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Diario de la Bastilla

El lado bueno de la mala suerte

Sin mucho brillo, España se clasifica para los octavos de final del Mundial de Francia tras empatar ante China (0-0)

Quizá porque hasta hace poco en España estábamos acostumbrados al aplauso de consolación o porque somos un país un tanto derrotista cuando de primeras no llevamos las de ganar, a muchos les costaba imaginar al principio de comenzar esta aventura, que España pasaría a los octavos de final del Mundial. El grupo era complicado, y si se dice lo contrario, se peca de desconocimiento en la materia. Tres partidos que no se han parecido nada entre sí, un ardiente duelo donde había que decantarse por la experiencia, los galones y el inmovilismo o por el hambre de una juventud del todo preparada para llevar a cabo un golpe de estado. Tampoco ha faltado el debate en la portería, porque somos un país fiel a sus costumbres.

Lucía García, Patri Guijarro y Nahikari iban a ser titulares, y es que a veces, para ver la realidad solo hace falta tener los ojos abiertos. China nos iba a plantear un combate cuerpo a cuerpo que España tendría que apaciguar con templanza, pero con el suficiente descaro como para hacerse con el control de la situación desde el principio. Se hizo, y se hizo bien, porque Patri está en forma y debe encabezar la revolución pacífica, porque Lucía no le teme a nada, porque es el Mundial de Jenni y porque un once valiente y coherente ofrece muchas más posibilidades de éxito que uno conservador. Cometimos ese error contra Sudáfrica, y por suerte, aprendimos la lección. Era importante no confundir el querer buscar el espacio a la espalda de la defensa china, con la precipitación. Pecamos de ello en los primeros minutos contra Sudáfrica y en algunas fases del encuentro ante Alemania.

Hoy, ayudada por la capacidad de Patri y de Virginia Torrecilla para tomar buenas decisiones en cada una de sus intervenciones, España se movió con mayor precisión e inteligencia. Faltó un poco más de pausa en el último pase, esa que a Jenni le sobra y de la que el resto debería tomar nota, porque cuando la madrileña toca la pelota pueden pasar dos cosas: que el tiempo se pare o que corra a favor de España. Lo digo en voz alta, si caemos en octavos, Jenni debería obtener otra nacionalidad para que podamos seguir disfrutando de ella. En el primer tiempo nos faltó la puntería de siempre, aunque no la echamos tanto de menos como contra Alemania porque dimos por hecho que, tarde o temprano, la suerte nos devolvería el favor que nos negó contra las germanas.


En el segundo tiempo, España quiso proponer un juego más directo, más rápido. Jorge Vilda dio entrada en el descanso a Andrea Falcón y la banda izquierda adquirió más profundidad gracias a dos movimientos: Nahikari pasó a la derecha y Lucía se colocó en punta. La entrada de Andrea quiso ser una vía de oxígeno directa a las venas de España, Leila tenía quien le hiciese coberturas, Nahikari más espacio y Lucía la portería de cara. Pero según pasaban los minutos,  pudimos prestarle más atención a otras cosas, al griterío procedente de la calle, al Whatsapp, a lo que tenemos que hacer mañana… Empezamos el partido ilusionados por los cambios, porque la nueva hornada ya viene con un pan debajo del brazo, pero seguimos padeciendo una enfermedad que no tiene cura: no tenemos ni gol ni contundencia en el área rival. España cocina el fútbol a fuego lento, pero nos falta el ingrediente más importante para que nuestro juego no caiga en el olvido.

Podemos quedarnos con las malas noticias o con la buena. Las malas son, que España tiene jugadoras con llegada, pero el gol no llega ni rezando cinco padrenuestros por partido; que en las transiciones seguimos cometiendo ciertos errores infantiles y que en octavos, casi con total seguridad, iremos a juicio contra Estados Unidos. La buena, que tendremos la oportunidad de enfrentarnos por primera vez en unos octavos de un Mundial a una selección que representa todo aquello a lo que debemos aspirar. Seamos agradecidas con el destino antes de darnos por muertas. Al final, la vida a veces se resume en ver el lado bueno de las cosas.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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