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Banega, en el córner del Sánchez Pizjuán. CORDON PRESS

Liga Santander

El feliz Sevilla acampa en el parque de Éver

Banega es culpable del buen momento que disfruta el Sevilla, un equipo que vive horas felices, como quien acampa en un parque el domingo por la mañana.

Se sabe que la vida, cada vida, puede cambiar en un instante. Incluso para quien lo acepta desde cierta consciencia, la sucesión de acontecimientos es tan frenética que, casi de inmediato, se borran las huellas que deberían anotar el cambio de rumbo. Aquí también las hay y el texto avanzará hasta señalarlas, antes de que el vértigo de nuestro tiempo las borre y olvide.

Nada tiene que ver el Sevilla de hoy, flamante escudero de los actuales líderes del campeonato, con el proyecto que parecía infectarse fatalmente con la derrota en casa ante el Getafe, hace apenas un par de domingos. El canario Ángel fue un pájaro endemoniado que se burló sin disimulo de toda la defensa y ha enviado, desde entonces, a Gnagnon al rincón de pensar. Y si sólo ha enviado al central francés ha sido por la falta de defensas sanos. Carriço ha vuelto a latir tras un año en formol, pero ni Mercado, ni Escudero, ni el pivote reconvertido Amadou han estado disponibles (¡todos por fracturas en el brazo!) para la revolución atrás que mereció aquella noche de juego infausto. Fue un 0-2 hiriente, que suponía un nuevo castigo tras el arponazo de Joaquín en el último minuto del reciente derbi y parecía empantanar al equipo de Machín en la parte media-baja de la tabla, con apenas cuatro puntos en cuatro jornadas. Uno en las tres últimas.

Demasiado pronto para alarmarse mirando la clasificación, se diría bien, pero aquí las alarmas eran potenciadas por las sensaciones. El plan no parecía funcionar y el entrenador, en su primera oportunidad en uno de los notables de nuestro fútbol, dejaba claro que no creía en un plan B porque sólo cree en el plan A. Ese plan A, que lo implantó por necesidad en el Numancia y lo convirtió en marca de éxito registrada desde que aterrizó en el Girona en Segunda en marzo de 2014, le estaba procurando muchas más ojeras que alegrías. No había atisbo de tranquilidad en las arrugas que ahondaban su frontal en cada partido, en su figura cada vez más encorvada en la banda y en cada rueda de prensa.

El verano había sido exigente, con la Supercopa de España en Tánger ante el Barcelona y con interminables rondas de acceso a la Europa League mientras la plantilla se confeccionaba. Y el final del estío amenazaba con instalar el hastío. Un hastío que, en fútbol, sólo precipita las decisiones impulsivas. Así se llegó al mediodía del pasado domingo en el Ciutat de Valencia ante el Levante, apenas tras un analgésico triunfo en Europa League ante el Standard de Lieja y contra un rival que sí sabía lo que era ganarle al Betis. Y ganarle bien: 0-3 en la fecha inaugural del campeonato.

Machín mantuvo el sistema, pero cambió los roles de algunas piezas. Todo matices ofensivos. Los dos delanteros de su 3-5-2 son: André Silva y Ben Yedder. Dos delanteros desatados: Silva es pichichi de la Liga, con permiso de Aspas quien aún no ha jugado mientras este texto se cocina, y Ben Yedder escupe veneno en cada acción, se mueve como una mariposa y pica como una avispa. Arana, por su parte, le daba el vuelo al carril izquierdo que Aleix Vidal, por ser diestro excluyente, no puede ofrecerle por más que quiera. Carriço aportó mando y pegamento a una pared defensiva que se había autodestruído la jornada anterior ante el Getafe, y la falta de especialistas en el mediocentro defensivo (Gonalons y Amadou son lesionados de no corta duración) obligó a un triple mortal, que ha terminado resultándolo para los rivales: Banega, Sarabia y Vázquez. Mucho pie para jugar la pelota y no demasiada pierna para recuperarla cuando no se tenga. Parecía —siempre parece y, a veces, no es—. ¿Quién va a correr ahí hacia atrás y a los lados?

Todos, ellos tres y los demás, corrieron para abrazar a Vaclik a los 26 minutos del duelo contra el Levante. No era para menos. En un arranque de encuentro desatado, el portero checo, quizá la mejor y más estable noticia deportiva para el Sevilla desde el inicio, le negó a Morales el empate a dos en el marcador, deteniéndole un penalti, abajo a su izquierda. No era parárselo a cualquiera. Morales, quizá haya sido el mejor jugador de la Liga en su primer mes, y sigue sin entenderse que nunca suene para ser convocado por la Selección, si es verdad que los cánones de belleza clásica nunca suman ni restan en estas decisiones. Ahí se desintegró el Levante y despegó el Sevilla: 2-6 final y 3-0 en el Pizjuán ante el Real Madrid, sólo tres días más tarde, a lomos de una primera parte implacable.

Este sábado, tras resistir al siempre buen Eibar de Mendilibar en la primera mitad, aprovechó una mano imprudente de José Ángel en el amanecer de la segunda para adelantarse y ya no dar ninguna concesión al rival. En apenas seis días, el Sevilla de Machín ha sumado nueve puntos consecutivos, ha anotado 12 goles y ha encajado apenas tres, en un calendario que ofrecía dos salidas poco amigables y la visita del Real Madrid, justo cuando el proyecto y el nombre del entrenador se tambaleaban. Y ahí, entre multitud de razones, todas ellas razonables, emerge la figura de Éver Banega, presunto artista discontinuo, en el ancla y faro de un equipo que vive horas felices, como quien acampa en un parque un domingo por la mañana.

Este Sevilla podría llamarse Club Parque y estirar así el relato. No es legalmente posible porque el Club Parque ya existe. Quizá sea el mayor semillero mundial de futbolistas profesionales. De ahí, entre muchísimos otros, asomó Éver Banega. Uno de los preferidos del cíclope que gobierna el lugar: el mito, ya septuagenario, Ramón Maddoni. Pero eso ya es material para otra de estas notas al pie. Quizá la próxima…

Cefalópodo. Activista de imposibles renovables. Dueño, como nadador, de un diploma paralímpico único en Londres 2012. Único... porque no ganó más (50 espalda) y porque nunca nadie ha alcanzado uno igual: con 33 años y sin haber entrenado nunca antes de los treinta. Doctor Honoris Causa en México y conferenciante motivacional sin fronteras en www.delospiesalacabeza.org, regresa a la redacción deportiva tras fatigar teclados en Heraldo de Aragón y en As a principios del siglo

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