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Álex Dujshebaev, en un lance del encuentro. / Foto: Sven Simon/Cordon Press

Balonmano

España, sin estridencias, cumple en su debut con lo pactado

Los de Jordi Ribera ganan con solvencia a Bahréin (23-33) en un encuentro donde funcionó mejor el ataque que la defensa. Ferrán Solé, con siete tantos, máximo goleador de los españoles

Va a ser feo, seguro. Ganarás pero te quedarás diciendo “buf”… El encuentro hay que ganarlo y no sacar conclusiones”, pronosticaba Luis Miguel López. Y su palabra se ha hecho ley. Intentaremos respetar las palabras del maestro, aunque el cuerpo nos pida otra cosa.

Ciñiéndose puramente a los lechos, diremos que los Hispanos han vencido a los subcampeones de Asia sin sufrir y con un marcador amplio. El marcador siempre ha ido a favor de los nuestros y el paso de los minutos ha hecho que la ventaja, con la lentitud de la rutina, siempre fuese aumentando. Desde que los europeos cogieran antes del minuto 10 los tres goles de diferencia (2-5), la distancia nunca fue menor. Al descanso el electrónico señalaba cinco tantos a favor de los de Ribera (11-16), que llegaron a ser incluso de doce en el tramo final. En medio, por supuesto, pasaron cosas.

La primera fue que el tanto inicial de los Hispanos en el campeonato lo marcó Dani Dujshebaev y que los españoles arrancaron con una defensa 5-1. En el avanzado estuvo su hermano Álex, también Ariño, que empezaron a recuperar balones y a armar contragolpes. Tanto en transiciones rápidas como en ataque estático el juego de los Hispanos funcionó, ayudado por el limitado físico de Bahrein. “Tienen una fórmula de juego que siempre es incómoda, con armas distintas a las europeas”, nos seguía chivando López, nuestro jefe de la tribu. Ese cierto desconocimiento hacia el otro, que los propios españoles han reconocido post partido, lo personificó Husain Alsayyad, el más indetectable de los jugadores venidos desde Oriente Medio. Él y Jasim fueron los grandes peligros asiáticos, mejores defendidos con el paso de los minutos.

A riesgo de poder ser considerada una conclusión, puede entenderse este hecho, en la medida del suelte de los nervios y el acoplamiento a la pista y al propio campeonato. Lo decimos con la boca pequeña, claro. Esto y que ni Corrales –titular- ni Gonzalo Pérez de Vargas –salvo al final del encuentro- pararon en exceso. No indica el resultado un mal balance defensivo; fue más una cuestión de no ver las piernas ágiles. Pero es lógico, estamos empezando. Todos los Hispanos pudieron calentar músculos ya en la primera parte, porque los 16 convocados –Goñi fue el descarte- saltaron al 40×20 muniqués. En esos primeros treinta minutos los zurdos marcaron la pauta: Solé se iba al descanso con 5 goles –el del Toulouse fue un metrónomo fiable al máximo todo el choque-, Álex Dujshebaev con 4 y el debutante Aleix Gómez con dos. Desparpajo y valentía demostró el extremo, la gran apuesta de Ribera, que le dio bastantes minutos en pista para que fuese notando lo que es el peso de un Mundial absoluto. Hubo un plano, aún en la primera parte, en la que el joven de 21 años compartía confidencias y risas con Gedeón Guardiola, por lo que es deducible que el chaval disfrutó en su debut.

Del segundo tiempo ha de rescatarse un descomunal paradón de Pérez de Vargas en el 42, para recordar que la portería española ya había aterrizado en el torneo, que Gurbindo parece que está bien y que en el minuto 50 dejó de haber partido. Los Hispanos, robando balones y aprovechando la portería vacía de los asiáticos, anotaron varios goles fáciles que dispararon el marcador desde el +7 (19-26) hasta algunos momentos de +12. Con el trabajo cumplido, el guardameta toledano detuvo más y nuestro ataque echó un poco el freno. La España que conocemos se parece más a esto último.

“Después viene Islandia, que hay que ganar sí o sí, pero tampoco será nada fácil”, proseguía Luismi. Eso será el domingo a las 19:00 horas. Los de Ribera han entrado al Mundial fichando ordinariamente y llegando hasta su puesto de trabajo sin sufrimiento ni contratiempos. Que no es poco. Pasado mañana ya tocará encender el ordenador. Lo bueno es que las manos ya están calientes.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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