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Vicky Losada en el suelo tras un choque con una jugadora norteamericana I CORDON PRESS

Diario de la Bastilla

Muerte dulce

España cae con honor ante Estados Unidos (1-2) en los octavos de final del Mundial de Francia.

Fuimos lo que quisimos ser y España ha muerto con las botas puestas. Nunca pretendimos traicionar nuestras tradiciones y soñamos a lo grande, porque la cita merecía que dejásemos volar la imaginación por el bien del presente y del futuro. Pero sobre todo, para que todas esas niñas con sueños de grandeza en el fútbol aprendan una valiosa lección que ayer Marta, la mejor jugadora de la historia, ya se atrevió a adelantar: «Las niñas primero deben llorar para después reír».

Sabíamos lo que teníamos delante de nuestros ojos, aunque todavía nos los estemos frotando para sacarnos de ellos los restos que nos han dejado ciegas después de la injusticia. Enfrentarse a Estados Unidos es como montarse en un simulador espacial. Mientras estás metida en la ficción lidiando con las turbulencias, la realidad pasa a un segundo plano. Parece, incluso, que puedes tocar el sol con las manos o aterrizar en la Luna. Pero una vez que termina la atracción y te bajas de ella mareada, entiendes por qué las norteamericanas lideran la carrera espacial. Su sombra ya gana partidos, mete miedo desde el himno, siempre tiene la suerte de cara y hoy, también tuvo los nervios de Mapi León. Estados Unidos tiene de todo, pero si algo le falta es calle, improvisación, fútbol de potrero, ese que se le cae de los bolsillos a Jenni Hermoso, autora de un gol que se gritó desde Cádiz a Barcelona y que ya forma parte de nuestra corta historia en estas lides.

En el primer tiempo, España supo ralentizar el ritmo de Estados Unidos, pero perdió oxígeno al tratar de salir rápido cuando debía coserse el balón a los pies y hacer correr a las norteamericanas detrás de él. Corredera neutralizó a Rapinoe, Lucía mordía los tobillos porque no le teme a la oscuridad, y eso, unido a la experiencia de Vicky—sustituida a la media hora por un ojo morado—, al descaro de Jenni y a la templanza de Patri Guijarro y Virginia—más preocupada por ser pulmón que cerebro—, hizo que España se quitase de encima las miradas por encima del hombro que le dedicaba Estados Unidos y que, por momentos, las campeonas del mundo tuviesen que poner los pies en la Tierra.


En el segundo tiempo, Estados Unidos aumentó las revoluciones y España cambió de plan. Nos defenderíamos más y trataríamos de sorprender en ocasiones puntuales porque ya había que racionar el aire y bombear la sangre con mayor rapidez si no queríamos ahogarnos antes de tiempo. El éxito de España lo podemos medir en las pocas ocasiones de las que dispusieron Alex Morgan, Tobin Heath y Megan Rapinoe, desaparecidas las tres como una pequeña manada de tigresas enjauladas y aburridas en medio de una sabana sin presas que llevarse a la boca. La culpable de la sequía fue una descomunal Irene Paredes, que ya ha tomado París y que tarde o temprano terminará conquistando el mundo. Es vasca, su voluntad no se tuerce nunca.

Los gigantes suelen tener a los intermediarios de su parte, imagino que por aquello de las represalias. Un penalti que no fue nos cortó las alas. Y no fue no porque lo diga yo, que incluso cerré los ojos en la jugada por los nervios, sino porque las miles de repeticiones de la caída de Rose Lavelle un metro después del paupérrimo contacto de Virginia son la prueba suficiente para absolver a la mallorquina y para condenar a la árbitra por carencia de valentía. Rapinoe apareció de la nada para volver a castigar a Sandra Paños y España acusó el golpe más en la moral, que en las piernas.

Quiero pensar que no era nuestro momento, que el destino nos tiene preparado algo mejor. España no pudo destruir la Estrella de la Muerte, pero desquició a Darth Vader hasta que se le agotó la fuerza. Engordamos para morir, pero podemos decir, que el pecho se nos llenó de orgullo antes de la puñalada letal en el costado. Dentro de no tanto, miraremos la cicatriz y nos acordaremos de todo lo que aprendimos, que no es poco, que nos ha hecho crecer de golpe con un tortazo de realidad de nuestra madre, pero que después de secarnos las lágrimas con la manga, nos traerá buenos recuerdos. Morir así, sabe a gloria.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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