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Real Madrid

El eterno retorno del Madrid

Como ganaron en Vigo, todo está bien, el triplete está al caer y el entrenador es un genio que sabe sacar lo mejor de sus pupilos. Pero cuidado. En un pestañear, esta plantilla estará envejecida…

El eterno retorno es uno de esos conceptos filosóficos que los incultos usamos a la ligera para quedar de muy ilustrados en nuestros desbarres. La idea, mal explicada, es que el tiempo es un ciclo sin fin en el que todo se repite una y otra vez, no solo los acontecimientos, sino incluso los pensamientos y las sensaciones. Todo lo que pasa ha pasado y volverá a pasar una y otra vez por toda la eternidad.

Ese día de la marmota a lo grande es la situación en la que el Real Madrid, como Bill Murray, se levanta una y otra vez para vivir siempre lo mismo. Hace un lustro, más o menos, el club de Concha Espina entró en bucle. En el Madrid todo es gigantesco, desproporcionado tanto para bien como para mal. Así que este volver a vivir una y otra vez lo mismo se acompaña con toda la fanfarria mediática que contribuye a desvirtuar la realidad. O mejor dicho, no a desvirtuarla, sino a ocultar la reiteración, de modo que parezca que son novedades hechos que se repiten una y otra vez. Por ejemplo, Bale.

El galés es el ejemplo perfecto del eterno retorno del Madrid. Hagan un esfuerzo por intentar recordar las veces que en estos últimos cinco o seis años ustedes mismos han dicho, escrito o pensado que el galés es un caso perdido, un bandarra que sólo se interesa por el golf, un cuerpo extraño en el vestuario madridista que ni siquiera sabe saludar en español. Si se atreven, intenten calcular las veces que han proferido un exabrupto cuando el bueno de Gareth perdía un balón o echaba a perder un pase de gol. Cuántas veces han vociferado, siquiera mentalmente, que aquel sinvergüenza no debía estar en la plantilla ni un día más.

Ahora hagan un esfuerzo similar para rememorar las ocasiones en que se han levantado del sillón para celebrar un golazo del expreso de Cardiff. Los momentos en que han dicho, comentado o pensado que el tipo tiene cualidades que nadie más en el equipo puede tener y que esa potencia combinada con talento puede ser imprescindible para un Madrid carente de gol.

Y lo malo no es que lo hayan hecho ustedes. Ni siquiera periodistas y analistas de todo pelaje, que unos días alucinan con Bale y otros lo ponen a escurrir. Lo malo es que este ciclo sin fin lo vive el cuerpo técnico y la directiva del club, con idéntica fruición y empeño. Bale pasa de “Si se va mañana, mejor” a ser titular y “Se va a quedar”. Y a ser el mejor del equipo, para más inri. Pero tampoco se hagan muchas ilusiones. A no tardar mucho, ustedes, los periodistas y el entrenador del Madrid estarán, estaremos, echando pestes del golfista pasota y buscándole acomodo en el primer avión que salga para Pekin.

Bucles similares se repiten entre la mayoría de los integrantes de la plantilla, en el banquillo y en el palco del Bernabéu. El sábado, en el primer día de las muchas cosas que iban a cambiar, salieron ocho de los que salieron hace dos años. A hacer lo mismo, además. Como ganaron, todo está bien, el triplete está al caer y el entrenador un genio que sabe sacar lo mejor de sus pupilos. En un pestañear, esta plantilla estará envejecida, Kroos aburguesado, Modric estará viejo, Marcelo será un coladero y Benzema un pechofrío. El entrenador un simple alineador y el presidente un diletante que juega a director deportivo.

El tiempo se ha congelado en Concha Espina. Si uno lee las crónicas y los artículos de hace dos o tres años se encontrará los mismos protagonistas, los mismos partidazos y las mismas derrotas vergonzosas. Marcelo habrá metido un gol portentoso o habrá dejado vendido a sus compañeros de defensa. Isco habrá dado un pase magistral o se habrá dedicado a trotar abúlicamente por el césped. Ramos habrá metido un gol en el descuento o habrá cometido un penalti absurdo, Casemiro habrá cortado trescientos ataques del rival o habrá perdido el balón al borde del área.

Lo curioso es que se ficha y se vende, se presentan jugadores y se van otros, van pasando temporadas y sin embargo, cuando el árbitro da el pitido inicial, la imagen es siempre la misma.

Tal vez el Madrid (y el madridismo) necesitaría un Neo que nos sacase de este Matrix que se repite incansablemente. O tal vez, nos toque esperar otra vez ese momento del ciclo en el que se ganaron tres orejudas seguidas. Porque en el Madrid todo cambia para que todo siga igual. 

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