¡Síguenos!

Fútbol

Europeo Sub-20 de atletismo, una actuación de cine

Es tanto el fulgor que desprende la heptathleta María Vicente que las excelentes prestaciones de varios de sus compañeros han pasado más desapercibidas de lo debido.

Decía Miguel Rellán —actor, escritor, prohombre— que las estrellas eran necesarias para que el público entrase en los cines y los secundarios, para que no se marchasen. Más allá de la mala uva que pueda esconder la sentencia, refleja una realidad: cuando en un grupo de cualquier índole (un club deportivo, un consejo de ministros, una despedida de soltero) hay un líder indiscutible es inevitable que el resto quede opacado por su carisma.

Algo así es lo que ha podido ocurrirle al equipo nacional de atletismo Sub-20 que durante los últimos días ha disputado el campeonato de Europa en la ciudad sueca de Boras. Es tanto el fulgor que desprende la heptathleta María Vicente que las excelentes prestaciones de varios de sus compañeros han pasado más desapercibidas de lo debido. Para corregir eso en lo posible, vamos a efectuar un somero repaso a la actuación española.

 


El discreto encanto de la burguesía


Si el nivel de un atletismo se mide por su número de finalistas (o lo que es lo mismo, por su lugar en la clasificación por puntos) podemos decir que nuestra clase media ha cumplido con creces. El sexto lugar en la tabla que mide la actuación general es más que aceptable (spoiler: en el veredicto final pondré alguna objeción). Por otro lado, el alto número de finalistas viene respaldado por un excelente porcentaje de efectividad global: solo un 35% de nuestros representantes ha caído en primera ronda. Disponemos de estrellas y secundarios, sí, pero afortunadamente cada vez son menos los figurantes.

En el comportamiento de todos ellos podemos encontrar un denominador común: la competitividad. En otras épocas solíamos usar la fragilidad mental como excusa (real o inventada) para justificar la inferioridad deportiva; ese mantra ha sido desterrado del argumentario de nuestros jóvenes que se superan en escenarios adversos. Muchos han conseguido marca personal y han terminado en un puesto superior al que auguraba el ránking. Como ejemplos de esta última frase podemos citar al martillista David Martín, al fondista Adam Maijo, o al pertiguista Álex Gracia: sin llegar como favoritos, obtuvieron plaza entre los ocho primeros.

Un poco distinto fue el caso de Enrique Llopis. El vallista, que ya sabe lo que es competir contra Orlando Ortega, contaba con uno de los mejores registros del año. Una inoportuna enfermedad (como todas las enfermedades salvo las que te libran de un examen sorpresa) lo relegó a la cuarta plaza. Terminó esta primera parte con una mención especial para el sector de la velocidad, patito feo que está mudando a cisne con rapidez (como le corresponde). En el 100 liso, Canet y Arnau Monne superaron la primera ronda. El segundo, de hecho, consiguió entrar en la final, pero para su desgracia una lesión le impidió disputarla en plenitud física. Aun así, la completó andando con el objeto de sumar un punto para el equipo.

La que sí pudo competir a tope en la última carrera de 400 metros (y muy bien, además) fue Andrea Jiménez. Su quinto puesto y, sobre todo, su 53.22 (récord español sub20) redondearon una actuación deslumbrante.

Los relevos cumplieron sobradamente. Las chicas del 4×100 nos ilusionaron al marcar el tercer tiempo de los finalistas, pero un mal cambio de testigo entre Vicente y Bestué nos privó de luchar por las medallas. El equipo masculino accedió a la final por la descalificación de Francia, pero mejoró su tiempo matutino y firmó un quinto puesto beneficiado por otro par de descalificaciones más.
Del 4×400 hablaré en el siguiente apartado.

 


Los aristoatletas


Si el nivel medio de un atletismo lo marca su burguesía, está claro que la nobleza es la que acapara portadas y la que da brillo y esplendor al palmarés.

Tampoco podemos quejarnos en este aspecto: ocho medallas (tres de oro) son un cuantioso botín que nos sitúa en el séptimo lugar del medallero (no está mal, pero también se tratará en el veredicto final).
De las siete preseas, cuatro han ido a parar a manos femeninas. Tal vez la más significativa, por infrecuente, sea el bronce de Jael Bestué en la prueba de velocidad pura. Su presencia en el relevo absoluto significará un salto de calidad para el mismo.

Dándole el valor que tiene al bronce de la marchadora Mariona García, debo destacar que el tercer puesto de Sara Gallego es especialmente meritorio. La cuatrocentista ha vivido su annus horribilis particular: al fallecimiento de su entrenador de siempre, Armando Álvarez, hay que sumarle una lesión que le ha impedido preparar bien la temporada. Pese a ello fue creciendo carrera a carrera hasta conseguir el mencionado premio.

Los chicos han obtenido dos oros, una plata (la que Bernat Erta logró en el 400 lisos) y un bronce en el relevo 4×400. El desempeño del catalán ha sido excepcional durante todo el campeonato y solo la calidad de un atleta inmenso como Eduardo Scotti le privó del triunfo individual. En la prueba por equipos consiguió retener el tercer puesto en una recta final emocionantísima, quedando por delante, precisamente, del italiano.

Los triunfos llegaron de la mano de Aarón las Heras y Sotero. El primero pertenece a la categoría de las sorpresas inesperadas. Traía la sexta mejor marca y, a priori, no parecía un candidato solvente. Sin embargo, su desempeño en el tartán ha sido descomunal. Controló la prueba en todo momento y su cambio de ritmo al toque de campana solo pudo ser seguido (y a duras penas) por su propia sombra.
Sotero, en cambio, protagonizó tal vez el oro más anunciado de la delegación. El discóbolo de solo 17 años venía con la mejor marca europea (de largo) y en la jaula de lanzamientos refrendó su calidad. Una magnífica serie con varios tiros por encima de 62 corroboraron una victoria indiscutible.

 


The Queen


De María Vicente se viene hablando tanto que el único temor es que las expectativas infinitas en ella depositadas puedan defraudarse por una progresión más o menos pausada de sus capacidades. Hasta ahora da la impresión de no tener límites y su oro en el heptathlón no es más (ni menos) que el enésimo triunfo en una carrera tan escasa en años como exitosa en victorias. El tiempo dictará sentencia, pero hasta este momento, cualquier apuesta que hagamos sobre ella parece quedarse corta.

 


Veredicto final


Si para juzgar una actuación deportiva hay que atender tanto a los números como a las sensaciones, debo decir que en ambos parámetros el equipo español se ha movido entre el notable y el sobresaliente. El bajo porcentaje de eliminados a las primeras de cambio, la mejora en las marcas de muchos atletas y la cosecha de medallas y finalistas así lo indica. Y sin embargo…

Sin embargo, al final hemos sido sextos por puntos y séptimos por medallas. No está mal, pero la pregunta surge por sí misma: si hemos rendido tan bien (cosa que sigo manteniendo) ¿por qué parecemos estar encallados siempre en ese mismo rango de posiciones?

La respuesta hay que buscarla (aparte de en la evidente calidad de los demás países) en las ausencias más que en las presencias. Aunque nuestro atletismo es notable, adolece de competidores de nivel en algunos sectores (sectores que pueden cambiar con el tiempo: lo que no cambia es siempre el vacío en alguno de ellos). En este caso han sido los saltos los que no han aportado ni medallas ni (casi) puntos: ausencia total en los horizontales, flojas prestaciones en los verticales.

Hay algún dato más que explica nuestro estancamiento: nosotros avanzamos, sí, pero otros avanzan más. En este caso han sido los holandeses y los italianos los que han completado una actuación un poco más completa y brillante que la nuestra.

Esta situación, lejos de llevarnos a la melancolía, debe servirnos de acicate. Si la competitividad es el principal rasgo de esta generación, espero que a no mucho tardar esas ansias por ganar se extiendan por todas las especialidades y demos ese pasito que nos falta para equipararnos a la élite europea.
Y es que, como todo el mundo sabe, para cualquier súper producción hacen falta algunas estrellas y muchos, muchísimos, secundarios de lujo.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Fútbol

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies