Entre fantasmas: así viven (o mueren) los Kennedy | Especial Kennedy | A la Contra
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Bobby, Ted y John Kennedy, en la Casa Blanca, en 1962. Foto: Cordon Press

Historia

Entre fantasmas: así viven (o mueren) los Kennedy

Joe murió en una misión secreta en la Segunda Guerra Mundial. A John y a Bobby los asesinaron. Ted sorteó dos veces una muerte trágica. John John falleció en un accidente de avión…

El teniente Joseph Patrick Kennedy Junior falleció cuando el avión que pilotaba estalló durante una misión secreta en la Segunda Guerra Mundial en el mar del Norte. El presidente John Fitzgerald Kennedy fue asesinado cuando iba del aeropuerto de Dallas al centro de la ciudad. Robert Bobby Francis Kennedy recibió varios disparos en el Hotel Ambassador de Los Ángeles en plena carrera por la presidencia de los Estados Unidos. El senador Edward Moore Ted Kennedy sorteó a la muerte en dos ocasiones: en un accidente aéreo y en otro automovilístico. Joe, John, Bobby y Teddy, hijos de Joseph Patrik Kennedy y Rose Fitzgerald, están unidos, aparte de por la sangre, por la tragedia, que se extiende incluso a otras ramas del árbol genealógico, anteriores y posteriores a los cuatro hermanos. Podría decirse, hiperbolizando, que los Kennedy han asistido a más funerales que cumpleaños.

Familia: no hay palabra más relevante que esa, supone incluso más que un apellido, sobre todo para los Kennedy, cuya importancia dinástica en España sería semejante a un mestizaje entre el clan Flores, por la repercusión que han tenido sus festejos, sus desgracias y su actividad pública y privada, y los Borbones, la familia real de la casa. La familia Kennedy siempre ha pensado que era el país quien más necesitaba de su apellido. El primero en creerlo fue Joseph Patrick Kennedy, el patriarca, hijo de emigrantes católicos irlandeses que se hizo multimillonario durante los años de la Ley Seca. Su sueño fue siempre ver a alguien de su familia en el Despacho Oval de la Casa Blanca y, aunque le costó lo suyo (hubo muertes de por medio), lo consiguió. Él mismo fue el primero en intentarlo.

Familia Kennedy

Joseph Patrik Kennedy y Rose Fitzgerald con sus nueve hijos, en 1938. Foto: Cordon Press/UPPA

Dicen de Joseph que no daba nunca un paso sin pensar en política, así que el primero fue casarse con Rose Fitzgerald, hija de John Fitzgerald, congresista y alcalde de Boston. Fue nombrado embajador en Reino Unido poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, pero fracasó a las primeras de cambio al no considerar a Hitler como una amenaza real para los americanos. Metió la pata cuando intentó que su país no entrara a formar parte del bando aliado y el presidente Eisenhower lo cesó sin más miramiento. Joseph padre fracasó en su asalto a la Casa Blanca y el siguiente elegido fue Joseph Junior, el primogénito, el primero además de una sucesión de infortunios. Joseph hijo, graduado cum laude por la Universidad de Harvard, fue piloto durante la II GM y murió mientras volaba en una misión secreta. Con el entierro de Joe, comenzó la maldición de la familia, que, desde entonces, ha vivido entre los fantasmas del pasado; aunque hay quienes piensan que las catástrofes empezaron a fraguarse años antes con la muerte de un supuesto tío de Joe, John, Bobby y Ted. El 30 de septiembre de 1933, John Harold Kennedy fue asesinado en Sao Luis (Brasil) cuando trabajaba para una empresa estadounidense que controlaba los servicios de agua y energía eléctrica de dicha ciudad.

Muchos de los hijos de Joseph, por no decir prácticamente todos, no querían ser presidentes, tan solo querían enorgullecer al patriarca. Se pasaron y dieron la vida por los sueños de su padre, algunos de ellos de forma literal. Recorrieron un camino que no escogieron para sí mismos, pero, al final, por la influencia de su figura paterna o no, la mayoría consiguió convertirse en hombres sumamente importantes, aunque quien cumplió, por fin, el deseo de ver a un Kennedy en la Casa Blanca fue John, antes representante y senador por Massachusetts. JKF se convirtió en el 35º presidente de los Estados Unidos, el cuarto en ser asesinado durante su gestión (Abraham Liconln, en 1865, fue el primero). Acabaron con su vida el 22 de noviembre de hace 55 años en Dallas, cuando preparaba la campaña para su reelección. A pesar de que Lee Harvey Oswald fue señalado como culpable de su muerte, se dice que, en realidad, fue una conspiración llevada a cabo en las esferas más altas del gobierno americano: un golpe de estado. Su asesinato es uno de los momentos más terribles de la historia de los EEUU.

Toda la familia admiraba a JFK, por marcar el rumbo de toda una generación, y quedó destrozada, especialmente Robert F. Kennedy, su mano derecha, que había celebrado su cumpleaños dos días antes. Bobby, por entonces fiscal general del Estado, continuó el legado de su hermano, en todos los sentidos. No llegó a ser presidente, pero estaba cerca de serlo cuando, al igual que John, fue asesinado. El 5 de junio de 1968, ganó las primarias y se convirtió en el candidato de las demócratas. Por la noche, tras el recuento, dedicó unas palabras en la recepción del Hotel Ambassador de Los Ángeles. Allí fue tiroteado. Como en el caso de JFK, su asesinato desencadenó cantidad de teorías conspirativas similares. Una de ellas defiende que se realizaron 13 disparos, pero que la pistola de Sirhan Bishara solo tenía capacidad para ocho balas. Por ese motivo se cree que hubo un segundo tirador. ¿Actuó solo o tuvo la ayuda de la CIA, como algunos sugieren? Dicen, incluso, que, para resolver el crimen, el propio Sirhan pudo ser hipnotizado.

La política es poder y la verdad es una amenaza para el mismo. Y luchar contra el poder, tal y como prentendían John y Bobby, conlleva grandes riesgos. Asesinándolos acabaron matando a la verdad.

Tanto John como Bobby tenían muchos enemigos, especialmente el segundo: la CIA, Hoover, la Mafia, Fidel Castro, la Reserva Federal, otras élites económicas, los militares, los sindicatos corruptos… John era el intelectual y Bobby, el luchador. Para los conspiradores hubiera sido más interesante matar antes a Robert, porque era el más revolucionario de los dos, así que el homicidio de JFK fue en cierto modo un aviso que, claramente, desoyó su hermano. Todas sus intenciones eran consideradas muy peligrosas (luchar por los derechos civiles, acabar con la segregación racial, erradicar la pobreza, entablar relaciones internacionales con la URSS, etc.). Como decía Carlos Marcello, capo de la mafia de Luisiana investigado por su posible vinculación al asesinato de JFK: “Si cortas el rabo al perro, sigue ladrando; pero si le cortas la cabeza, se acabó”. O lo que es lo mismo: muerto el perro, se acabó la rabia, que se pronuncia a este lado del Atlántico. La política es poder y la verdad es una amenaza para el mismo. Y luchar contra el poder, tal y como pretendían John y Bobby (y Martin Luther King, aniquilado unos meses antes), conlleva grandes riesgos. Asesinándolos a ambos acabaron, de manera indirecta, matando a la verdad. Suena poco creíble, a ciencia ficción, pero básicamente terminaron con ellos porque querían cambiar las cosas.

Con las muertes de Joe, John y Bobby, el relevo pasó a manos de Ted Kennedy, el cuarto de los hermanos. Teddy se convirtió en el líder de la familia. Como JFK, fue senador por Massachusetts de 1962 a 2009, año en el que falleció a causa de un tumor cerebral. Antes, Ted ya había sobrevivido a un accidente de avión en 1964 en el que murieron uno de sus ayudantes y el piloto de la nave. Después, en 1969, se vio involucrado en un accidente de tráfico en Chappaquiddick en el que falleció Mary Jo Kopechne, anteriormente ayudante de Bobby, con la que se rumorea que Ted mantuvo una relación extramatrimonial; aunque, en realidad, no sería el primero de los Kennedy en hacerlo, porque todos los del clan tenían fama de ser mujeriegos desde la cuna (Marilyn Monroe fue amante de John y Bobby al mismo tiempo). Líos de faldas aparte, Ted era el hijo más descarriado de todos. Su padre perdió la confianza en él tras el accidente y llegó a decirle algo así como: “Tú nunca serás grande”. No como sus hermanos mayores quiso decir. Esa noche, Ted, que tuvo grandes problemas con el alcohol, conducía ebrio, se salió del puente por el que transitaba y después abandonó, acobardado, el lugar de los hechos. Su licencia para conducir, además, estaba caducada. El coche se hundió en el lago y no notificó el suceso hasta diez horas más tarde.

Ahí se truncó su posible ascenso a la Casa Blanca (en 1980 volvió a intentarlo y se presentó como candidato a la presidencia del Partido Demócrata, pero fue derrotado por el entonces presidente Jimmy Carter). No muchos senadores acusados de homicidio involuntario fueron candidatos a presidente, a pesar de que su equipo y varias personas de confianza que reunió su padre intentaron una campaña para suavizar el asunto. Al mismo tiempo que esto ocurría, Neil Armstrong se convirtió en el primer hombre en pisar la Luna, acontecimiento que imaginaron podría eclipsar la desgracia de Ted. Hasta utilizó un falso collarín como artimaña, pero ese teatro no engañó al Tribunal, que lo condenó a dos meses de cárcel, aunque nunca los cumplió. Pese a todo, no se salvó del juicio mediático y social. La tragedia define a las personas y, en este caso, Ted no salió muy bien parado. Tras lo ocurrido, ya que estuvo a punto de morir en aquella catástrofe, y ante las cámaras de televisión, se preguntó públicamente si “algún tipo de maldición realmente se cierne sobre todos los Kennedy”.

Su hijo Joseph Patrick Kennedy II siguió los pasos de su padre Ted: ocupó una silla en la Cámara de Representantes de 1995 a 2011. Además, fue uno de los mayores apoyos de Barack Obama para su elección como 44º presidente de los EEUU en 2008. La hija mayor de Ted, Kara Kennedy Allen, cineasta y alejada de cualquier tipo de escaño, superó un cáncer de pulmón que le diagnosticaron en 2002; sin embargo, murió a la edad de 51, dos años después de su padre, a causa de un ataque al corazón mientras estaba en el gimnasio.


Las hermanas de Joe, John, Bobby y Ted


Rose Fitzgerald y sus cinco hijas solían organizar reuniones para tomar té con miles de mujeres de la zona para conseguir votos, primero para JFK y después para Bobby. Algunas de ellas también se dedicaron, más o menos, a la política; fue el caso de Eunice, Patricia y Jean Ann.

Eunice trabajó para la campaña presidencial de su hermano John y de su yerno y gobernador de California Arnold Scharzenegger. Su marido Robert Sargent Shriver fue embajador en Francia y candidato demócrata a la vicepresidencia. Sus tres hijos también lo intentaron en política. Mark fue diputado estatal en Maryland desde 1995 hasta 2003. Robert fue miembro del consejo municipal de Santa Mónica de 2004 a 2012 y ejerció como alcalde interino ocho meses. Maria, exmujer de Schazenegger, fue primera dama de California.

Patricia estaba interesada en la producción audiovisual, pero por su condición de mujer en plena década de los 50 solo llegó a acceder al puesto de ayudante de producción en un programa de radio. Se casó, y más tarde se divorció, con el actor Peter Lawford, y coqueteó con la industria de Hollywood. Colaboró también de forma activa en las campañas electorales de sus hermanos mientras combatía su adicción al alcohol y un cáncer de boca que le costó la vida.

Jean Ann fue embajadora de EEUU en Irlanda desde 1993 hasta 1998 y, posteriormente, el presidente Bill Clinton la nombró su representante en el proceso de paz. Jean Ann es la única de los nueve hermanos que, a sus 90 años, continua con vida.

Las otras dos hermanas, Rosemary y Kathleen Cavendish, vivieron o, en cualquier caso, se despidieron de la vida fatalmente, como suele ser habitual para su desgracia en la familia Kennedy. A Rosemary le practicaron una lobotomía a los 23 años de la que no salió bien parada. Tenía una deficiencia y su padre consideraba que avergonzaba a la familia, así que vivió bajo esas secuelas hasta los 86 años en un sanatorio mental.

El desenlace de Kathleen es distinto al de su hermana Rosemary. Esta estuvo casada con el heredero del Ducado de Devonshire, que murió en combate. Mas tarde, se prometió a otro noble: Peter Wentworth-Fitzwilliam, conde Fitzwilliam, aunque no llegaron a casarse, porque ambos fallecieron en un accidente aéreo cuando viajaban por el sur de Francia el 13 de mayo de 1948. Su madre, por cierto, la nombrada Rose Fitzgerald, no acudió al funeral de su hija porque su novio era protestante. Los Kennedy siempre han sido una familia ultracatólica y, en ese sentido, superconservadora (véase además la elección de los nombres de sus descendientes), cuando menos en la teoría, porque en la práctica los varones tuvieron algún desliz.


John John, el heredero maldito de JFK y Jackie


Un aborto natural de Jacqueline Kennedy Onassis y el nacimiento de dos niños que murieron al nacer redujo la descendencia de JFK a Caroline, cuyo apoyo al presidente al Barack Obama le sirvió para ser embajadora en Japón, y John John, el menor de los dos.

John Junior nació dos semanas después de que su padre fuese elegido presidente, el 25 de noviembre de 1960 (su aniversario coincidió, por tanto, tres días después del asesinato de JFK). El saludo militar que propició al ataúd de su padre el día de su entierro cuando apenas tenía tres años fue una de las imágenes que marcó, sin duda, la década de los 60. Con tal motivo, su figura paterna, cuando menos hasta el 5 de junio de 1968, fue su tío Bobby.

John John es como lo apodaron los medios de comunicación, porque sus familiares nunca se dirigieron a él con ese nombre. Se profesionalizó en abogacía y fundó George, una revista mensual que tenía a la política como forma de vida. Vivió, claramente, bajo la sombra de ser el heredero natural de su padre, pero nunca hizo carrera política, tan solo ofreció un discurso en la Conferencia Nacional Demócrata de Atlanta en 1988.

Tuvo una muerte prematura, a los 38 años. No fue por causas naturales, pero sí tuvieron culpa, entre otras cosas, las pésimas condiciones meteorológicas de aquel día, según dicta el acta oficial. La avioneta que pilotaba, una Piper Saratoga, cayó al mar cuando iba de camino a la isla de Martha’s Vineyard. Se dirigía a la boda de una prima en Cape Cod, el 16 de julio de 1999. También murieron su mujer y la hermana de esta. Los cuerpos de los tres fueron localizados tres días más tarde, el 19 de julio, en las profundidades del océano Atlántico.

Siguiendo con las teorías conspirativas que acompañan a la familia, su muerte, poco después de mostrar su primera intención de hacerse senador, no hizo más que aumentar el mito de la maldición de los Kennedy.


Un nieto de Bobby, el futuro político más inmediato de los Kennedy


Bobby Kennedy, aparte de político apasionado, tenía fama de padrazo. Tuvo 11 hijos, aunque solo a tres de ellos les contagió su activismo. A los otros ocho, o por lo menos a dos, mantenerse al margen no les sirvió para llevar una vida larga. Michael, a pesar de las advertencias de la organización, practicaba esquí en una pista no señalizada en Aspen cuando chocó con un árbol y murió. Tampoco llevaba bastones que lo pudieran haber ayudado a salvar la caída. Además, en aquel momento, también estaba envuelto en una supuesta relación con una menor de edad. David, por su parte, apareció muerto a la edad de 28 en un hotel de Palm Beach por una sobredosis de drogas: cocaína y analgésicos.

Kathleen, Mary y Joseph fueron los que siguieron a su manera la estela de su padre Bobby. Kathleen, acompañada por su primo Mark, fue vicegobernadora de Maryland entre 1995 y 2003; y Mary estuvo casada con Andrew Cuomo, exsecretario de Vivienda (1997-2001) y actual gobernador de Nueva York. Joseph Patrick Kennedy II, quien también tuvo un accidente de coche que dejó a su novia de entonces paralítica, fue representante de Massachusetts (1987-1999). Ahora, su hijo Joe (Joseph Patrick Kennedy III), de 38 años, da sus primeros pasos en política. Actualmente, ocupa un asiento en la Cámara de Representantes de los EEUU y es, a todos los efectos, el futuro político más inmediato para la dinastía.

¿El próximo capítulo de la saga de los Kennedy estará protagonizado por una desgracia familiar o un éxito político? La historia, en estos casos, suele tener la última palabra.

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista. Le tiene mucho respeto al crío que fue y no le piensa defraudar.

4 Comments

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  4. Antonio Lopez Lobeto

    22/11/2018 at 14:34

    Magistral lección de historia acabó de leer.Marcos tu eres el responsable de que yo conozca mucho mejor a la familia Keennedy.Enhorabuena

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