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Stepancic, en acción ante Morros y Guardiola. Foto: Cordon Press

Balonmano

España se topa con Croacia y se queda sin margen de error

Los Hispanos pierden su primer partido del Mundial (19-23). Los balcánicos anularon todas las virtudes de la campeona de Europa, que en ataque posicional se diluyó. Los de Ribera pasan a la Main Round con dos puntos y la obligación de ganar todo para llegar a semifinales.

No era un partido oficial de segunda fase, pero sí oficioso, y así lo afrontaron los dos contendientes. El Olympiahalle de Múnich parecía el centro de Zagreb por los croatas que había en las gradas y la selección arlequinada hizo honor a su fama de sangre caliente. Tantos sus jugadores como su entrenador, Lino Cervar, entraron al choque con intensidad, defendiendo duro y protestando todo. A la pasión hay que añadirle el respeto y la prudencia, ya que los balcánicos optaron por no sacar portero-jugador y exponerse así a los goles españoles fáciles tras posible pérdida. En el otro bando, los Hispanos habían corregido los malos arranques de los partidos anteriores, anotando pronto su primer gol y abriendo una mini brecha esperanzadora (3-1). Damos fe de la misma en parte también porque la Selección ya no estaría por delante en ningún momento más.

¿Qué sucedió? Pues que en esos primeros instantes la incidencia de los porteros fue radicalmente opuesta y que España, en un problema endémico desde que empezó el Mundial, tenía poca eficacia en lanzamientos sencillos. Y la mezcla de ambos factores genera frustración: los Hispanos estaban jugando relativamente bien, pero iban por detrás en el marcador. El guardameta Sego paraba mucho más que Corrales, mientras que Musa y Horvat tenían mejores guarismos que cualquier jugador español.

Desacertados per se, la pizarra de Cervar añadió un elemento más de dificultad, que sería letal para el devenir del encuentro. Croacia cambió del 6-0 al 5-1 y los campeones de Europa, que hasta entonces fallaban tras buenas acciones de ataque, se terminaron de cortocircuitar. Un parcial de 0-5 colocó el electrónico en un peligroso 8-13, que se acortó gracias a una superioridad bien gestionada por la Selección. Al descanso llovía, pero estábamos ahí (10-13).


Golpes contra la pared


El turbo de empezar bien las partes solo puede usarse una vez por partido, parece. Cervar continuaba llevando la batuta del partido, jugándose al ritmo que más les beneficiaba a los balcánicos. Croacia atacaba, ahora sí, con siete y, anotase o no, no permitía correr a los Hispanos. De esta forma, los de Ribera se enfrentaron a sus peores miedos: el ataque posicional. Sin la participación de los extremos, unos ofuscados Entrerríos, Cañellas, Sarmiento y los Dujshebaev chocaban con la muralla construida en el medio por Duvnjak y Cindric, entre otros. La consecuencia de este atasco es que España sumó ocho minutos sin anotar (del 45 al 53), rotos por un gol de Ariño para colocarnos a tres (17-20). Figueras dio más esperanza al colocar el 18-20, que se convirtió en 19-21 a falta de tres minutos.

La respiración asistida que les quedaba a los de Ribera se quebró con la exclusión de Gurbindo, la primera de España, pero en el peor momento. Con uno menos, tres goles abajo y 120 segundos para el final, Sego detuvo un lanzamiento lejano a Cañellas y el Olympiahalle bramó como al principio. Cervar, de corazón caliente pero con la cabeza fría, levantó el puño, así como sus jugadores, que se retroalimentaban con la grada. Competitividad absoluta y admirable la de la pequeña gran Croacia, que llegaba como la tapada entre las favoritas y que entra en la Main Round con más puntos (4) que nadie por el lado alto del cuadro.

España, por su parte, ha gastado la vida extra que tenía. A pesar de que el formato sea de liguilla, esto ya se ha convertido en partidos (eliminatorias) a vida o muerte donde solo vale ganar. La próxima prueba, el sábado, es probablemente la peor que podía haber: Francia, que encima ha reclutado a Nikola Karabatic, recuperado milagrosamente para la causa. Pero ya el año pasado, precisamente en Croacia, los de Ribera se cargaron a los campeones del mundo en semifinales del Europeo. Y después tocaría una de las anfitrionas, Alemania, con el agua al cuello.

La situación es lo contrario a sencilla, pero ellos son los Hispanos y conocen su oficio. Que no se les dé por muertos aún.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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