¡Síguenos!

Feminismo

Si yo hubiera sido mujer

Para caer en la más patética demagogia no hace falta mucho esfuerzo, no tenemos más que observar a los políticos de turno, tan obsesionados, hoy más que nunca, por doblar el género de las expresiones neutras.

Me pareció una buena idea que los periodistas que formamos parte de A la Contra contáramos hoy, Día de la Mujer, qué habría sido de nosotros caso de haber sido mujeres los hombres y hombres las mujeres. Digo que me pareció una buena idea y no es verdad, porque sólo me pareció una ocurrencia singular y un buen ejercicio no exento de riesgos. Entendía que imaginar las desventajas o beneficios de haber nacido con otro sexo sería una buena manera de poner de manifiesto la desigualdad. Cuando trasladé el plan a la redacción, los chicos más jóvenes me miraron algo estupefactos y me explicaron que su vida no habría cambiado en absoluto en caso de ser mujeres, de manera que no sabían cómo afrontar el texto. No se lo dije, porque no conviene claudicar en público, pero me hicieron pensar que tal vez ellos están libres de los prejuicios por los que hoy se alza el grito y quizá mi petición les sonara tan extravagante como a mí ponerme en la piel de una sufragista.

La siguiente reflexión me la hizo una compañera. De inicio me llamó la atención por convocar un concurso de redacción el día que ellas pensaban ejercer la huelga. A continuación me hizo ver que disfrazarse ellas de hombres no era el modo más adecuado de afrontar la reivindicación. A los últimos argumentos ya atendí con las orejas rojas.

Como es fácil suponer mi claudicación se hizo pública y mi tozudez también. De hecho, aquí me hallo caminando sobre cáscaras de huevo. Para caer en la más patética demagogia no hace falta mucho esfuerzo, no tenemos más que observar a los políticos de turno, tan obsesionados, hoy más que nunca, por doblar el género de las expresiones neutras. La alternativa a la demagogia es una escalera estrecha y sin barandilla. El peligro de caer a un lado u otro (demasiado intenso o demasiado tibio) es tan alto que hay quienes prefieren mantenerse al margen. En esa situación están todos los hombres que hoy guardan silencio por prudencia o porque prefieren ceder el protagonismo a las mujeres, y que tristemente se confunden con los que están callados para disimular o por simple convicción machista.

Llegamos a este punto, convendría recordar que en la discriminación de género los hombres no somos el otro bando. El otro bando son los hombres o mujeres que perpetúan el sistema a través de una educación que sigue segregando, aunque cada vez lo haga en menor medida. La sociedad es el árbol torcido y para enderezar el tronco hay que actuar sobre la base del sistema, no sobre las ramas. Las cuotas, por ejemplo, no hacen más que legitimar el modelo machista, porque el machista se siente redimido con solo aplicarlas. Sé de lo que hablo porque lo he visto. No olviden que pertenezco al gremio de los periodistas deportivos, donde las mujeres (reporteras, redactoras, fotógrafas) han sido una exótica curiosidad hasta hace muy poco tiempo. No creo que haya muchos gremios que arrastren tantos tics del pasado.

El tratamiento del deporte femenino en los medios es una buena muestra de la consolidación de un sistema arcaico. Las mujeres solo ocupan las portadas en los casos de éxito, casi siempre con una cierta condescendencia y con muy poca naturalidad. Los hombres, sin embargo, son noticia en los éxitos, en los fracasos, en las vísperas y en los intermedios. Sólo la inversión publicitaria (concretamente de Iberdrola) estimula la consolidación de secciones fijas sobre deporte femenino que en los medios deportivos digitales (ya no en el papel, gracias al cielo) conviven con fotogalerías de erotismo mal disimulado que atienden al machismo más rancio.

La justificación (eterna) de los medios es la audiencia: sin audiencia no hay rentabilidad y sin rentabilidad no hay sostenibilidad. Y ya sabemos que hoy por hoy la expectación que despierta el deporte femenino es mínima en comparación con el masculino. Es cierto. Pero habría que plantearse los porqués. Parece muy lógico que después de un siglo de ostracismo, tanto el deporte femenino como su espectador potencial necesiten un impulso. Y esa reactivación no corresponde únicamente a Iberdrola que, gracias a Luis Gómez (entonces director de marca y reputación), decidió activar un patrocinio a largo plazo que privilegió la responsabilidad social sobre la rentabilidad inmediata. Del mismo modo que las empresas potencian sus políticas de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), los medios de comunicación deberían asumir su propia responsabilidad hacia la sociedad. Eso no significa transformarse en una ONG, como ya estarán pensando los más cínicos. En este caso, y pocas veces ocurre, la justicia social y la rentabilidad van de la mano, lo comprendió bien Iberdrola. La audiencia que viene buscará en los medios la misma vinculación sentimental que tiene con sus marcas de referencia. El concepto de lector/cliente está evolucionando hasta alcanzar la categoría de accionista emocional. El consumo ya no es solo una necesidad básica, sino una elección que nos define.

La misma conciencia social que reclamo para los medios la espero de los clubes deportivos y también de los deportistas. Esta misma semana, los compañeros de la SER han anunciado que el Real Madrid parece decidido, por fin, a crear un equipo de fútbol femenino. La noticia es extraordinaria, aunque llegue con retraso, porque multiplicará el interés por la liga y por la práctica deportiva. Al mismo tiempo, se atenderá a una enorme masa social que en un porcentaje que desconozco, pero no será menor, está formada por mujeres. Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí una reacción contraria en las redes sociales. Para los más fanáticos, la irrupción del Real Madrid no es una oportunidad, sino la invasión de un viejo enemigo. Estos ataques de ira nos demuestran dos cosas: no hay tregua en la rivalidad futbolera y hay muchas maneras de ser machista.

Si yo hubiera nacido mujer lo más probable es que no hubiera sentido el menor interés por el fútbol y el deporte en general, simplemente porque no habrían estado en mi área de influencia, ni entre las costumbres de mi entorno. Supongo que ese tiempo vacante lo habría empleado en leer más, lo que habría mejorado mi formación y templado mi espíritu. Quizá hubiera cursado la carrera de periodismo porque es la edad la que nos hace inconscientes y temerarios, no el género. El resto es imposible aventurarlo. Seguramente nunca habría ocupado la subdirección de un periódico y quizá nunca me hubieran despedido. Tampoco me imagino montando un medio digital sin más recursos que la ilusión propia y la de un grupo de jóvenes desprejuiciados. Eso sí, de haberlo hecho, el nombre habría sido el mismo: A La Contra.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Feminismo

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies