¡Síguenos!

Wimbledon

Federer gana la batalla del tiempo

En tres horas y 4 sets (7-6, 1-6, 6-3 y 6-4) Federer se planta en su duodécima final de Wimbledon. El capítulo 40 entre Roger y Rafa cae del lado suizo. Federer y Djokovic lucharán por el título el domingo.

El partido empezó con un saque directo, de Roger. La primera bola que se puso en juego fue para Nadal. El Delorean funcionaba y si algo no ha cambiado en estos once años es la esencia de ambos. El tenis por encima de todas las cosas. Esa pasión es la que sigue avivando esta rivalidad. También el respeto mutuo, bañado por una amistad que ha ido cincelando el tiempo. Al fondo una carrera que no cesa en busca de recolectar el mayor número de Grand Slams. Quizá por eso el encuentro comenzó dominado por el saque de cada uno, imponiendo la ventaja desde el servicio, ese que Rafa ha mejorado tanto en su afán evolutivo. Los largos intercambios brillaban por su ausencia y ninguno de los dos parecía incómodo en esa conversación en la que contestaban con monosílabos.

La primera bola de break llegó en el octavo juego. Era para el suizo y Rafa se sacudió la presión a base de raquetazos, a diferentes alturas y velocidades para desarbolar a Roger. Nadal volvía a su esencia, a los golpes desde el fondo de la pista para superar la primera situación comprometida. Federer rozaba la excelencia con su servicio con un 74% de primeros, aliñados con 7 aces y un 89% en las subidas a la red (8/9). No le andaba a la zaga Nadal que rondaba el 90%  de efectividad con su primer servicio (19/22). Ante ese panorama el Tie-Break dictaría sentencia. El acierto del suizo con hasta cinco puntos consecutivos decantó la balanza a su favor en este primer set. 7-6 (3) en 51 minutos de magnífico tenis.

La primera bola delicada para Rafa llegó muy pronto en la segunda manga. En el tercer juego del segundo set, Roger ya disfrutó de dos bolas de break. Resoplaba Nadal porque el suizo se movía por su jardín como ese jardinero fiel que cada mañana riega las plantas, sin apenas esfuerzo, conocedor de cada uno de los baches del terreno. Del apuro volvió a salir el manacorí con una serie de buenos saques, aces incluido, para terminar de espantar los fantasmas. Lo siguiente fue extender las alas y restar todo lo que Federer ponía en juego. Así llegó la primera ruptura del español  que tras lanzar bolas de fuego y confirmar el break dominaba la segunda manga por 4-1. El Ave-Fénix había alzado el vuelo en La Catedral.

Con la confianza por las nubes cogió carrerilla Nadal, volvió a romper el saque a Roger y en poco más de media hora había solventado la segunda manga con un contundente 6-1. Federer ya no tenía los mismos porcentajes de primeros (59%) y en la red también se mostraba más dubitativo. Mucho más (3/8). Mientras tanto Rafa apenas contabilizaba dos errores no forzados y había mantenido su nivel de tenis del primer set. El suizo bajó un marcha y Nadal le pasó por encima. La pelea se igualaba mientras caía la tarde en Londres.

El tenis de ambos volvió a ascender varios quilates en la tercera manga. Tanto que la banda sonora en la pista Central de Wimbledon alternó entre el taconeo de la bola y los ¡Oh! de la grada. Los golpes imposibles se sucedieron entre uno y otro para algarabía de la grada, que disfrutó del intercambio más largo del partido con 23 golpes. Este cayó del lado de Federer que como en la mayoría de los puntos largos de la tercera manga se impuso al manacorí. Así consiguió romperle el juego a Rafa y levantar tres bolas de break en contra en el siguiente juego para devolverle el 4-1 en el marcador. Federer lo festejaba con rabia, consciente de haber superado una prueba de fuego.

Después de eso, cada uno ganó su servicio para terminar decantando el tercer set a favor del suizo. Ese 6-3 se explica a través de los porcentajes de primeros de Federer. Nuevamente superando el 70%, 74 para ser exactos y sobre todo los 15 ganadores por solo dos errores no forzados. El suizo se ponía 2-1 en sets y eso en el verde de Wimbledon era subir el Everest sin oxígeno. Nunca había ganado el español a Roger cuando este se había adelantado con 2-1 en el marcador. Hoy tampoco sería el día.

Disfrutaba Federer de su ventaja y presionaba a Rafa hasta la extenuación. Cada saque del manacorí se convertía en un suplicio, porque Roger restaba lo imposible y con su saque se mantenía inalterable. En el tercer juego del cuarto set la carretera se empinaba aún más. Break para el suizo y juego en blanco posterior para poner el 3-1 en el marcador. El sopapo hubiera noqueado a cualquiera, pero Nadal se aferró entonces al partido, sobreviviendo en casa del enemigo, persiguiendo las líneas que hoy se le negaban más de lo habitual. Aunque nadie le negó tanto como Federer esta tarde. Convertido en un francotirador con su saque y en una pared cada vez que la pelota se ponía en juego. No necesitó el suizo ni siquiera correr demasiado, siempre parecía mejor colocado en pista, conocedor de los recovecos de su jardín, haciéndole pagar a Rafa cada una de las perrerías a las que este le somete en tierra. Todo ello con 37 años y dos pares de gemelos, lo que redobla el mérito.

Tras su recital de restos, a cual mejor, a cual más profundo, a cuál más abierto, llegó la primera bola de partido para Federer. La salvó Rafa con un gran saque. Volvió a tener otra Roger y se revolvió Nadal camino del cadalso, porque no hay mayor Robin Crusoe en el circuito del tenis que el manacorí. Daba igual que Roger no se inmutara porque la bola de Nadal no le llevaba al extremo, no le obligaba a un esfuerzo extra y en esas la muñeca del suizo resolvía. Pese a todo Rafa estiró el partido hasta el límite, salvó otras dos bolas de partido con Federer al servicio. Pero no pudo con la tercera. Lo cerró Federer con suspense tras otra derecha profunda que obligó a Nadal a un nuevo imposible. Pero hoy no era el día y el capítulo 40 cayó del lado del suizo.

Los dos abandonaron La Catedral ante una tremenda ovación, después de que el suizo soltara toda la tensión con un grito liberador. «¡No en mi casa! ¡No en mi jardín!», parecía decirle Roger a Rafa tras darse un caluroso abrazo. La balanza se equilibra un poco más en el cara a cara más emblemático de nuestro tiempo, 24-16 todavía a favor del manacorí. Otra cosa es la carrera por los Grand Slams, Federer podría alcanzar pasado mañana los 21 y Djokovic volver a soplar en el cogote a Nadal si alza su 16º Major. Pero no adelantemos debates y disfrutemos de la  (pen)última batalla contra el tiempo emprendida por esos dos gigantes que hoy volvieron a emocionarnos.

 

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Wimbledon

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies