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Estados Unidos

Diario de la Bastilla

Born in the U.S.A.

Estados Unidos se proclama campeona del mundo por cuarta vez tras derrotar a Holanda (2-0)

Durante el segundo partido de Estados Unidos en la fase de grupos contra Colombia en el Mundial de 2011, Megan Rapinoe entró al campo en el 46 y marcó cuatro minutos después para poner el 2-0 a favor de las norteamericanas. Ese gol pasó a la historia porque Rapinoe lo celebró corriendo hacia la esquina izquierda de la portería de Colombia, agarrando un micrófono que había allí mismo y cantando Born in the U.S.A. de Bruce Springsteen. Pocos ejemplos pueden resumir mejor lo que hay en juego cuando uno se enfrenta a Estados Unidos. One Nation. One Team.

Este Mundial ha tenido una estructura convencional: todos han tenido la oportunidad de participar, pero lo ha ganado Estados Unidos. Y aunque las norteamericanas han podido decantar la balanza impulsadas por adornos y detalles, cierto es, que el esqueleto de este equipo sigue formado por una kriptonita especial que ha debilitado cuerpo y mente de cada uno de los rivales que han pretendido derribar la Casa Blanca de un soplido en noventa minutos. Estados Unidos no ha engañado a nadie, solo vino a Francia a conseguir la cuarta estrella y a reivindicar que son las mejores y que así debemos tratarlas. Cualquier otro resultado hubiese sido un fracaso. No existen ni el conformismo ni las segundas oportunidades. Estados Unidos puso sus pies en Francia sabiendo que tendría que sudar algo más de lo habitual, porque el paso adelante que ha dado el viejo continente invita a creer en que son buenos tiempos para la lírica en Europa, pero también convencida de que el peso de la seguridad que tienen en ellas mismas es inaguantable. Para las norteamericanas, este Mundial supone un punto y seguido y un grito reivindicativo en la cara de los que manejan los hilos. Para Holanda, esta final tiene que ser un objetivo a repetir en un corto plazo de tiempo, no una catástrofe.

Holanda hizo lo que pudo y eso siempre es digno de admirar. Por lo menos, aguantó los primeros quince minutos sin encajar un gol, derribó la barrera psicológica, un pequeño paso para las holandesas, pero un gran paso para todos aquellos que queríamos un contexto diferente al que ya habíamos vivido tantas otras veces durante el Mundial. Estados Unidos no tenía prisa porque confiaba en el peso de la historia, pero Holanda necesitaba algo más que tener la suerte de lado para inquietar a la defensa norteamericana, o lo que es lo mismo, a Julie Ertz, a Kelley O’Hara y a Crystal Dunn. La primera de ellas ha hecho un Mundial como para quitarle el puesto a su marido en los Philadelphia Eagles. Un despliegue de fuerza, colocación, concentración e inteligencia que la convierten en la mejor actriz secundaria de Estados Unidos. La MVP detrás del telón, porque sobre el escenario hemos disfrutado del protagonismo indiscutible de Megan Rapinoe.

 

 

Holanda salió a jugar el segundo tiempo con 45 minutos de desgaste acumulado en las piernas; Estado Unidos, como si nada. Dispuso del córner pertinente en el primer minuto y volvió a monopolizar tanto el balón como las intenciones de ganar el partido por la vía rápida. Como en aquel partido de 2011, Megan Rapinoe apareció no solo para marcar el penalti que a falta de media hora ponía por delante a Estados Unidos, sino para inmortalizar otra celebración que será recordada como la imagen por antonomasia de este Mundial y que durante varios días le dará dolores de cabeza a Donald Trump. Otro gol decisivo en su cuenta personal para la jugadora que ha hecho suyo este torneo por decreto ley, porque llegó a Francia con la idea de hablar en voz alta y ha conseguido convertirse en una adalid de armas tomar. El segundo gol de Estados Unidos lo marcó Rose Lavelle, otra de las destacadas de la segunda línea, incombustible, incansable y omnipresente. Si los focos apuntaban casi siempre al tridente, a Alex Morgan, a Megan Rapinoe y a Tobin Heath, algunas como Ertz, Lavelle o Mewis se han encargado de pegarles un balonazo para cambiar la dirección de la luz.

Holanda no encontró respuestas, porque tampoco se paró a hacerse las preguntas correctas: por qué no fue valiente, por qué Martens o Miedema pasaron desapercibidas, por qué apenas tiraron entre los tres palos o por qué Shanice van de Sanden no fue titular. Mientras Estados Unidos iba a por el tercero, Holanda pedía misericordia y miraba el reloj deseando que los minutos pasaran más deprisa. Llegó el final, el mismo final de siempre, al que ya estamos acostumbrados, sea una generación u otra la que encabeza la toma del Mundial pertinente, Estados Unidos tiene motivos de sobra para sentarse en la cima, corroborar que no tienen rival y no dar más explicaciones. Este grupo de jugadoras es indestructible. Han nacido en un lugar privilegiado para practicar este deporte. Han nacido para ser campeonas del mundo. El resto lo han construido con sus propias manos y van a seguir siendo a lo que queremos parecernos cuando seamos mayores.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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