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España

Diario de la Bastilla

Susto y redención

Remontada y victoria de la Selección Española ante Sudáfrica (3-1) en el debut en el Mundial de Francia.

Sudáfrica es dueña de uno de los mejores recuerdos de nuestra existencia. Solo por eso, enfrentarnos a ellas siempre nos arranca una sonrisa de medio lado y nos hace viajar en el tiempo hasta aquel verano del amor. Su forma alocada de mover los pies se contrapone a nuestro castizo y ordenado pasodoble. Cualquier partido ante un equipo africano tiene algo especial, una alegría intrínseca que transmite siempre un continente con muchas ganas de ser abrazado por el resto del mundo en cualquier evento que se precie. Al otro lado de la orilla está España, que también quiere dejarse abrazar en esta cita porque Canadá fue demasiado fría al darnos la bienvenida a la historia de los Mundiales hace ya cuatro años. Los malos recuerdos, como las estadísticas, están para romperse.

Me queda la duda de si tenemos recursos suficientes como para afrontar con garantías tres partidos que no se parecerán ni en el blanco de los ojos entre sí. No tenemos necesidad de renunciar a nada, pero hay que ajustar los patrones de comportamiento porque nuestra cara les suena y nuestras intenciones se las saben de memoria. Es complicado gestionar las expectativas que lleva España atadas en los tobillos con la realidad. Es difícil compensar la ambición con la prudencia, pero es necesario hacer un llamamiento a la misericordia si el globo se pincha antes de tiempo. Pido ver el bosque, aunque sea un mensaje políticamente correcto.

Para empezar, Sudáfrica apostaría por el caos, por la locura. España, por la cordura, por la costumbre de querer monopolizar la pelota desde el primer minuto. Este era el partido que había que ganar sí o sí, y esa obligatoriedad a veces quema. Salimos a correr, cosa que no nos gusta tanto y que se nos da peor que mantener la calma. España se incomodó a sí misma porque desordenó sus propios papeles. Había que encontrar el equilibrio entre querer profundidad y dejar agujeros negros en la retaguardia que las sudafricanas aprovecharían para apuñalarnos por la espalda. Así encajó el gol España, corriendo hacia atrás, con una sistema desdibujado y cara de no entender bien la situación.

 

 

Si analizamos decisiones, la que más me cuesta entender es la de situar a Marta Corredera en la banda contraria, a pierna cambiada, algo poco natural y que castigó a la jugadora del Levante hasta que Vilda vio la luz y la puso a jugar en su sitio. La titularidad indiscutible de Amanda Sampedro, cuando sigue pasando desapercibida, lo trataremos en el siguiente programa de misterio. Si ya es difícil hacer las cosas bien con once, imagínense con diez. Y esto no es ataque gratuito, es un llamamiento a la cordura y un toque de atención al orgullo de una jugadora que debe regresar cuanto antes de su viaje astral.

En la segunda parte, España tampoco se reconoció en el espejo. La elaboración en el centro del campo brilló por su ausencia, pero es que tampoco hubo un plan B o un C como había prometido Jorge Vilda cuando hace unos días daba la convocatoria para este Mundial. La Selección empató gracias a un penalti que Jenni Hermoso lanzó sin inmutarse. Jenni no es una «9» de referencia, pero si estuviese bien acompañada. los espacios que genera y las opciones que inventa serían mucho más letales. Insisto en la necesidad de trabajar variantes, o volveremos a quedarnos en el intento. Cambiar también forma parte de crecer. Pero para hacerlo bien, hay que asumir que, a veces, podamos estar equivocados en nuestra forma de ver la vida. Espero que Vilda lo tenga en cuenta de cara a evitar males mayores a corto plazo.

Lucía salió a tiempo para cambiar el ritmo del partido y para abrirse paso de manera contundente entre las intocables. La jugadora del Athletic fue el aire fresco que España pedía desde el primer tiempo. Fue la protagonista de la controvertida jugada que provocó el segundo penalti y el segundo gol de Jenni, y la autora del tercer tanto que le cortaba la respiración a Sudáfrica. España estuvo mucho tiempo lejos de la victoria, y se encontró con ella de repente cuando empezó a confiar en sus posibilidades. Por el momento, podemos permitirnos el lujo de celebrar la victoria, porque una derrota nos hubiese obligado a dejarnos las manos en los remos para conseguir la clasificación. Sin embargo, el susto que todavía llevamos en el cuerpo por lo que vivimos durante sesenta minutos no debería dejarnos dormir a pierna suelta. No si pretendemos recordar este Mundial como algo que nos cambió para siempre.

Periodista. Intento de guionista, así que escribo mucho, aunque no siempre bien. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. Deporte. Cultura. Viajes. Me bato en duelo con cualquiera por defender a Batman y 'La La Land'. Viví dos años en Buenos Aires y por eso tengo mucha paciencia. Subdirectora de A La Contra. Emperatriz de la batcueva.

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