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Estados Unidos
Foto FIFA.com

Mundial de Francia

Estados Unidos, el equipo de los goles y las estrellas

Las norteamericanas descuartizan a Tailandia (13-0) en su debut y se postulan como máximas favoritas para ganar el Mundial. Su líder, Alex Morgan, marcó cinco tantos. Destacó la insaciabilidad de las de Ellis, que no dejaron de atacar.

¿Se acuerdan de la película “Cariño, he encogido a los niños”? En ella un científico, interpretado por Rick Moranis, reduce por error a sus hijos y los vecinos a un tamaño más pequeño que el de una hormiga. La acción del filme se desarrolla en ver si los jóvenes son capaces de sobrevivir en el jardín y volver a la casa, un trayecto que en circunstancias normales harían en menos de diez segundos. Este martes, las tailandesas debieron sentirse como las víctimas de Moranis, asediadas por un mundo hostil y unos seres superiores y peligrosísimos procedentes de Estados Unidos.

El 9-0 de un amistoso en 2016 parecía un antecedente difícil de igualar. Pero en el minuto 80 las yanquis ya habían saltado limpiamente la valla, aprovechando la recta final de encuentro para seguir probando tiro al blanco. Hay en estas mujeres una mentalidad de país, esa que señala a Estados Unidos como el lugar más competitivo del mundo, voraz, ansioso por superar y superarse, ser el “más” y lo que quieran poner después. Desde el saque inicial hasta el pitido final la superioridad fue arrolladora, sonrojante, digna de un encuentro de adultas contra niñas. Era ver la peli de “Space Jam”, cuando cinco grandes estrellas de la NBA pierden sus poderes y son machacados por amateurs allá donde van.

Y en el conjunto de las abusonas sobresalió quien se esperaba. Álex Morgan anotó cinco goles y lo que en algunos mundiales supone ser Pichichi al final del torneo, la californiana puede haberlo conseguido en un partido. Ya en el primer minuto la delantera del Orlando Pride amenazó la portería de las asiáticas, en el cinco le anularon un tanto y el doce decidió que se acababa lo que se daba. Gol de cabeza, de ariete pura de área, tras una gran jugada colectiva y un pase medido de O’Hara. El festival antes del descanso lo continuaron Lovelle, una de las mejores sobre la hierba de Renne, y Horan. Pudieron ser más, en especial en la jugada que cerró la primera parte, interminable por el número de tiros que se quedaron cerca de subir el cuarto al electrónico. Hasta un penalti claro se quedó sin pitar en esa acción. Daba igual. The Army se fue corriendo a vestuarios, como si así el tiempo pasase más rápido y pudieran volver antes para continuar el exterminio.


Dos rachas mortales


Haciendo una división de minutos jugados en la segunda mitad (48) y goles marcados por Estados Unidos (10), sale un tanto cada menos de cinco minutos. Cansa hasta pensarlo en un partido profesional. Imagínense cuando las estadounidenses regalaron 17 minutos de tregua (del 56 al 73). Tregua relativa, por supuesto, porque el asedio prosiguió y el encuentro se convierte en ese videojuego en el que mueres constantemente en el mismo sitio. Pero regresas hasta que se acaba el dinero.

A Tailandia el suplicio se le hizo especialmente duro desde el minuto 49 hasta el citado 56’, en los que encajó cuatro goles (doblete de Mewis y segundos goles de Morgan y Lovelle) y del 78’ al 86’, con otras tantas dianas en sus mallas. Se seguía divirtiendo Morgan, que llegó al quinto y se sumaban al destrozo Rapinoe y Pugh. Para que hubiese un final feliz made in Hollywood, hasta la goleadora histórica Lloyd sumó su golito en el 90’. Esa profesionalidad extrema de las campeonas del mundo se demostraba hasta en la celebración de los tantos, casi festejados con la intensidad del primero. Desde luego se puede apuntar que las tailandesas se opusieron poco y que llegó un momento que ni peleaban los balones divididos o las segundas jugadas. Probablemente mucho hacían con no ser pisoteadas.

Paso firme, muy firme, imperial, del país de las barras y las estrellas, que cambió el primer elemento por goles y con respecto al segundo quiere sumar la cuarta, seguir siendo la selección más laureada y, de paso, revalidar título. Aún queda mucho, pero el susto ya le han metido en el cuerpo a las rivales. Quítenle a Rick Moranis su máquina, por favor.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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