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Atletismo

Europeo por Naciones: se cumplieron las profecías

España terminó sexta en el Europeo emitiendo inequívocas señales para la esperanza.

Como si estuviéramos viendo Pulp fiction, empecemos por el final. España se ha clasificado en sexta posición en el Europeo de Naciones de Atletismo disputado en Bydgoszcz (recuerden: no intenten ni imaginar cómo se pronuncia), cumpliendo así los pronósticos de los estadísticos y los futurólogos (si es que pueden distinguirse).

Así enunciado, puede parecer que hemos asistido a una competición anodina, pero nada más lejos de la realidad. Pasen y lean. Tras una primera sesión (el viernes) en la que el equipo español sentó las bases de futuros éxitos, las jornadas del sábado y el domingo estuvieran trufadas de emoción, de bastantes luces y de alguna esporádica sombra (propia o infligida por la organización).

Si tuviéramos que destacar algún nombre de la tarde sabatina sería sin duda el del saltador de altura Miguel Ángel Sancho. Como su homónimo cervantino, Sancho ha estado siempre a la sombra de otros personajes más ilustres, pero en esta ocasión decidió dar un paso adelante (o por ser más precisos, hacia arriba) y hacerse con una victoria que entraba en la categoría de las sorpresas, subgrupo “morrocotudas”. Su concurso fue impecable y el pupilo de Gustavo Adolfo Bécquer (seguimos con la literatura) apunta a cubrir el hueco que esta modalidad presenta desde hace algún tiempo.

Dentro del sólido tono de prácticamente todos los representantes españoles, destacaron Eusebio Cáceres (8,02 ventosos, buenas sensaciones) y Kevin López. El andaluz solo sucumbió, en la pista, ante el mítico Lewandowski y el británico Grice, que venía de hacer 3.30 en las últimas semanas. Sin embargo, su verdadera derrota se fraguó un poco más tarde: un leve pisotón sobre el interior del anillo determinó su eliminación. A veces lo que se ajusta al reglamento repele al sentido común.

No quiero acabar el repaso del segundo día sin hablar de Óscar Husillos: fue tercero en la final, sí, pero sigue muy lejos del Husillos que nos asombrara estos dos últimos años. Ni su tiempo (46.36) ni sus prestaciones en el relevo que cerró la competición dejan resquicio para la esperanza en Doha. Ojalá me equivoque, ojalá progrese descomunalmente este mes que resta.

El caso es que España encaraba el domingo en sexta posición, con el buen sabor de boca de una más que digna actuación global y un resquemor apellidado López.

El último día comenzaba con sordina (altura femenina, triple masculino). Tuvo que ser Orlando Ortega el que tocara el gong de la primera de las victorias que jalonarían nuestra actuación dominical. Un poco más tarde, le imitarían Fernando Carro y Adel Mechaal (ambos con autoridad, mostrando galones)

De nuevo casi todo el equipo rindió notablemente. La mayoría de los atletas arañaban un par de puntos más que lo que sus marcas prometían y, en algunos momentos de la tarde se llegó a soñar con el quinto puesto.

Sin embargo, no fue posible. El torneo terminó con la victoria local: el formidable equipo polaco cuajó una actuación completísima y no tuvo rival, ante las flojas prestaciones de los teutones que acabaron segundo a demasiada distancia. Francia, por tan solo medio punto, le birló el tercer puesto a los italianos (magnífica su actuación) que a su vez acabaron por encima de los británicos, por debajo de lo esperado.

Justo detrás, muy cerquita, España, emitiendo inequívocas señales para la esperanza: 294,5 puntos, los guarismos más altos de nuestra historia. Solo el desigual reparto ha provocado que, con más puntos que en Lille seamos sextos en lugar de quintos. Eso sí, entre Polonia y nuestro equipo nacional hay menos distancia que entre los españoles y los ucranianos, séptimos clasificados. Estamos claramente ante un atletismo europeo de dos velocidades: seis potencias en pie de igualdad y, a continuación, un grupo de cuatro o cinco países que adquirirán el alias de “equipo ascensor”.

En fin, en 2021 volveremos a competir en esta Súperliga (serán solo ocho equipos, se nos une la recién ascendida Portugal) y para entonces algunos de nuestros sorprendentes jóvenes serán ya estrellas. Si en 2023, como parece, es Madrid la organizadora, ¿por qué no soñar con pelear por el título?

Sí, ya sé que lo que acabo de enunciar es lo que se conoce como “pauta de satisfacción diferida” pero si le ha servido durante tanto tiempo a la Iglesia Católica y a los suscriptores de planes de pensiones, no sé por qué no iba a servirnos a los aficionados al atletismo.

Nos vemos en Doha.

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