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Estados Unidos
Alex Morgan I Foto Twitter @USWNT

Diario de la Bastilla

Intocables

Estados Unidos jugará la quinta final de su historia en un Mundial tras derrotar a Inglaterra (1-2).

No solo no tiene buenas intenciones, porque no conocen la piedad, sino que además juega con tu mente como quiere. Estados Unidos tiene ese poder, porque posee un fondo de armario con varias yardas de profundidad. Jill Ellis desordenó los papeles de Phil Neville y dio entrada a Christen Press en lugar de Megan Rapinoe en el once titular riéndose de todas las previas que señalaban el enfrentamiento entre Rapinoe y Lucy Bronze como una de las claves que inclinaría la balanza de la semifinal hacia un lado o hacia el otro. A priori, un movimiento sorprendente, pero con las mismas garantías de éxito. No me pareció descabellado lo que dijo Ali Krieger sobre que Estados Unidos tiene el primer y el segundo mejor equipo de este Mundial. Políticamente incorrecto, sí, pero porque quizá no estamos acostumbrados a ese nivel de confianza que a las norteamericanas les sobra y con el que conviven a diario. Lo da la tierra.

Comentaba lo de las garantías de éxito antes de ver cómo Press inauguraba el marcador en el minuto diez de partido, porque más sabe el diablo por viejo, que por diablo. Inglaterra me recordó a una colonia de hormigas, bien ordenada, pero asustadiza ante la sombra de la suela de un zapato que se elevaba amenazante sobre ellas. Y Estados Unidos calza botas militares. Inglaterra no se quitó la sábana de la cabeza hasta que Ellen White aprovechó la poca contundencia de las centrales norteamericanas para empatar el partido. Y el contador se puso a cero. Las británicas entendieron, de repente, que el exceso de respeto no es un buen aliado y en su caso no fue un estímulo, sino una parálisis en las piernas durante los primeros veinte minutos. Ante la reacción británica, Estados Unidos mantuvo su estrategia, no se inmutó, la seguridad en su superioridad vale doble y tener a Alex Morgan en tu equipo, también. Porque no será la mejor delantera del planeta, pero acude puntual a las grandes citas para hacerse la foto de rigor como una estrella de cine en la alfombra roja. El gol de Morgan no fue más que la consecuencia de una Inglaterra dubitativa, e incluso me atrevería a decir, que un poco cobarde.

 

 

En el segundo tiempo, las norteamericanas pusieron en práctica el plan de defensa. Cuando llega el momento de la rebelión de su rival, Estados Unidos se recoge, se ordena, se encierra en su trinchera y espera la ocasión oportuna para salir al contragolpe y morder la yugular. Rose Lavelle se agotó arrastrando marcas hasta que tuvo que abandonar el terreno de juego, trabajo que favoreció que la conexión entre Kelley O´Hara y Tobin Heath metiese el miedo en el cuerpo a una defensa inglesa que vivía en el alambre. Inglaterra trataba de sobrevivir a base de milagros, básicamente, los que provocaba Ellen White, a la que anularon un segundo gol que hubiese revivido a las británicas cuando los pulmones ya pedían una tregua.

Inglaterra solo se pareció a sí misma cuando los minutos se agotaban y la soga del cuello apretaba alejándolas de la final. E incluso tuvo tiempo para fallar un penalti que, quién sabe, podría haber cambiado el curso de la semifinal. Pero eso ya forma parte de lo que pudo haber sido y no fue. Estados Unidos se mantuvo fiel a su estilo y a su forma de ver la vida en todo momento. Se puso por delante antes del primer cuarto de hora, amenazó más por el miedo que provoca en sus rivales que por un control contundente del partido y durmió el encuentro para que Inglaterra muriese lentamente en la orilla como España y como Francia. Este juego lo inventarían las inglesas, pero cuando compiten once contra once, siempre gana Estados Unidos.

Periodista. Intento de guionista, así que escribo mucho, aunque no siempre bien. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. Deporte. Cultura. Viajes. Me bato en duelo con cualquiera por defender a Batman y 'La La Land'. Viví dos años en Buenos Aires y por eso tengo mucha paciencia. Subdirectora de A La Contra. Emperatriz de la batcueva.

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