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España

Diario de la Bastilla

Castigadas contra la pared

Derrota de España ante Alemania (1-0) en su segundo partido en el Mundial de Francia.

En el fútbol, como en la vida, también elegimos voluntariamente subirnos a una montaña rusa de emociones que, a veces, nos provoca náuseas. Esa sensación se multiplica exponencialmente en una gran cita donde haya mucha gente que nos mire, que espere algo de nosotros, y si hablamos de España y del Mundial de Francia, las expectativas y el humo han alcanzado unas cotas peligrosas. España, por si acaso, debería haber reservado unos cuantos paracaídas. Pasamos del sopor y de la incredulidad por el mal sueño que supuso el primer tiempo ante Sudáfrica, a la euforia final por habernos salvado de la quema y por habernos encontrado la victoria a la vuelta de la esquina, sin comerlo ni beberlo y sobre todo, con la sensación de no haberla merecido del todo.

No aprendimos la lección, y durante toda la semana nos hemos dedicado a saltar con los ojos cerrados entre dos aceras: que ganar a Alemania era una tarea sencilla y que era una misión prácticamente imposible. La culpa es nuestra, de los que tenemos que hablar de ellas, no suya. En el medio, hay una zona gris de la que España, por idiosincrasia, no quiere saber nada. Nunca aprenderemos a que ir saltando de bordillo en bordillo nos puede provocar un esguince, y que es mucho más seguro poner los pies en el suelo y mirar a ambos a lados de la calle antes de cruzar. De cara al futuro inmediato, nos pido más prudencia a los testigos.

Alemania no tenía a Marozsan, pero tenía todo lo demás. España tenía lo suyo, pero no sabíamos si sería suficiente. Hubo dos cambios significativos en el once de Jorge Vilda: Meseguer por Vicky Losada y Nahikari por Amanda. El primer movimiento era una buena solución a la necesidad de tener un par de pulmones de sobra ante la velocidad alemana. El segundo era cuestión, únicamente, de sentido común. Funcionó casi al instante que Jenni estuviese bien acompañada. Ya lo había dicho ella poco después de que terminase el primer partido: «Me gusta que Nahikari esté en el campo». Me alegro de que las orejas del poder estuviesen abiertas de par en par para que se escuchase bien el mensaje y se actuase en consecuencia. No porque lo diga yo, sino porque a los quince minutos la conexión entre las dos ya había provocado algún que otro cortocircuito en la defensa alemana. A veces me sorprende la frecuencia con la que los entrenadores toman malas decisiones, a pesar de tener al alcance de la mano el poder vivir más tranquilos. Supongo que tiene que haber cierto placer suicida en llevarle la contraria a la mismísima realidad. Por culpa de la sabiduría de Meseguer, Virginia desplegó sus alas. Por culpa de la picardía de Nahikari, Jenni se acordó de su infancia, de cuando jugaba en Carabanchel. Por culpa de haber elegido bien, España fue mejor que Alemania en el primer tiempo, pero un fallo impropio de la experiencia que se le presume a Marta Torrejón castigó a la Selección después de haber acertado con todas las de la ley en su propuesta y en su apuesta durante los primeros cuarenta y cinco minutos.


En el segundo tiempo, España empezó a perder la paciencia cuando vio que su trabajo caía en saco roto. Con el balón perdíamos la tranquilidad, una mala señal. La Selección fue presa de la ansiedad, y con la ansiedad llegan las prisas y las imprecisiones. Ante las dudas, en la banda calentaba la «Generación del 98», una banda repleta de poetas y constructoras de buenas obras donde la juventud y el hambre son un plus. Lucía, Aitana y Patri Guijarro empiezan a ser opciones importantes para el once titular en lugar de recursos puntuales o promesas. España echó en falta profundidad en las bandas, a jugadoras como Leila o Andrea Falcón que percutiesen algo más por los laterales, poco aprovechadas si contamos con la poca llegada que tuvo Marta Corredera y la nula aportación ofensiva de Marta Torrejón. La primera manceba en saltar al campo fue Lucía García, salvadora de la patria y de los muebles en el partido ante Sudáfrica. Para empezar, generó desconfianza en las defensas alemanas, lo que yo llamo entrar con el pie derecho. La segunda en aparecer en escena fue Patri —de la que se esperan grandes cosas—, que sustituyó al coche escoba de la tarde, Silvia Meseguer. El trío se completó con el ingreso de Aitana, una jugadora con cara de niña que no para de crecer. ¿Mejoró España? Sí, cosa que ya no resulta sorprendente.

Igual que la victoria ante Sudáfrica fue algo accidental, la derrota contra Alemania ha sido injusta. España agotó su oxígeno tratando de derribar el muro de Berlín con sus propias manos, porque carecemos de tanques entre nuestras filas. El error fue, quizá, no perderle el respeto a Alemania a su debido tiempo en la segunda mitad, cuando las germanas se daban por satisfechas jugando a medio gas. Como contra China, Alemania fue rácana y tarde o temprano terminará pagando el precio de su tacañería. Todo lo contrario, si se mantienen los ojos abiertos, de lo que le ocurrirá a una España mejor, más valiente, más consciente de lo que tiene y mucho más práctica con los recursos y con los momentos que están atravesando sus jugadoras. A pesar de la derrota, España no debe marcharse cabizbaja porque ha encontrado varias pistas. Ahora solo hay que unirlas y podremos disfrutar de un final feliz.

Periodista. Intento de guionista, así que escribo mucho, aunque no siempre bien. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. Deporte. Cultura. Viajes. Me bato en duelo con cualquiera por defender a Batman y 'La La Land'. Viví dos años en Buenos Aires y por eso tengo mucha paciencia. Subdirectora de A La Contra. Emperatriz de la batcueva.

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