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Mundial de Francia

Estados Unidos: la resistencia contra Europa

De no ser por la presencia de Estados Unidos, cualquiera diría que estamos viendo una competición continental y no mundial.

Estados Unidos es la resistencia al viejo continente. Las futbolistas de Jill Ellis marcan la diferencia. Dentro del campo porque son la mejor selección del planeta, pero también fuera. Basta con tener unos conocimientos básicos de geografía para darse cuenta de lo que distingue al combinado norteamericano de Noruega, Inglaterra, Francia, Italia, Países Bajos, Alemania y Suecia. De todos los países presentes en los cuartos de final de este Mundial femenino, Estados Unidos es el único no europeo. Son las vigentes campeonas y el enemigo a batir por las siete selecciones restantes. La Copa del Mundo comenzó como un todos contra Estados Unidos… y ha acabado destapando a Europa como ese todos.

De no ser por la presencia del conjunto de las barras y las estrellas, cualquiera diría que estamos viendo una competición continental y no mundial. Superada la fase de grupos y los octavos de final, 16 selecciones han sido eliminadas y solo ocho se mantienen en pie. De estas ocho, nada menos que siete aparecen dentro de las diez primeras posiciones del ranking internacional de la FIFA. Si por algo se está caracterizando esta Copa del Mundo es por el interés que ha despertado entre el público medio. Las audiencias así lo corroboran. El partido de la selección española ante Estados Unidos congregó a más de un millón de espectadores frente al televisor. El Mundial siempre estuvo interesante, pero ahora lo está todavía más. Uno que se incorpore a estas alturas y vea el cuadro de enfrentamientos tendrá serias dudas para distinguir si, efectivamente, estamos en un Mundial… o en una Eurocopa.

Puestos a comparar, cinco de las ocho selecciones que llegaron a los cuartos de final del Europeo de hace dos veranos han alcanzado la misma ronda en esta Copa del Mundo. Son Países Bajos, Inglaterra, Suecia, Francia y Alemania. Las otras tres restantes de aquella competición continental fueron Dinamarca, Austria y España. Si echamos la vista un poco más atrás, al Mundial de 2015, observamos que la colonia europea no era tan abundante como ahora. De las ocho selecciones cuarto finalistas en la cita canadiense, tres provenían del viejo continente (Alemania, Francia e Inglaterra), dos de Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), otras dos de Asia (China y Japón) y una de Oceanía (Australia).

Llama especialmente la atención la ausencia, tanto en este Mundial como en el anterior, de combinados sudamericanos. En Canadá 2015, Brasil y Colombia no sobrepasaron la barrera de los octavos de final. Han pasado cuatro años y el panorama, lejos de haber mejorado, es todavía más dramático. Al menos en cuanto a resultados. Tan sólo un equipo de Sudamérica logró superar la fase grupos de esta edición mundialista. Fue Brasil, aunque de nuevo volvió a ser apeada en la primera ronda del KO. Argentina y Chile, las otras dos representantes sudamericanas, no se consiguieron clasificarse como mejores terceras, pero dejaron por el camino una imagen muy digna.

El estado del fútbol femenino en ciertos puntos de Sudamérica todavía roza el amateurismo. A pesar de que la situación no es la soñada, comienza a divisarse un rayo de luz al final del túnel. Recientemente, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) anunció la creación de la primera liga profesional de fútbol femenino en la historia el país. Nada más confirmarse la eliminación de la selección brasileña a manos de Francia, la seis veces mejor jugadora del mundo, Marta Vieira da Silva, lanzó un emocionante mensaje a todas las jóvenes amantes del fútbol que en aquel momento estaban, tristes, frente al televisor: No va a haber siempre una Formiga, no va a haber siempre una Marta, no va a haber siempre una Cristiane. El fútbol femenino depende de ustedes para sobrevivir. Piensen en eso. Lloren al principio para sonreír al final”.

Mientras Sudamérica navega en un barquito de papel y España ha comenzado a armar un buque poderoso de cara a futuras guerras, Estados Unidos es un transatlántico que lleva años surcando los mares a toda vela. Son el país con más Copas del Mundo en su espalda: tres, de las seis ediciones que se han disputado desde 1991. También fueron las primeras en levantar la copa. El conjunto de las barras y las estrellas lidera el ranking de selecciones de la FIFA. Son las mejores, en definitiva. Y ellas son las primeras en saberlo. En la previa del choque contra España, Ali Krieger, una de las integrantes del combinado que dirige Jill Ellis, dijo que contaban con el “mejor y el segundo mejor equipo del Mundial”. La frase es una sobrada, pero no anda muy alejada de la realidad. En cualquier caso, ahora tienen que demostrarlo.

España mostró el lado humano de Estados Unidos. La todopoderosa selección norteamericana sólo pudo superar a las futbolistas de Jorge Vilda gracias a dos penaltis, el último de ellos muy controvertido. Además, encajaron su primer gol en contra en este Mundial. La siguiente piedra en el camino de las estadounidenses para reeditar el cetro mundialista será de una dureza extrema. Nada menos que la anfitriona, Francia. De alcanzar las semifinales, el rival sería Noruega o Inglaterra. En la final esperaría, presumiblemente, Alemania o Países Bajos. Todos conjuntos europeos, todos contra Estados Unidos. 

El viejo continente tratará de evitar que la selección estadounidense, la resistencia, visite a mediados de julio la Casa Blanca… si es que al final el presidente Trump las invita. Una de las razones principales de la falta de cariño del empresario republicano al combinado nacional es la capitana del equipo, Megan Rapinoe. La atacante de los Seattle Reign, autora de los dos goles contra España, fue la única que no cantó el himno de Estados Unidos, ni se llevó la mano al pecho. No lo ha hecho durante todo el Mundial, ni parece que vaya a hacerlo en los próximos partidos… salvo cambio drástico en la butaca del despacho oval. Rapinoe, defensora activa del colectivo LGTBI, se ha mostrado muy crítica con las políticas de Trump. En las últimas horas se ha hecho viral su respuesta a la pregunta de si acudiría como invitada a la Casa Blanca: “I’m not going to the fucking White House”.

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