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El Real Madrid prueba su propia medicina

El Fenerbahce tumba al Madrid (65-63) con un tremendo dos más uno de Datome en los últimos instantes del encuentro. El Real Madrid perdió en Turquía un partido que rozó con la punta de los dedos.

Era un partido especial por muchos motivos. Fenerbahce y Real Madrid volvieron a verse las caras después de la final de Euroliga de Belgrado de la temporada pasada. Pero eso ya es parte del pasado (que se lo digan a Doncic…) y la actualidad estaba encima de la mesa. Turcos y españoles se jugaban la primera plaza del grupo en el día en el que el legendario Zeljko Obradovic cumplió 400 partidos al frente de Fenerbahce. El técnico serbio celebró su aniversario de la mejor forma. Su club le regaló una victoria épica por 65 a 63.

Durante el primer cuarto del encuentro sólo vimos a un equipo: el que viste de amarillo y negro. El Fenerbahce fue una maquinaria perfecta que se sincronizó como las agujas de un reloj suizo. Enfrente estaba un Real Madrid que regaló los diez primeros minutos. Los de Pablo Laso fueron espectadores de lujo al recital defensivo de los de Obradovic, que estuvieron más intensos en todos los sentidos del juego. Los turcos se pusieron el mono de trabajo y se hicieron fuertes en los rebotes. Lo único que los aficionados madridistas pudieron llevarse a la boca en este tiempo fue el espectacular mate de Anthony Randolph.

Si el primer cuarto fue del Fenerbahce, el segundo fue claramente del Real Madrid. La balanza se equilibró hasta el punto de que los blancos se fueron al descanso con el marcador igualado. Para remontar los diez puntos de desventaja, Laso removió la coctelera y dio entrada a Walter Tavares. El pivot caboverdiano tenía la misión de frenar el poderío de los locales en el juego interior. Rudy Fernández comandó la resurrección merengue a base triples. Tres, en concreto. La superioridad turca en los rebotes se igualó y, con eso, también el resultado. La reacción del Real Madrid fue la de las grandes noches. Todo estaba por decidirse en el Ulker Sports Hall de Estambul.

El tercer cuarto fue el comienzo, ya no de la segunda mitad, sino de un nuevo partido. Se notó en los dos equipos, en el ritmo bajo. Randolph se picó consigo mismo y firmó un mate todavía más increíble que el de la primera mitad. También asistimos a la recuperación de Gustavo Ayón para la causa. Una canasta del mexicano y otra de Llul sirvieron para que el conjunto blanco se pusiera por delante por primera vez desde los instantes iniciales del encuentro. Las cosas parecieron torcerse con la expulsión del menorquín, que sufrió su segunda antideportiva por lanzar el balón al protestar una acción. El Fenerbahce se creció y se marchó al último cuarto con cuatro puntos de ventaja.

El campeón de Europa se recompuso de sus penas y marcó ventaja de nuevo gracias a la aportación de los Randolph, Tavares o Rudy. Para destacar en los resúmenes, la canasta que se inventó Facundo Campazzo. Sin embargo, los locales, empujados por su gente, se resistían a caer. Guduric, de tres, y Vesely, completamente sólo, condenaron a los aficionados merengues a morderse las uñas. Este Fenerbahce de Obradovic son palabras mayores. Luigi Datome, uno de los hombres del partido, forzó el dos más uno tras una jugada de pura magia italiana.  El Real Madrid lo tuvo cerca, pero esta noche probó de la misma medicina que tantas veces aplicó a sus rivales europeos. A los vigentes campeones se les escapó la victoria en el último suspiro.

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