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Fútbol Club Propaganda

La segunda equipación de los azulgrana vuelve a retratar a la Junta Directiva culé, que desconoce u omite partes fundamentales de su propia historia. Todo sea por el marketing

La propaganda siempre va por delante. Aunque luego la realidad te retrate. El Barça lleva demasiado tiempo viviendo en este universo paralelo, empeñado en moldear un relato que se olvida del balón y se centra en lo accesorio. El concepto siempre por encima de la esencia. Ya sea Cruyff, La Masía o el juego de posición. El último eslabón de esta larga lista ha sido la segunda equipación diseñada para el año que viene. Una camiseta amarilla, tan bonita como histórica, que remite a los años 70 donde la llegada de Johan Cruyff cambió por primera vez al club. El homenaje o el guiño a la historia han sido alguno de los materiales utilizados en esta ocasión, aunque viendo sus propias inexactitudes o sus olvidos involuntarios queda claro que su memoria es, cuanto menos selectiva.


Cruyff y el amarillo


Y es que la dichosa zamarra ni siquiera se utilizó en 1979. Sí es cierto que la había portado Cruyff y que fue más o menos habitual ver al Barça teñido de amarillo en sus salidas europeas de la segunda mitad de la década de los 70. Con El Flaco al frente esa camiseta se utilizó por primera vez en la temporada 1975-76. El Barça de Cruyff se enfrentaba en semifinales de Copa de la UEFA al Liverpool y Anfield fue el primer estadio en el que pudo verse este diseño. Neskeens, Rexach, Johan y compañía con una franja azulgrana cruzando su pecho caerían eliminados tras empatar a uno (habían perdido 0-1 en el Camp Nou), pero la camiseta se siguió utilizando en temporadas posteriores.

Un año después el Barça saltaba a Portmand Road, la casa del Ipswich Town, vestido de amarillo, nuevamente capitaneado por Cruyff. El Barcelona se desmoronó en Ipswich, tituló El País la crónica del partido disputado el 23 de noviembre de 1977. Eran los octavos de final de la Copa de la UEFA y el Barça, ya de azulgrana conseguiría remontar en la vuelta. En la siguiente eliminatoria, los azulgrana volvieron a viajar a las Islas para enfrentarse al Aston Villa. En Villa Park, en marzo de 1978, vistieron de nuevo de amarillo y cosecharon un empate a dos que harían bueno con la victoria en el Camp Nou (2-1). El PSV cortaría en semifinales el vuelo de aquel equipo, en lo que fueron los últimos retazos de Cruyff con la camiseta azulgrana y/o amarilla. Ese verano del 78 fue traspasado a Los Angeles Aztecs de la liga estadounidense.


¿Un color gafe?


De hecho, tal y como ya contamos aquí, el Barça que termina conquistando la Recopa en Basilea en 1979, disputó una nueva eliminatoria frente al Ipswich Town, pero en esta ocasión cuando rindió visita a Portmand Road lo hizo vestido de blanco por última vez en su historia. Ninguno de los héroes de Basilea, (primer título europeo del que se han cumplido 40 años recientemente) vistió esa temporada la zamarra amarilla, tampoco la posterior, la 79-80, en lo que fue el primer Barça post-Cruyff por lo que el guiño histórico esta moldeado a gusto y gana del marketing.

Sin embargo, ese color volvió a utilizarse ya entrada la década de los 80. Cuando otro icono del fútbol mundial aterrizó en Can Barça. Maradona también vistió de amarillo en varias ocasiones durante las dos temporadas que jugó en el Camp Nou. Quizá la más recordada fue la visita a Old Trafford en la vuelta de los cuartos de final de la Recopa de la temporada 1983-1984. Los azulgrana habían ganado en el Camp Nou por 2-0, pero en la vuelta y capitaneados por El Pelusa sufrieron una durísima derrota que acabó con el sueño europeo esa temporada (3-0). Aquella decepción unida a otras derrotas vestidos de amarillo como frente al Metz (1-4), un año después y ya sin Maradona en el Barça, para caer eliminados en la primera ronda de la Recopa o frente al modesto Osasuna en el campeonato doméstico creo un cierto estigma hacia ese color y por ende hacia esa camiseta que entre fantasmas y gafes se desterró del armario azulgrana.

Y no volvió a utilizarse, al menos en su concepción más clásica, hasta la llegada de Pep Guardiola al banquillo. En otro de los olvidos de esta Junta directiva, en la nueva presentación de la equipación tampoco encontramos ninguna referencia a los 10 años del Iniestazo. Un gol que se marcó vestido de amarillo en Stamford Brigde y que abrió las puertas al primer triplete de la historia del club. Aunque entonces, al igual que en la época de Maradona, la franja era vertical y no transversal. No parece, en cualquier caso, que haya sido el diseño el principal motivo para echar otra palada de tierra a uno de los momentos más gloriosos de la historia reciente del Barça, y sí la animadversión que esta junta directiva tiene hacia todo lo relacionado con Joan Laporta, el ex-presidente culé.


La Masía, ¿fachada o credo?


Y luego está la mención a La Masía. Como si de un cocktail se tratara en el marketing cabe todo.  Y cuantos más ingredientes más se potencia el sabor, o al menos eso piensan en Can Barça. Efectivamente este año se han conmemorado los 40 años de la inauguración de La Masía, al menos de la residencia original, la que estaba situada a los pies del Camp Nou, convertida a día de hoy en parking, con unas vistas, eso sí, privilegiadas, las mismas que tenían Iniesta, Puyol o Valdés desde su habitación. Pero puede que haya aún mejor metáfora del olvido que la del aparcamiento, porque basta con mirar al primer equipo para reconocer en Sergi Roberto al último jugador criado entre esas cuatro paredes que ha conseguido asentarse en el once titular. En el horizonte surgen Aleñá y Riqui Puig como esperanza para seguir conectado a ese cordón umbilical.

Es el reverso tenebroso de otro de los eslóganes utilizados recientemente en Barcelona: La Masía no se toca. Fue la frase que hizo fortuna tras ser sancionado por la FIFA al demostrarse irregularidades en los fichajes de jugadores menores de edad. Acudía al Barça al corazón de su esencia para tocar la fibra sensible de los suyos, olvidando por el camino que llevan años maltratando y pervirtiendo uno de los mayores activos del club, tal y como dejó claro Xavi Torres en su fenomenal artículo La Masía está enferma.

Ahora la lujosa residencia se ha trasladado a Sant Joan d’Espí, a 10 kilómetros del Camp Nou. Desde el centro formativo Oriol Tort ( como se le conoce oficialmente en honor al responsable de la cantera que descubrió entre otros a Amor, Guardiola o Xavi) también hay unas vistas maravillosas, desde las ventanas de la habitaciones lo que se ve es el nuevo estadio Johan Cruyff que en estas fechas ultima detalles para estar listo para el inicio de la temporada. Desde septiembre esa será la casa del Barça B, del equipo femenino y del Juvenil A (al menos para los partidos de la Youth League). Esta por ver si el nuevo estadio supone un espaldarazo y un acicate para los nuevos talentos del club y si el espíritu de Johan Cruyff va más allá de la fachada del mismo. Una nueva oportunidad para pasar del dicho al hecho y que otra de las frases de cabecera del departamento de marketing tenga su reflejo en el campo: La pelota nos hace más. Y hace tiempo que el Barça se olvidó de ella, dentro y fuera del césped.

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