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La Rojita: la época dorada que nunca terminó

Empieza a ser tradición que, después de un fiasco de la Selección Absoluta, la cantera acuda al verano siguiente a ilusionar de nuevo a los aficionados españoles.

La época dorada del fútbol español no comenzó en 2008 y terminó en 2012. Una página se cerró después de la final de la Eurocopa de Polonia y Ucrania ante Italia, aunque otra nueva se abrió tan sólo un año antes. Y todavía sigue abierta. El epilogo de la mejor España de la historia coincidió con el inicio de un ciclo igual de hegemónico de la selección Sub-21. De las últimas cinco finales de los Europeos de esta categoría, La Rojita ha estado presente en cuatro. No ha habido un dominador igual esta década en el viejo continente. De ganar a Alemania sería el tercer título en ocho años. Estamos viviendo un tiempo de transición de la Absoluta y alegrías de la cantera. La época dorada del fútbol español no terminó, simplemente bajo una categoría.

El apogeo europeo de La Rojita arrancó cuando La Roja todavía era la mejor selección del planeta. Tanto que la Sub-21 levantó el Europeo de 2011 cuando ni siquiera se había cumplido un año de la noche en la que Iniesta marcó el gol más importante de nuestro fútbol. Si los recuerdos de aquel partido ante Holanda continúan frescos hoy entonces lo estaban aún más. Eran tiempos felices. El Europeo Sub-21 de Dinamarca se presentó en un momento en el que los Casillas, Puyol, Xavi, Iniesta o Villa parecían eternos. No había razones para ilusionarse con los chicos de abajo porque el presente era lo suficientemente extraordinario. España ganó el torneo tras sobrevivir a una prórroga contra Bielorrusia en semifinales y superar a Suiza en la final por 2-0. Como esta generación de Luis de la Fuente, la dirigida por Luis Milla a principios de década logró un billete a los Juegos Olímpicos del verano siguiente. De Gea, Azpilicueta, Thiago, Muniain o Juan Mata, el MVP del torneo, fueron algunos de los nombres destacados de aquel equipo.

El presente era extraordinario y el futuro brillante. Con un Mundial de por medio, La Roja ganó en 2012 su segunda Eurocopa consecutiva. La Rojita no se quedó atrás y emuló a sus mayores sólo un verano después. Repetir títulos continentales se había convertido en costumbre. En 2013 no importaba la categoría de la que se hablase, España siempre ganaba. En el Europeo de Israel el seleccionador ya no era Luis Milla, sino Julen Lopetegui. La Sub-21 practicó un fútbol excelso a lo largo de toda la competición con centrocampistas como Illarramendi, Koke, Thiago, MVP del torneo, o Isco. Lamentablemente, la euforia duró poco. Doce días, en concreto. El tiempo que transcurrió entre dos finales con resultados opuestos: la victoria de la Sub-21 ante Italia por 4-2, el 18 de junio, y la derrota de la absoluta contra Brasil por 3-0 en la Copa Confederaciones, el 30 del mismo mes. España volvió a recordar la amarga sensación de perder un título. Aquella contundente derrota ante la pentacampeona del mundo no fue un simple accidente, como muchos advirtieron, sino el principio de un fin…

Todo cambió de un año para otro. De la felicidad se pasó a la depresión. La Selección Absoluta volvió el verano siguiente a Brasil para defender corona y terminó regresando a casa a los pocos días, eliminada tras no poder superar la fase de grupos. El golpe fue de una dureza tan grande que acabó provocando efectos colaterales. No sobre la cabeza de Vicente del Bosque, que la mantuvo en su lugar natural, pero sí sobre los jóvenes que venían de abajo. De la misma forma que La Rojita imitó a La Roja en las victorias, también lo hizo en las derrotas. El verano en el que España no logró pasar de grupos en el Mundial de Brasil, la Sub-21 ni siquiera pudo clasificarse para el Europeo de la República Checa de 2015. Por si no fuera suficiente, también perdió el billete que daba acceso a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. El seleccionador era Albert Celades y algunos de los jugadores más destacados fueron Kepa, Saúl, Sergi Roberto o Isco. 2014 fue un año terrible para el fútbol español. Daba la sensación de que el estado de salud de la absoluta iba en consonancia con el de la Sub-21, como si fuesen vasos comunicantes. Afortunadamente, sólo fue una sensación.

La Rojita demostró que su traspié de 2014 fue tan sólo eso: un accidente doloroso. En ningún caso una enfermedad crónica como la que sí padecía el hermano mayor. Tres años después del Mundial de Brasil y uno de la Eurocopa de Francia, ya nadie ponía en duda que España había dejado de ser una potencia temible. Esos jugadores eternos que maravillaron al mundo del fútbol ahora parecían caducos. La decepcionante eliminación de la Absoluta en los octavos de final de la Eurocopa de 2016 ante Italia provocó la salida del banquillo de Vicente del Bosque. La lógica de resultados hasta entonces invitaba a pensar que La Rojita correría en el Europeo de 2017 la misma suerte que los mayores el año anterior… Sin embargo, por primera vez, el hermano pequeño desobedeció al mayor. La Sub-21 no ganó el torneo, pero sí llegó a la final. Los jugadores de Albert Celades se levantaron de la caída que supuso la no clasificación al Europeo de dos años antes. Los alumnos se rebelaron ante el maestro.

Empieza a ser tradición que, después de un fiasco de la Selección Absoluta, la cantera acuda al verano siguiente a ilusionar a los aficionados españoles. De hecho, casi podemos decir que La Roja se ha acostumbrado a caer en octavos de final y La Rojita a jugar finales. En el Mundial de Rusia, España repitió el mismo resultado que en la Eurocopa de Francia… con el esperpento añadido que supuso el despido de Julen Lopetegui. Un año después, la Sub-21 ha vuelto a acudir al rescate y a demostrar que en las grandes citas no tiene nada que envidiarle a la Absoluta. Todo lo contrario, de hecho. Son los mayores los que ahora tienen que aprender de los pequeños. Por segunda vez consecutiva, La Rojita vuelve a estar en la final de un Europeo. El rival es el mismo de la última ocasión, la Alemania que entonces se impuso con un gol por la mínima. Algunos futbolistas como Vallejo, Meré o Ceballos sufrieron en sus carnes aquella derrota, mientras que otros como Fabián, Marc Roca o Fornals la padecieron por televisión. Novedades también hay en el banquillo. El seleccionador ya no es Albert Celades, sino Luis de la Fuente. Es la cuarta final en cinco Europeos de la Sub-21, un ciclo que arrancó en 2011 y sigue vigente en 2019… una época dorada del fútbol español que todavía no ha terminado.

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