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Atlético

Gran Espanyol, pobre Atlético

Un Atlético muy gris fue goleado por el Espanyol (3-0). Los rojiblancos fueron blandos en defensa, inconsistentes en el medio y no tuvieron pólvora arriba.

Para el Atlético, y para Simeone, es importante ser segundo. No para entrar en la nueva Supercopa, ya que la normativa finalmente contempla que si alguno de los finalistas de Copa es también primero o segundo de Liga se mantendrán los de Copa y las plazas serán para los siguientes clasificados de Liga. Ser segundo es una cuestión de competitividad. El Cholo, desde que la Liga se alejó de forma definitiva, ha insistido en que cuando no se puede ser primero el objetivo tiene que ser quedar lo más arriba posible. Y eso se traduce en ser segundos. Parece simple, pero mediáticamente el discurso se ha retorcido hasta convertirlo en un relato de rendición, de perdedor o de poca ambición.

Ajeno a las imposiciones de objetivos que le marcan desde fuera, el Atlético salió a Cornellà a un punto de ese objetivo, que no es objetivo, pero sí meta. Y tan cerca lo vieron que los rojiblancos sestearon durante toda la primera mitad (la hora acompañaba, eso sí). Hubo poco (o nada) de combinación, el Espanyol llegaba al área de Oblak en sucesivas contras que ningún colchonero sabía frenar y la única ocasión medianamente clara fue en el minuto 12. Fue doble, eso sí: Morata falló y Koke aprovechó el rechace para volver a intentarlo. Agua, ambas.

El Espanyol, por su parte, tenía su meta, que también es su objetivo, más lejano. Para llegar a la séptima plaza (esa que a lo mejor da acceso a Europa) necesitaba ganar los tres partidos que le quedaban y mirar los resultados de los rivales. Y tan lejos lo vieron que fueron a por ello como caballo desbocado. Porque la rapidez fue su marca de identidad: contragolpe y rompelíneas. Sin finalización en las primeras intentonas, pero con premio gordo al final de la primera parte. Pedrosa (chico misil) arrancó la contra desde su propio campo y en los 87,8 metros recorridos se llevó por delante a Rodri y a Savic. Sólo le frenó la línea de fondo, desde donde pasó a Wu Lei, sin saber que antes el balón se encontraría con Godín. El central rojiblanco intentó cortar el pase, pero en vez de eso lo metió en su portería. Autogol y vestuarios.

Las caras de los rojiblancos (y de Simeone) eran un poema. Pero no podían ser de sorpresa visto lo visto en el campo… Y aún quedaba la segunda parte, en la que nada cambió. El Atlético salió enganchado al partido los primeros siete minutos… Hasta que un nuevo error condenó a los colchoneros. Rodrigó falló un pase en el centro del campo, Melendo robó el balón y metió un pase en profundidad para Borja Iglesias, que marcó con un tiro cruzado que no atajó Oblak.

El Atlético sufrió en los minutos que quedaron: blando atrás, inconsistente en el medio y sin pólvora arriba. Y ante tal situación sólo quedaba el culmen perico. Juanfran cometió un penalti absurdo cuando tenía ganada la posición y Borja Iglesia lo transformó. Doblete, tres puntos y a seguir soñando con Europa. El Atlético aplazó el subcampeonato. Aunque lo que se vio en Cornellà tenía poco de Atleti. Queda un punto. La meta está cerca, pero con un partido menos.

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