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En busca de la felicidad

España jugará la final del Mundial Sub20 tras vencer 0-1 a Francia con gol de Patri Guijarro. Cata Coll paró un penalti. La nota negativa, la expulsión de Aitana Bonmatí, que no podrá jugar el último partido.

Francia nos iba a poner a prueba, había que crecer de golpe, dejar todos los complejos en el armario y salir a disfrutar del camino. Dicen que, aunque los objetivos no se cumplan, seguir dicha estrategia cura más rápido las heridas cuando una se queda a las puertas. España no solo ha disfrutado de su andadura, sino que ha demostrado que su cantera da frutos carnosos que alimentarán las esperanzas del fútbol femenino español durante muchos años. No me creo, ni quiero creer, que este equipo no haya llamado la atención. No me creo, ni quiero creer, que no se vayan a televisar más partidos. No me creo, ni quiero creer, que los telediarios no vayan a abrir más con sus logros. No me creo, ni quiero creer, que tanto esfuerzo no vaya a tener su reflejo en un reconocimiento para el que han invertido sangre, sudor y lágrimas, que se lo digan a Aitana Bonmatí. Espero que disputar la final de un Mundial Sub20 sea suficiente para que más de uno abra los ojos, o al menos, no los mantenga cerrados ante la evidencia.

Costó despegarse del hecho de que Francia sea una de las potencias en este mundillo. España jugó los primeros instantes con demasiado respeto, cuando hasta ahora, todos los partidos y todos los rivales habían tenido que seguir su guión desde el pitido inicial. Hemos perdido el miedo, pero no la buena educación. El equipo dirigido por Pedro López no adelantó tanto las líneas por miedo a los puñales franceses y tuvo que ponerse manos a la obra para poder salir desde atrás con algo de peligro, mientras Francia cerraba sus puertas a cal y canto y tiraba la llave al río. España tuvo que nadar a contracorriente para llegar a la portería gala y cuando lo logró, fue más una anécdota que algo efectivo. Dadas las circunstancias, se necesitaba una motivación extra o un cambio de actitud.


Quiero recordar que estamos en agosto, pero Patri Guijarro no se toma vacaciones jamás. La buena noticia es que tiene veinte años y puede permitírselo, la mala, que dentro de poco será insustituible. Se intuye por su aplomo, porque hacer referencia únicamente a su calidad sería quedarse con la mitad de sus dones. La jugadora del Barcelona sabe que en sus manos tiene el mapa, en su cabeza la brújula y en sus pies el oxígeno necesario para recorrer un mundo que pronto conocerá su nombre. Ha cogido la costumbre de hacernos felices a última hora y eso nos encanta.

Después de la duda, nos aferramos a ese instante que viene después y que ya aceptamos por costumbre: el momento Patri Guijarro. Hizo que Francia perdiera varios kilos de golpe con un tanto que no se esperaba, y que España se creyese con el derecho de poder disputar la final de un Mundial. Se sorprenderían de los resultados que tiene creer en uno mismo. Catalina Coll hizo lo propio y paró un penalti que nos habría cortado la respiración. Si todavía no lo hacen, sigan el consejo de España y de Patri Guijarro, la cuestión es creer que se puede y acortar la distancia que hay entre el suelo y cielo.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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