol, baloncesto y rugby, creo que seríamos malísimos en todos (ríe de nuevo). Si tuviésemos que elegir algo el baloncesto puede estar bien. De hecho nuestro acordeonista José tiene mucho que ver con el San Pablo, ya que aporta su granito de arena como diseñador. Algunos hemos sido y somos socios de alguno de estos tres clubes y somos deportistas pero cada vez más desde la distancia. Practicar menos pero apoyar a muerte.

O sea que lo de tocar en El Plantío en cuanto se pueda.
¡Bueno, eso estaría increíble! Sería un sueño, la verdad.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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