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Internacional

Que sea lunes

O la previa de un fin de semana tétrico en Italia.

La idea era la siguiente: después de la carrera de Mónaco, podría desayunar con calma, leer la prensa, pasar tiempo con mi familia. Un domingo placentero, ideal, arrullado por el húmedo frío limeño que por fin se ha asentado en la ciudad. Ni siquiera el café impediría que me fuera quedando dormido, posiblemente recordando, ya en duermevela, cómo los Mercedes volvieron a dominar las pistas, cómo Ferrari sigue decepcionando, y soñando con que algún día estaré ahí, estaremos todos ahí, escuchando el rugir de los motores en vivo y en directo.

Pero nada de eso pasará. Es decir, seguro que Hamilton y Bottas harán el 1-2, eso sí que pasará, pero no habrá placer, ni suficiente frío para adormecer a esta alma que estará hirviendo de nervios. Ni habrá familia que me aguante o a la que tolere. No, nada de eso.

El domingo se definirán muchas cosas en el fútbol italiano y, más allá de la emoción propia de estas instancias, este servidor estará pasándola peor de lo que esperaba. La Fiorentina, esa adicción mía tan pública como nociva, se jugará toda la temporada en un partido que no tendría que haber importado. Después de quince partidos sin ganar, el equipo violeta corre el riesgo de descender a la segunda división desde donde surgió en el 2004 para consolidarse en la Serie A.

Han sido unos meses grotescos, realmente, en los que el equipo ha deambulado sin rumbo, como borracho o sonámbulo, esperando que se termine la temporada para poder empezar de nuevo. El 2019 empezaba bien, con una victoria estrepitosa sobre la Roma (7-1) en Coppa Italia, y con las chances intactas de clasificar a la Europa League, el objetivo desde inicios del curso. Pero todo se desmoronó, en buena medida por la inestabilidad institucional –el club está en venta hace más de un año-, por el despido del entrenador y por el inexistente fondo de armario de la plantilla.

Los problemas de la Fiorentina ya fueron abordados en este espacio y no tiene sentido volver a ellos: lo único que importa es un partido. Como dijeron los Della Valle, dueños del equipo, la actualidad de la Fiore será evaluada un minuto después del pitazo final del partido del domingo frente al Genoa, que también se juega la vida. El equipo genovés, que sería el último descendido de terminar así la liga, tiene que ganar en Florencia y esperar que se dé una serie de resultados improbables para salvarse de la Serie B. A la Fiorentina, por su parte, le bastará con un empate. De perder, los de Montella deberán esperar que el Empoli no sorprenda al Inter en San Siro (el cuadro de Spalletti se juega su clasificación a la Champions) para mantenerse en la máxima categoría.

Algo tiene que quedar claro: que la Fiorentina descienda sería catastrófico, no solo teniendo en cuenta el comienzo de temporada y la calidad de algunos de sus jugadores (Federico Chiesa, Jordan Veretout, Luis Muriel y Germán Pezzela conforman una columna vertebral a priori bastante sólida), sino también porque la combinación de resultados que lo permitiría es sumamente improbable. A estas alturas, sin embargo, suele suceder que las peores pesadillas se hacen realidad, por más lejanas que parezcan.

Por otro lado, la lucha por disputar la Champions será apasionante: el excelente Atalanta, el Inter y el Milán competirán por dos puestos, mientras que la Roma podría colarse de conseguir un resultado sumamente abultado. No hay excusas para despegarse del televisor este domingo…

Salvo que usted sea hincha de alguno de los equipos que se juegan el descenso. En ese caso, recomendaría salir a comer con la familia, disfrutar de la primavera europea o del otoño sudamericano, tomar de la mano a su pareja, jugar con sus hijos, dormir al sol o bajo el cielo panzadeburro limeño, pero en ningún caso encender la televisión. Lo que logrará con eso es perder varios años y pintar varias canas.

En mi caso, lucharé contra el sentido de responsabilidad que me acompaña cuando juega ese torpe y lejano equipo que por algún misterio he hecho mío y que me ha traído muchas más tristezas que alegrías. Pero perderé la batalla. Ahí estaré, frente a la TV, esperando que se acabe el domingo y que sea por fin lunes. Y que todo vuelva a empezar de nuevo.

Periodista y defensa central que no le teme al choque, salvo el que le planteó la realidad. Entrenador top en Football Manager. Lejano y solitario aficionado de la Fiorentina gracias a un melenudo llamado Gabriel Omar. Vive el fútbol como su país le enseñó: con taquicardia y el ceño fruncido. Trabajó en AS durante un año y ahora está de vuelta en Lima, su ciudad, donde escribe para una revista local, y desde donde intentará contarnos qué pasa en esas latitudes (o cómo se ve desde allí el otro lado del mundo).

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