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Una pancarta de Zidane a tamaño real el sábado en el Bernabéu. CORDON PRESS

Opinión

Perdonen que no me levante con la ‘felizidane’

Me resulta imposible explicar el entusiasmo con el que se están tomando la pretemporada más larga de la historia. Y la temporada más corta

Los socios y aficionados culés le tienen envidia al Real Madrid. Sabiéndose pesimistas y condenados a pensar que la ley de Murphy cae sin remedio como un mazo sobre sus cabezas, envidian el talante jaranero de los madridistas, siempre dispuestos a lo contrario, en el otro extremo del adagio creyendo que «si algo bueno puede pasar, pasará» ya sea agarrándose al espíritu de Juanito, la mística del Bernabéu o el da igual que la temporada sea un desastre porque ganaremos la Champions. Y la ganaban. Tres seguidas nada menos, cuatro de las últimas cinco. Lo malo es que el chicle se ha estirado tanto que ya es imposible hacer ningún globo por mucho que se empeñen.

Florentino Pérez ha demostrado su inteligencia y en una formidable operación estratégica ha vuelto a fichar a Zidane justo cuando más lo necesitaba. Si no hubiera sido por la felizidane, el pasado sábado no habría habido suficientes empleados de seguridad para retirar pancartas ni tapar las bocas de los seguidores madridistas. El efecto del entrenador de las tres Champions consecutivas ha sido mano de santo para la depresión galopante que acechaba en pleno mes de marzo sin ningún objetivo a la vista más allá de clasificarse entre los cuatro primeros para poder disputar la siguiente. Pero hay culés que se preguntan -a 12 puntos del Madrid y 10 del Atlético, clasificados para disputar la final de Copa y los cuartos en Europa- cómo es posible levantarse con tanta facilidad y salir de casa con la sonrisa puesta.

Porque si fuera al revés, si fuera el Real Madrid el que les hubiera borrado del mapa en una semana en Liga y Copa y en su casa, si fueran ellos los que asistieran a la posibilidad de que el máximo rival pudiera conseguir de nuevo un triplete, si se hubieran sentado tres entrenadores en el banquillo en una temporada, si les hubieran eliminado de la Champions, el ambiente sería irrespirable y, como mínimo, al presidente le habría caído ya una buena bronca cuando no una moción de censura.

Sí. Envidian a los madridistas porque presumen que así, siendo como son, deben vivir más felices, aunque al mismo tiempo se los miren como a los alienígenas octópodos de La llegada y sin una Amy Adams que les ayude a descifrar el enigma. Confieso que personalmente he desistido porque tampoco lo entiendo, debe ser que los años lejos de Madrid han hecho mella ya o que no bebo el mismo agua del grifo, pero me resulta imposible explicar el entusiasmo con el que se están tomando la pretemporada más larga de la historia. Y la temporada más corta.

No encuentro nada que sea motivo de celebración ni veo ninguna resurrección. El partido ante un Celta raquítico que parece carne de cañón de Segunda fue mediocre. Isco metió un gol y para de contar. Que a Bale le dé ahora por presionar e implicarse en tareas defensivas me da ganas de tirarle de las orejas en lugar de levantarme a aplaudirle. A Marcelo le sigo viendo igual. Igual de mal pese a los rasgueos rock de guitarra rock que vienen de serie. Y si Asensio es tan bueno ya lo podía haber demostrado antes. De los resucitados el único que no tiene ni un pero es Keylor Navas, que volvió a jugar lo mismo que cuando dejó de hacerlo, sin motivos y como un profesional.

La felizidane queda estupenda para una tarde de primavera adelantada en la capital, de terrazas llenas y bullicio en la calle, pero cuando apagan las luces, recogen las mesas, cierran el chiringuito y ya no te puedes pedir la última lo único que te queda es una chispa que por agradable que sea no te impide notar que se ha levantado un poco de fresco y que es mejor taparse. Porque aún estamos en marzo y cuando llegue el calorcito de verdad, allá por el fin de semana del 18 y 19 mayo, con la final de Copa en Sevilla el 25, o en el Wanda el 1 de junio con la de Champions, serán otros los que se emborrachen. Y con motivos de verdad para ser felices.

Periodista. Feminista. No me toques las palmas que me conozco. Optimista por obligación, sigo pensando que me tocará el Euromillón. 25 años de profesión. Empecé en Marca cubriendo el Madrid con Mendoza y me vine a Barcelona con el Barça de Laporta. He vivido más Copas de Europa que Gento. Y qué bien me lo paso aunque no haya visto nadar a Phelps o correr a Bolt en vivo y en directo. Canto fatal, pero no me rindo. Porque el que canta, su mal espanta.

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