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El Barça regresa a Wembley, su estadio fetiche. / Foto: PA Wire/Cordon Press

Barcelona

El estadio talismán del Barça

Los Barça de Cruyff y Guardiola, los dos mejores en la historia del club, serían imposibles de entender sin el estadio de Wembley

El Barça no siempre fue un equipo ganador. De hecho, hasta antes de la llegada de Johan Cruyff al banquillo del Camp Nou, era más bien lo contrario. La historia de los azulgranas cambió para siempre en Wembley. El gol de Koeman en la final de la Copa de Europa del 92 inauguró uno de los ciclos más brillantes, ya no del Barça, sino del fútbol contemporáneo. Casi 20 años después, en el mismo estadio en el que celebró aquel hito como jugador, Pep Guardiola viviría, ya como entrenador, su última gran noche europea al frente del equipo de su vida.

El partido ante la Sampdoria de la final de Wembley de 1992 estaba marcado en rojo en los calendarios de todos los aficionados culés. No en vano, hasta ese disparo de falta de Koeman en la prórroga, quienes apoyaban al Barça nunca habían experimentado la sensación de ganar una Copa de Europa. Esa noche, el defensor holandés reventó con un misil teledirigido todas las frustraciones de una hinchada traumatizada por los fantasmas de las dos finales europeas que su club había perdido en el pasado, especialmente la de 1985, uno de los momentos más dolorosos para todos los barcelonistas que crecieron en aquella época, ante el Steaua de Bucarest, por penaltis, en el Sánchez Pizjuán de Sevilla.

Aquella victoria en Wembley del Dream Team significó mucho más que un título: marcó el comienzo de una nueva era. El Barça de Cruyff, muy discutido en sus dos primeras temporadas, se hizo mayor en Londres. El sistema que venía utilizando con tres centrales y cuatro en el medio terminó por explotar y el resultado fue un juego ofensivo y de toque rápido que revolucionó el mundo del fútbol. Una filosofía que puede resumirse en la frase que les dijo Cruyff a sus futbolistas antes de saltar al campo y verse las caras con la Sampdoria de Vialli y Mancini en la ansiada final de la Copa de Europa: “Salir y disfrutad”.

Desde la llegada del holandés al banquillo culé, los aficionados azulgranas han pasado de casi dar palmas por ganar un título cada diez a años a ver como su club levanta 15 de las últimas 28 Ligas en juego. Si hay un estadio que pueda rivalizar con el Camp Nou en su importancia en los triunfos barcelonistas ese es, sin ninguna duda, Wembley, el campo donde el Barça ha celebrado, en sus dos únicas participaciones oficiales, dos de las cinco Copas de Europa que tiene en su museo. Hasta el encuentro ante el Tottenham, los culés van a Champions por encuentro en el coliseo inglés. Como dijo Guardiola, en el programa Informe Robinson, “si había una primera vez para todo, esa tenía que ser en Wembley”.

Está claro que, sin la mano de Cruyff en aquel equipo, hubiera sido imposible de ver el Barça que, unos años después, lideraría desde el banquillo Guardiola, la extensión en el campo del técnico holandés durante la década de los 90. En una plantilla donde las figuras eran Laudrup, Koeman o Romario, el joven Pep era el metrónomo que marcaba el ritmo de esa amalgama de estrellas que ganó cuatro Ligas consecutivas y la primera Copa de Europa en la historia del club. Cuando la directiva de Joan Laporta le nombró entrenador del primer equipo, después de un año en el filial, el técnico de Santpedor inauguraría una segunda etapa dorada en el Barça con las bases futbolísticas que aprendió en sus años junto a Cruyff. Del Dream Team se pasó al Pep Team, que, en sus tres primeras temporadas, consiguió tres Ligas y dos Champions.

La última Champions que ganó Guardiola fue también en Wembley, como no podía ser de otra manera, ante el Manchester United, tras una actuación coral, aupada por un Messi estelar, que ya es historia de las grandes finales. Aquel partido supuso la consagración definitiva de una forma única de tratar la pelota y jugar al fútbol, la misma que había avanzado Cruyff veinte años antes. También fue la última gran noche de felicidad europea que viviría Guardiola como entrenador del club de su corazón. Si con el holandés Wembley fue el comienzo, con el catalán fue el final. Aunque luego el Barça volvería a emular la gesta del triplete, aquel equipo de Luis Enrique distaba mucho del estilo con el que Pep y Johan moldearon sus plantillas.

Ahora, el Barça, con el orgullo herido, está de vuelta por tercera vez en su estadio talismán para medirse con el Tottenham en un partido donde volverá a sonar el himno de la Champions. El destino, o el retraso en las obras del nuevo White Hart Lane, así lo ha querido. En Wembley cambió para siempre la historia de un equipo que había perdido todas sus finales de la Copa de Europa. Esa inercia derrotista que se rompió en la capital inglesa es a la que hoy se agarra un Txingurri Valverde, entrenado por Cruyff en el pasado, que está viviendo sus peores días al frente del Barça tras tres tropiezos consecutivos.

PD: Aunque no tenga nada que ver, esos dos primeros años en los que Johan Cruyff estuvo tan discutido en el banquillo del Barça fueron los mismos en los que tuvo a un joven Ernesto Valverde bajo sus órdenes.

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